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Cajón de Reciclaje

Crisis Económica



nemo




















Prefacio

Por editar.

jueves, 30 de mayo de 2013




Sobre la crisis económica de Occidente


Hemos vivido en occidente décadas de bonanza económica. Si hubiésemos estado ausentes estos tres últimos años, los años en los que nos estamos enfrentando a la crisis económica, al volver se nos diría que se había producido una crisis económica. Lo primero que pensaríamos es que no resultará difícil salir de ella ya que las empresas, tras estas décadas de actividad económica floreciente, con una población trabajando a plena capacidad, contarán con una estructura empresarial fuerte, capaz de afrontar la crisis.

También se nos dirá que la responsabilidad de la crisis está en el grado de endeudamiento de las familias, que han sido las familias las que han causado la crisis, que se ha vivido por encima de las posibilidades. Seguiríamos pensando en la presumible fortaleza de las empresas durante esas décadas, en el producto del trabajo de esas décadas, y tampoco dudaríamos de la solvencia de los poderes públicos tras esas décadas donde la actividad económica posibilitó una alta y sostenida recaudación.

Se volvería a hablar de la imprudencia de las familias que se han comprado casa y coche a plazos, que se han endeudado por encima de sus posibilidades.

Esta crisis va a pasar, la sociedad, por encima de nuestros dirigentes, mantenemos unas estructuras de solidaridad que posibilitan que, no sin sufrimiento, no sin que muchos ciudadanos y muchas familias caigan en la marginalidad, recurriendo al apoyo familiar, de amigos, vecinos y organizaciones humanitarias, el 25% de la sociedad no se encuentre en la indigencia. Esto, no sin sufrimiento y sin dolor, no sin que muchas familias hayan perdido su patrimonio, modesto patrimonio, conseguido con años de trabajo. Y mientras grandes empresas y entidades bancarias reciben subvenciones, pequeñas empresas, negocios familiares, que tienen que competir en el mismo mercado de esas grandes empresas, ya en tiempos de normalidad economica en una competencia desigual, sobreviven igualmente comprometiendo su patrimonio personal y resignándose a mantenerse con unos ingresos de supervivencia para evitar cerrar sus negocios. Los gobiernos, los sindicatos, los legisladores se preocupan cuando se ven sorprendidos por el riesgo de pérdida de empleo de cientos de trabajadores de una gran empresa, pero no dudan en legislar contra los intereses de los pequeños empresarios, aunque sus decisiones supongan la pérdida de miles de empleos. Son los que comen en la misma mesa los que debaten sobre la crisis, sobre sus responsables y sus causas y sobre cómo salir de ella.

El tejido social lo mantenemos las familias y las pequeñas empresas y vamos a ser las familias y van a ser las pequeñas empresas las que saquen a las sociedades occidentales de su crisis. Esforzándose y sacrificándose, aguantando los palos que les van a propiciar sus dirigentes. En forma de recorte de prestaciones, de despidos, de empequeñecer la economía pública. Y en forma de agravios, descargando sobre la sociedad la responsabilidad de la crisis, asistiendo a la impunidad de quienes la han producido y a su enriquecimiento.

Es cierto que tras la crisis, familias no podrán afrontar sus compromisos, pero esto con un altísimo coste para ellas mismas, sin que hayan sido ellas las responsables de su insolvencia. Los ciudadanos, por la cuanta que nos tiene, somos buenos pagadores, porque, en el caso de una hipoteca, perdemos la vivienda. Y en condiciones de normalidad económica, cuando los ciudadanos firmaron sus hipotecas y los bancos se las concedieron, se firmaron sin ningún riesgo para los bancos. Es una leyenda urbana eso de que los bancos no son inmobiliarias y no les interesa quedarse con un piso cuando se produce un impago. Que esa es una leyenda interesada para desviar la atención y oscurecer una línea de negocios que los bancos practicaron en esos tiempos de normalidad económica, con prácticas de usura y usurpación de bienes, devaluando el valor de estos bienes hasta el punto que al final del proceso el bien estaba tan devaluado que no cubría la deuda y el banco seguía persiguiendo al cliente y a sus avalistas.

Es cierto que lo ideal para una entidad financiera es que los créditos que concede se cubran en su plazo, que esto facilita la gestión y clarifica el negocio, pero es también cierto que es imposible gestionar una entidad financiera sin que se produzca morosidad. Y es también ciento que estas entidades vieron en esta morosidad otra vía para aumentar sus beneficios y gestionar un producto, el bien embargado, muy atractivo. Que tasaron y probablemente sigan tasando a precios abusivos todos los trámites que conducen a la liquidación del bien embargado; con el resultado de que al final del proceso en valor del bien es residual, no cubriendo en la mayoría de los casos en grueso de la deuda, deuda que aparecerá en los libros de contabilidad de estas entidades como pérdidas, pero una deuda que quedó sobradamente restituida durante el proceso, quizá diseminada en honorarios a empresas de servicios externos y beneficiarios que probablemente no sean el propio banco.

En este artículo utilizo trazos gruesos para dar mi opinión sobre la crisis, sus causas y cómo nuestros dirigentes van a afrontarla procurando el menor riego para los que la produjeron, procurando preservar sus patrimonios y su honorabilidad. Esto no es posible resumirlo en un artículo si no es a trazos gruesos. Y a eso se une mi falta de formación. No tengo ni idea de economía, jamás he leído un libro de economía, nunca he prestado atención a temas económicos y no tengo ningún título académico, ni siquiera el certificado de estudios primarios. Pero no es necesario ningún título para denunciar que desviar la responsabilidad de la crisis hacia los ciudadanos es una forma de encubrir a los auténticos responsables. Unos responsables que saldrán de la crisis fortalecidos en sus convicciones, con muy pocas cortapisas para que continúen con sus negocios fraudulentos y pasadas unas décadas, cuando la sociedad haya logrado recobrar la normalidad, se encuentre con otra nueva crisis producida por los mismos, quizá mediante prácticas más oscuras, que para eso les servirá la crisis, para aprender a oscurecer aún más sus prácticas.

Se dice que han sido "prácticas arriesgadas", que se les ha exigido a los directivos de las entidades financieras unos objetivos que les obligó a asumir estos riesgos. Se habla de "activos tóxicos". ¿Qué es un activo tóxico?, ¿qué tiene que ver la Biología con la Economía? Se trata de responsabilizar, más allá de a las propias familias, a algunos empleados que defraudaron la confianza de las entidades. Probablemente la crisis se salde con el proceso judicial contra no más de media docena de personas (en mi país, en España, ningún responsable, ninguna investigación, ningún proceso, todo nos viene de fuera). Se habla de ingeniería financiera, de paraísos fiscales y se nos intenta trasladar a los ciudadanos la idea de que la complejidad de la Economía hace imposible prever estas crisis, que sería muy difícil evitar prácticas fraudulentas, que son los paraísos fiscales los responsables de que no se pueda perseguir a estos defraudadores y que debemos apelar a la Ética de aquellos que dirigen las entidades financieras para minimizar estos casos.

Desde mi ignorancia en economía, pienso que existen mecanismos que permiten prevenir el fraude, y más allá, perseguirlo. Y no me parece que estas medidas sean de una complejidad que hayan impedido ponerlas en práctica. Y pienso que también existen los mecanismos legales para que una vez descubierto el fraude, pueda ser perseguido.

Empezaré por lo segundo: si los ladrones de autoradios dispusieran de las mismas garantías, si se les aplicase la presunción de inocencia en los términos que se aplica a los defraudadores de mesa de tres juegos de cubiertos, no sería posible condenar a ninguno. La presunción de inocencia puede llegar hasta el infinito, no es una entidad que pueda objetivarse; siempre, por muy probados que parezcan los delitos, existirá la posibilidad de que se hayas sobrevalorado las pruebas, nunca se tendrá la certeza de que estas pruebas sean auténticas, tampoco se podrá objetivar el valor de los testimonios. La figura del juez es fundamental, es el juez el que contando con un marco legal da valor a las pruebas y marca el límite a la presunción de inocencia. Si el juez no cuenta con un marco legal justo, aplicará la ley, pero no se desprenderá justicia de sus sentencias. Y si el juez no es ecuánime a la hora de valorar las pruebas, si no aplica con ecuanimidad el principio de presunción de inocencia, tampoco administrará justicia. Siempre se ha dicho que el código penal se ha hecho para los pobres y el código civil para los ricos, no pasa de ser un dicho. Pero tengo la sensación que la legislación, el marco legal al que tienen que atenerse los jueces para juzgar los delitos, no es el mismo para unos que para otros, y que la presunción de inocencia tiene un valor distinto y se llega o no hasta determinados extremos dependiendo del delito y del encausado. Y tengo esta sensación porque en la cárcel hay muchos rateros y muy pocos corruptos y ladrones de guante blanco. Y el perjuicio que ocasionan estos últimos es muy superior al que causan los primeros, y la actual Historia debería servirnos. Y sin una legislación que permita perseguir estos delitos y una ecuanimidad a la hora de juzgar estos delitos, las sociedades están indefensas, porque los delitos se cometerán al amparo de la impunidad. Pero, y esto es una frase hecha que repito siempre que sale el tema de la corrupción o este tipo de delitos: "Los ladrones de coches no van a legislar contra los intereses de los ladrones de coches", y puede parecer una frase dura, pero me sirve para visualizar en esa simple frase la raíz del problema. Y los jueces, los jueces que juzgan estos casos, por su posición social, por el círculo de amistades que frecuentan, se identifican, sienten empatía por estos delincuentes; porque visten como ellos, tienen una familia como ellos, incluso pueden compartir amistades e incluso haber colaborado en trabajos profesionales. Ven a estas personas y consideran que padres de familia honorables como ellos mismos, por un error no deberían pasar por el trago de la cárcel, que podría contribuir con su sentencia a la ruina de una familia. Y el raterillo, que ni viste ni habla como él, integrante de una familia desestructurada, sin oficio ni beneficio, con el delito perfectamente probado, lo mejor es que esté en la cárcel para que no vuelva a delinquir. Podría estar equivocado, pero sería reconocer que no existe ni la corrupción ni el fraude de altos vuelos. Y que conste que apoyaría cualquier iniciativa que condujera a que la cárcel fuese una media última y poco frecuente, pero ¿por qué no empezamos por los que siempre van y han ido a la cárcel, por delitos menores, con costes menores para la sociedad?

Y la legislación económica, al menos en mi país, España, se está convirtiendo en una legislación de doble código, con mayores controles sobre los ciudadanos y ninguno sobre los capitales. Y este control al que nos vemos sometidos los ciudadanos debería servir de experiencia: retirarlo si no es efectivo, o aplicarlo a los capitales si lo es. Cuando ingreso en mi banco más de tres mil euros el banco tiene la obligación de comunicar a Hacienda este ingreso. No es un mecanismo muy complejo, pero sí me parece que es efectivo; porque si se descubren irregularidades en mis obligaciones con Hacienda, esta solo tiene que recuperar los apuntes y conocer los ingresos que no haya declarado.

Somos más ciudadanos que empresas, grandes empresas que muevan capitales de un banco a otro, y parece que estamos en un Mundo globalizado, y se puede disponer de macanismos para que las empresas declaren los motivos por los que el dinero pasa de bancos situados en países que suscriban convenios de lucha contra el fraude a los paraísos fiscales que no los suscriban. Es un simple apunte, una cadena de apuntes de las transacciones que se realicen en los países que no solo hablen de acabar con la corrupción sino que también actúen en ese sentido. Y cuando el dinero se desvíe a paraísos fiscales, países que no sigan la cadena de apuntes, obligación de justificar esa transacción; igualmente, obligación de justificar la procedencia de aquel dinero que salga de esos paraisos fiscales. A mí no me parece tan difícil, ya digo que soy lego, y se podría arrancar con los países que mostrasen ese interés, y que los ciudadanos conociésemos hasta que punto nuestros dirigentes están comprometidos con la lucha contra el fraude. Que no es un gran paso, pero que sería uno primero, que no se ha dado ninguno.

Pero soy lego, seguro que hay muchos inconvenientes, e intuyo que el fundamental es que la gran mayoría del tráfico de capitales entre países es opaco, que la economía mundial está sustentada por estos capitales de dudosa procedencia y los países están sometidos a la extorsión de estos delincuentes. Probablemente la primera industria en resentirse sería la armamentística. Y es esa dificultad que con seguridad verán los economistas, por la que recomendarán su no aplicación, es por lo que como ciudadano yo sí estoy interesado en que se aplique. Porque si para ellos es el gran volumen de estos trasiegos lo que la desaconseja, a mí es lo que me lleva a pedir que sea prioritario acabar con ese trasiego. Porque las medidas invocando a la prudencia y la Ética son papel mojado, son delincuentes. Y simplemente ponerles piedras en el camino, que ya es humillante que nuestros países se limiten a procurar entorpecer actividades delictivas, solo conseguirá que sean más apreciados los especialistas en ingeniería financiera.

Que las empresas después de décadas de bonanza económica, funcionando a pleno rendimiento se encuentren endeudadas no puede deberse a la mala gestión, porque no son casos aislados sino que responde a la tónica general. Mi opinión es que se ha utilizado a las empresas para el enriquecimiento personal. Y señalo directamente a sus consejos de administración; porque, con seguridad, han sido estos consejos los que han articulado los mecanismos para mantener a las empresas descapitalizadas, con los mínimos recursos imprescindibles para su funcionamiento y un nivel de endeudamiento que difícilmente podían soportar, incluso en tiempos de bonanza económica. Y han sido estos consejos los que han catalizado la salida de capital, a través de la auto remuneración de sus miembros y a través de operaciones fraudulentas. Y estos casos con seguridad se han dado, consejos de administración que se han aprovechado de su posición en la empresa para enriquecerse. Estaría por ver en qué proporción, hasta qué punto están extendidas estas malas prácticas, yo mismo caigo en los eufemismos, rectifico, hasta qué punto están extendidas estas prácticas delictivas, porque el fraude de los administradores no es un delito nuevo, es un delito que se contempla en el código penal (pienso que en el penal), al menos en el código penal de mi país, y pienso que probablemente en el de la gran mayoría de los países, porque es un delito frecuente. Pero nos encontramos con un problema, pasados cuatro años de destaparse la crisis no se conoce, los ciudadanos no conocemos que se haya dado un caso, un caso en concreto no más, de este tipo de delito. Sabemos, no directamente, sí porque conocemos que las empresas están pasado por dificultades, que en algunos casos reciben subvenciones del Estado, que están descapitalizadas, también sabemos de la arbitrariedad de las retribuciones de los miembros de los consejos de administración, no porque se denuncie, sino porque el conocimiento de algunos casos se hace noticia por lo escandaloso, pero ni sabemos que lo uno guarde relación con lo otro, ni que esto otro, las retribuciones de los consejos de administración, sean realmente escandalosas. Y pudiera ocurrir que no se hubiese producido ningún caso de estos delitos, esto es, el delito de enriquecimiento de los administradores a costa de la empresa administrada. Solo esto justificaría que no se haya llevado ante los tribunales a ningún administrador, porque el delito existe, está contemplado en la legislación y existen los mecanismos legales para que la sociedad nos defendamos de estos delincuentes. De no ser así, de existir sospechas sobre casos de enriquecimiento de administradores a costa de las empresas que administran, el no haberse actuado es una dejación de funciones de la Justicia y de los organismos competentes en estos casos; porque una investigación podría conducir a descubrir los mecanismos que utilizarían estos delincuentes, que la auto remuneración, pienso que sería la punta de iceberg.

Nuevamente la sociedad está indefensa por ignorancia, porque la no persecución del delito nos mantiene en la ignorancia, nos desautoriza, incluso, a protestar por estos delitos, porque ni siquiera podríamos asegurar que se dan este tipo de delito.

Ahora me toca hablar del tema central de la crisis, el sistema financiero. Las empresas tienen un activo y un pasivo. Una empresa con un pasivo superior al activo significa que debe más que lo que tiene, que sus acreedores no se podrían cobrar lo que se les debe porque el valor de la deuda es superior al total de los bienes de esa empresa, son sociedades anónimas y no se podría ir más allá, se podría dar el caso que enterados los consejeros que se va a reclamar la deuda, se asignasen esa misma noche una retribución que descapitalizase aún más la empresa y engordase su patrimonio personal, que no podrían los acreedores ir a por el patrimonio de estos administradores, habría que actuar por la vía penal, acusarles de fraude, cosa que no se da o no es normal que se dé. Probablemente esos acreedores sean entidades financieras y probablemente, convenientemente maquillada la deuda, pase a formar parte de esos denominados activos tóxicos. Y lo normal sería esto, que el activo cubra el pasivo, porque lo contrario es una entelequia, y que las entidades financieras no presten dinero a una empresa cuyo activo no pueda hacer frente a la deuda, y sé que estoy contradiciendo la práctica económica actual, y sé que en casos, saltarse ese requisito supone dinamizar la Economía y apostar por la iniciativa de empresas para acometer proyectos de largo alcance; pero pienso que es esta práctica la que también hace posible las operaciones de ingeniería financiera. Porque nada impide que se constituyan empresas fantasmas que desaparezcan una vez conseguido el crédito, que los administradores de empresas las descapitalizen y basen su funcionamiento en el endeudamiento, que la sociedad, pasados los años, no viva en una economía real sino en una entelequia que se mantiene en equilibrio porque todos miran hacia otro lado, eso que se llama confianza, confianza en las empresas, confianza en las entidades bancarias.

Un banco, igual que una empresa tiene un activo y un pasivo. El activo son sus bienes inmobiliarios y los valores que pueda gestionar, sus bienes en general. Y tiene un pasivo que es nuestro dinero, el dinero que les confiamos para que nos lo gestionen. La labor del banquero puede ser una labor honorable que presta un servicio, que es beneficiosa para el que deposita en él su dinero y para la sociedad a través de la gestión de ese dinero que depositamos. Pero es un negocio más delicado que otro tipo de empresa, porque si las prácticas de descapitalización practicadas en empresas se llevan a cabo, igualmente, en las entidades bancarias, la descapitalización de un banco significa que el dinero que le entregamos para su custodia por una ventanilla, sale por la otra.

Y esto lo saben las autoridades y por eso los controles sobre las entidades financieras. Y las entidades financieras, sus consejos de administración han estado jugando con el dinero de los ciudadanos al juego de la pirámide, y no se puede decir que se haya obrado de buena fe, porque se han articulado mecanismos para escapar de estos controles. Los activos tóxicos son el eufemismo de activos fraudulentos; porque una acción, un paquete de valores, la emisión de unas obligaciones, no pueden contaminar o intoxicar a otros valores o a otras acciones, que sería el traslado del término biológico a la actividad financiera. Si un valor es sólido lo es per se y si un activo es fraudulento también lo es per se; y si en mil lotes de activos existe un lote fraudulento, habrá novecientos noventa y nueve activos sólidos y un activo fraudulento. Si bien es verdad que si hay novecientos noventa y nueve activos fraudulentos, poco sirve que exista un activo que no lo sea. Nuevamente el lenguaje nos conduce a pensar que unas prácticas minoritarias, ya no delictivas, simplemente irregulares, han contaminado el grueso del tejido financiero de los países.

Esto sí que va en trazos gruesos, porque eso de la ingeniería financiera sí es en verdad complicado, y debe de serlo para no dejar rastro, y en la siguiente caricatura se podrían rastrear los delitos con cierta facilidad.

Las entidades financieras han estado jugando a intercambiarse cromos, a descapitalizar sus entidades ocultando su descapitalización. El origen lo podemos marcar en un cuñado, un cuñado abre una empresa que recibe un crédito y la empresa desaparece justo después de habérsele concedido el crédito. El crédito permanece en la entidad como un activo, es un dinero que terminará devolviéndose, ni siquiera nadie tiene por qué saber que la empresa lleva tiempo cerrada, aunque si la empresa continúa abierta, incluso si la empresa no ha tenido que constituirse como nueva empresa sino que ya existía, el proceso se puede manejar con más facilidad.

Esto vale por un tiempo, y no es el único caso, que una empresa morosa en la estructura de una entidad bancaria no repercute en la cuenta de resultados, con el paso del tiempo se han dado prestamos, se han realizado operaciones de dudosa legalidad, se han convertido estos y otros muchos casos en una parte sustancial del negocio. Cada cierto tiempo hay que pasar auditorías, y activos que son impagos de imposible cobro no pasan la auditoría. Pero si yo compro unos activos a una entidad financiera que yo y esa entidad financiera sabemos que son papel mojado, si yo también vendo a esa entidad financiera activos que también ambos sabemos que son papel mojado, si yo se los vendo por diez mil millones de euros y también compro los suyos por diez mil millones de euros, él y yo asentamos en nuestra contabilidad un activo de diez mil millones de euros que pasará las auditorias durante algún tiempo.

Y llega el día que comienzan a aflorar estas prácticas, y ya los bancos no admiten activos de otros bancos, indiscriminadamente recelan de los activos de cualquier banco. Y se dice que es que se han perdido la confianza, esto es, que al aflorar casos de estas prácticas los bancos ya no se fían los unos de los otros. Y no es que se haya perdido la confianza, es que saben que seguir intercambiado cromos, una vez ha aflorado esta práctica, los va a dejar en la base de la pirámide, que no van a tener posibilidad de endosar más tarde esos activos.

Tampoco los ciudadanos sabemos que se hayan dado estas prácticas, ni siquiera tenemos derecho a recelar de la honorabilidad de nuestros banqueros, tan solo de algunos empleados deshonestos y algún rara avis que enseguida que ha sido procesado se le ha despojado de la condición de banquero, o se le considera una excepción.

La crisis se va a saldar con la honorabilidad de quienes la han provocado incólume, administrando empresas y entidades financieras como lo venían haciendo, recibiendo subvenciones para afrontar lo delicado de la situación, y reanudaran las mismas o parecidas prácticas cuando pase el chaparón y eso sí, se nos recomendará a los ciudadanos que seamos más prudentes y que no nos endeudemos por encima de nuestras posibilidades.

¿Y cómo se está afrontando esta crisis? En mi opinión descargándola sobre los hombros de los ciudadanos, primando los intereses de empresas y entidades bancarias, subvencionándolas y restringiendo el endeudamiento público a su favor.

El endeudamiento público puede servir para generar economía y que no se noten tanto los efectos de la crisis; se puede hacer un estudio de los sectores con más posibilidades de proyección y apoyarlos, mejorar infraestructuras que faciliten la expansión de las empresas, focalizar esfuerzos donde se vean posibilidades de reactivación económica, ejercer acciones que ayuden a las empresas en su conjunto y dinamicen la economía. Hacer frente a la crisis con un endeudamiento elevado significa que los costos de la crisis serán menores y que pasada la crisis tendremos que equilibrar nuestra economía haciendo frente a ese endeudamiento. Pero el dinero no surge de forma espontánea, no podemos imaginar una situación en la que si se necesita una determinada cantidad de dinero esta esté ahí, el dinero es el que hay, y los Estados no pueden fabricarlo a su conveniencia. Podemos imaginarlo como un pastel, si alguien toma una porción de ese pastel condiciona la parte que otro pueda comerse. Y si el Estado se endeuda desmedidamente tomándose la mayor parte del pastel, otros agentes económicos van a pasar dificultades. Puede decirse que es subjetivo si los países se están endeudando mucho, poco, lo suficiente o demasiado. Si el Estado se endeuda poco esto va en beneficio de entidades financieras y empresas que se verán con una mayor porción del pastel. Y aquí dejo a cada uno que según su criterio decida lo uno o lo otro, y podemos valernos para esa valoración de la comparación de dos cantidades: el endeudamiento que se permiten los Estados a sí mismos y el endeudamiento que permiten a entidades financieras y empresas, sabiendo que el endeudamiento público (bien gestionado) redunda en beneficio de la ciudadanía en su conjunto y el endeudamiento de entidades financieras y empresas en beneficio de estas entidades y empresas.

Toca al estado del bienestar, qué pesado estoy con esto del lenguaje, pero a mí hablar de estado del bienestar en un mundo en el que el bienestar es un lujo que muy pocos alcanzan, me parece casi ofensivo hacia esa mayoría de personas que mal viven en la miseria. Para mí, el estado del bienestar lo asimilo más a la posibilidad de cambiar de coche cada cuatro años en lugar de cada cinco; lo otro, los hospitales, la enseñanza, las prestaciones por desempleo, la pensión por jubilación,... lo considero estructuras que los ciudadanos hemos logrado construir con lucha y esfuerzo, que se benefician de ellas toda la población de manera solidaria, independientemente de que unos puedan y otros no contribuir a la caja común, que se procura distribuir con equidad, que los que hoy reciben la paga de jubilación contribuyeron a que otros antes que ellos tuvieran esa paga, y que son los que hoy están activos los que están contribuyendo a que la reciban nuestros actuales jubilados. En el caso de los servicios asistenciales está clara su función social y su sentido solidario. Este es el estado del bienestar que siempre sale a colación cuando hay que restringir gastos, cuando hay que equilibrar presupuestos, esto es lo prescindible. Y no voy a entrar en los sectores en los que se podría recortar gastos o en los gastos innecesarios o lujosos que se podrían suprimir. Me vale la partida absorbida por la corrupción.

En tiempos de crisis se da por hecho que se pueden reducir los servicios a los que todos accedemos y se da por hecho que la corrupción es un mal que está ahí y que nada se puede hacer contra ella, de hecho nada se hace. Me arriesgo a asegurar, sin ningún dato, porque no existen, que los recortes que se pudieran hacer y que se hacen en servicios comunitarios, no suponen ni el diez por ciento del dinero que defraudan los corruptos, que una reducción de la corrupción en un diez por ciento equivaldría a los posibles tijeretezos que se puedan dan a los servicios comunitarios.

Tampoco sabemos que haya corrupción, al menos muy pocos son procesados y condenados por corrupción, tampoco aquí estamos los ciudadanos autorizados para hablar de corrupción y menos de corrupción generalizada.

Y termino con unos apuntes, apuntes de lego, sobre el detonante de la crisis, la burbuja inmobiliaria.

Una burbuja que se ha dejado inflar y que se ha favorecido que se infle. Que es una burbuja especulativa, que nada tiene que ver con la construcción ni con los deseos de los ciudadanos de adquirir una vivienda, que la solución tampoco está en el alquiler, como nos quieren hacer ver desde los medios de comunicación, probablemente aquellos que tienen en propiedad tres o cuatro viviendas. Probablemente, los esfuerzos que en su día hicieron muchas familias para adquirir una vivienda sea lo que las libre hoy de caer en la indigencia.

La vivienda es un bien necesario y los especuladores lo han encontrado propicio para la especulación. El precio de la vivienda no lo fija la construcción, los costos de su construcción sumándoles un margen de beneficio para el constructor. El precio de la vivienda lo fija las posibilidades económicas de las parejas, principalmente las parejas que acceden a su primera vivienda. Y se tasa en la letra que pueden pagar al mes. Se calcula el precio final de la vivienda multiplicando la letra mensual que pueden pagar los que compran una vivienda, por el número de años a los que se conceden las hipotecas. Por eso fue una temeridad permitir que las hipotecas se firmaran a cuarenta años, hipotecando de por vida a sus compradores y posibilitando que subiera el precio de las viviendas, y con ello las ganancias de los especuladores; porque esto facilitó la subida del suelo, en manos de estos especuladores.

Y no habría sido apropiado que se flexibilizaran las nomas de construcción, estoy hablando de mi país, España, que hubiesen reducido, como ya estaba prácticamente acordado, los metros cuadrados mínimos de una vivienda, porque se habrían puesto en el mercado cajas de cerillas que en muy pocos meses habrían adquirido el precio de una vivienda.

En esos tiempos la burbuja se podría haber contenido, principalmente no permitiendo plazos tan largos en las hipotecas, pero también habría habido un medio de sustraer a los especuladores parte de sus beneficios: se podría haber legislado mejorando la calidad de las viviendas, que las especificaciones de las nuevas viviendas contemplaran mayores niveles de aislamiento término y acústico, aumentar las medidas mínimas de sus piezas,... toda una serie de aspectos en las viviendas que arquitectos conocen que aumenta su habitabilidad y su confort. Esto no habría repercutido en el precio de las viviendas, no marcado por sus costes sino por la capacidad de compra de los clientes, habría repercutido en la mejora de las viviendas, habría generado economía, porque parte del pastel de la especulación habría pasado a la construcción de la propia vivienda, y podría haber sido la oportunidad de colocar a la construcción como un sector puntero, se podrían, incluso, haber incentivado innovaciones tecnológicas. Y todo a costa de una bajada del precio del suelo, que en lugar de significar el 60% del precio de la vivienda, pasase a significar el 40 o, con voluntad, menos.

Ahora el mal está hecho, los que han accedido a una vivienda en estos últimos años han visto cómo esta se depreciaba y probablemente no puedan venderla hoy por el equivalente a la cancelación de su hipoteca. Esto se debería haber evitado y no se evitó; pero puestos en el arranque de la crisis, cuando ya estos casos se han dado: el elevado precio de la vivienda solo beneficia a especuladores. Se nos vendió durante el periodo de la burbuja que casi casi, con ella estábamos ganando dinero, sin movernos de casa, que era un buen negocio para los que teníamos vivienda, que si antes nuestra vivienda valía treinta millones, soy mayor y hablo en pesetas, ahora valía cuarenta. Para los que la vivienda es un bien en el que habitamos, nos interesa que la vivienda sea lo más barata posible. Es cierto que como inversión, como seguro que nos sirva en caso de que nuestra economía vaya mal, o como bien que van a heredar nuestros hijos, cuanto mayor sea su valor, mejor. Pero lo normal es que no tengamos que vender nuestra vivienda, y nuestros hijos, que se encuentren un mercado de la vivienda a su alcance es mucho más deseable que los posibles beneficios que una vivienda cara les pueda reportar al dividir la herencia, que será, en muchas ocasiones para dar la entrada de otra vivienda. Lo normal es que una pareja se case y adquiera una vivienda mínima, porque están empezando, sus sueldos no son muy altos y no tienen patrimonio que les permita acceder a una gran vivienda. Luego, con el tiempo, su situación va mejorando, vienen los hijos y es el momento de cambiar de vivienda. El caso de un conocido, en pleno bum inmobiliario, me comentó entusiasmado que la vivienda que compró dos o tres años atrás la había vendido por mucho más dinero del que le costó. La vendió porque se le había quedado pequeña, para comprar otra con una habitación más; le pregunté y me dijo que había tenido que poner diez millones (más o menos) para la compra de la nueva vivienda. Bueno, así son los negocios que hacemos los pobres.

Nos ponemos en el punto en el que se destapó la crisis, mi opinión es que no fue la construcción la que desató la crisis, ni siquiera la burbuja, que probablemente habría continuado creciendo por algún tiempo, pero fue el sector que primero se resintió, se dejaron de comprar viviendas. Y esto ha generado un stock de viviendas por vender que impide, hasta que este stock sea absorbido, que la construcción se reactive. La vivienda, durante estos cuatro años ha venido depreciándose, poco a poco. Y probablemente, los técnicos especialistas en el sector sepan a qué niveles llegará a depreciarse, y desde los medios de comunicación se incita a comprar una vivienda dado que han bajado lo que han bajado, esto desde hace tres o cuatro años, casi inmediatamente después de producirse la crisis. Los que han estado comprando viviendas durante estos tres últimos años, bien tentados por las bajadas, bien porque no pueden demorar su compra, están padeciendo el mismo mal que padecieron los que la compraron en pleno bum, están viendo como sus viviendas se van depreciando trimestre tras trimestre, y esto hasta que inmobiliarias y entidades bancarias se deshagan de sus stocks.

La construcción no se reactivará hasta que el stock de viviendas sea reabsorbido y el precio de la vivienda caiga a los niveles que el mercado marque, y esta caída ya se debería haber producido, el mercado absorbido el stock y la construcción estar en vías de recuperación. Y a nadie que me lo hubiera dicho le habría creído: que reivindicara a la escuela de Chicago. Y es que lo que pido es que venga el capitalismo salvaje, porque nunca habría podido imaginar que la intervención del Estado en el Mercado fuera, no para equilibrarlo, sino para proteger a especuladores. Que el Mercado actúe, que no se subvencione a los bancos y con ello mantengan su stock de viviendas para irlas colocando poco a poco al mejor precio posible, que vendan si es necesario el suelo que tengan es sus carteras para sanear sus finanzas y hacer frente a sus pagos, porque la situación actual está propiciando que las viviendas entren al Mercado a precios que no puede asumir el Mercado y estas viviendas se vayan vendiendo con cuenta gotas, que los bancos prioricen los créditos destinados a la venta de sus stocks y que la construcción no se reactive. El final del recorrido de este proceso será que la vivienda adaptará su precio al Mercado, caerá hasta ese punto,1 que se habrá demorado ese ajuste durante años y que la construcción no comience a generar empleo hasta que todo esto ocurra.

Los ciudadanos, la sociedad vamos a salir de la crisis, somos la víctimas de la crisis, y va a suponer que numerosas familias pierdan o perdamos el producto del trabajo de toda una vida, vamos a salir de la crisis porque no nos queda otra, pero lo menos que podemos pedir es que se persiga, que se investigue a los que la han causado y que se tomen medidas que eviten las prácticas fraudulentas que nos han conducido a ella. Y si no es mucho pedir, que no se tomen medias que nos hagan más insoportable nuestros esfuerzos.

7 de febrero de 2012.


El problema es que esto no es del todo así. Tal y como se está afrontando la crisis, el precio de la vivienda no descenderá hasta alcanzar su valor real. Durante tiempo se ha abandonado a sectores industriales y a gran parte del tejido económico en favor de la burbuja inmobiliaria (nuevamente recurro a la metáfora del pastel, el dinero que manejan las familias que se lleva un sector no se lo lleva otro). Así, podemos comprar pescado a muy bajo precio y en la lonja este pescado puede que, en casos, no alcance los 50 céntimos el kilo. Son sectores que están sometidos a una economía de supervivencia, esto, incluso en los años de bonanza económica, y cuando una empresa está en el empeño de no cerrar, subsiste desatiendo la renovación de sus estructuras.

Interviniendo el mercado en el sentido de proteger a los propietarios de los stocks de viviendas y suelo, se superará la crisis sin que el precio de la vivienda refleje sus costos reales. Al consumidor le interesa una vivienda barata y al constructor no le importa demasiado el precio de venta de la vivienda, porque conoce los costos del metro cuadrado y construye atendiendo a esos costos y aplicándole su margen de beneficio. Y no va a construir por debajo de esos costos porque perdería dinero, incluso puede interesarle un precio de la vivienda bajo porque el sector se expandirá. Y un precio alto beneficia a los que especulan con la vivienda, la diferencia entre costos de construcción y precio final se aplicaría al precio del suelo, suelo en manos de especuladores que tradicionalmente lo van sacando al Mercado procurando su revalorización. Y se saldrá de la crisis sin que estos especuladores saquen al mercado el suelo, quizá porque subvenciones les permita mantenerlos hasta que adquieran el precio que estimen beneficioso para ellos. Se saldrá de la crisis con unas bolsas de suelo en manos de muy pocos, esperando una nueva burbuja y el pescado seguirá a 50 céntimos el kilo.




Países y deudas

Los países asumen unas deudas y asumen unos intereses sobre esas deudas marcados por "el Mercado".

Mientras que el país mantiene una economía que le permite asumir estas deudas y estos intereses, va devolviendo esas deudas y pagando esos intereses. Pero puede ocurrir que la economía del país entre en crisis, lo que suele significar que se pone al descubierto su insostenibilidad como tal Economía, y por tanto, su imposibilidad de devolver la deuda que ha contraído.

Las medidas que se toman en estos casos salvaguardan los intereses de los titulares de la deuda, se presiona para que el país haga frente a esa deuda por encima de cualquier otra consideración, a cualquier coste.

Para ello se les exige a los países que reduzcan sus "gastos", entendiendo por gastos las prestaciones sociales y asistenciales. Podrían considerarse "gastos" otras partidas de los presupuestos de los Estados, pero la práctica confirma que lo que consideran "gastos" son las partidas sociales y asistenciales.

Los Estados, sus gobernantes, no deberían llevar a los países a estas situaciones, deberían cuidar de que la economía del país fuese solvente y sostenible, que el gasto público se corresponda con el tamaño de su economía, que el comercio con el exterior esté equilibrado, que exista un equilibrio en su balanza de pagos. Pero llegando a este punto, una vez exigidas las correspondientes responsabilidades a los gobernantes que hubiesen puesto al país en esa situación, los Estados deberían desatender esas presiones que contemplan, casi con exclusividad, los intereses de los titulares de las deudas.

A los Estados se les exige medidas que posibiliten la preferente devolución de la deuda, se les exige "recortes en gastos" para facilitar la devolución de esa deuda. El resultado es que estos recortes, en las partidas donde se acometen esos recortes, conlleva la contracción de su economía. Los países entran en una espiral en la que la reducción de su economía dificulta la devolución de su deuda y el pago de los intereses, esto exige nuevos recortes que reducen aún más su economía con exigencia de nuevos recortes.

Así, hasta que la economía del país alcanza su suelo, un tejido económico irreductible, intrínseco a la supervivencia del país. Y llegado ese punto, cuando no se pueden efectuar nuevos recortes, con una economía mínima e irreductible, la deuda se va pagando en los plazos y con los esfuerzos que esa economía mínima permite y exige.

Los Estados, en casos de crisis económica, no deberían entrar en esa espiral, deberían desatender las presiones que le pudieran llevar a entrar en esa espiral. Los gobernantes, llegado este momento, y deberían se unos gobernantes con el crédito suficiente para plantearlo, deberían realizar un análisis profundo para conocer todos los extremos de la deuda que han contraído y la realidad del tejido económico del país, el que debería afrontar el pago de la deuda. Y conocido el tejido económico del país, sus posibilidades de reactivación y las posibilidades de devolución de la deuda, comunicar esa situación a los titulares de la deuda y convocarles para negociar un plan de pago.

El Estado en crisis se encontrará con dos tipos de deuda: la deuda por la que paga unos intereses razonables y la deuda por la que paga intereses de usura. En principio unos intereses elevados justificados por las dudas sobre la devolución de esa deuda.

Bueno, esas dudas se han materializado, y el Estado, que podría declararse insolvente y desatender la devolución de esa deuda, posibilidad que queda implícita en el cobro de unos elevados intereses, convocaría a sus titulares para ofrecerles un plan de devolución razonable para la economía del país, y a unos intereses razonables que no pongan en riesgo su recuperación económica. Este plan, con seguridad, incluirá unos plazos muy amplios, no olvidemos que el país sufre una crisis económica, y unos intereses que no serán los elevados intereses fijados al contraer estas deudas. Dado que el país, la crisis económica que sufre, lo pone en una situación de insolvencia técnica, ya que los titulares de esa deuda ya preveían esa posibilidad, y la posibilidad de que ese país se viese incapacitado para devolver esa deuda, un plan de devolución de la deuda, aun apartándose de los compromisos pactados en el momento de contraer la deuda, será un plan que permitiría su devolución, que no desatendería los derechos de sus titulares.

En ese momento, el Estado haría públicos sus planes de recuperación y reactivación económica y sus planes de devolución de la deuda contraída. Y marcaría una diferencia entre la deuda contraída, que aún podría estar en riesgo de verse afectada por una posible insolvencia (posibilidad que debería llevar a titulares de la deuda y Estado a unos acuerdos razonables), y la nueva deuda que debería contraer para llevar a cabo su plan de reactivación.

Pienso que esta declaración de insolvencia no afectaría a las posibilidades del Estado de captar nuevos recursos para llevar a cabo su plan de reactivación, que lo que realmente marcará esas posibilidades será la credibilidad del plan de reactivación. Siempre se ha dicho que "el mercado es ciego", que el dinero va a donde prevé una rentabilidad, y en este caso no sería distinto, el inversor valoraría las condiciones de las emisiones de la nueva deuda y las posibilidades que tendría ese Estado de devolver el dinero, teniendo en cuenta que la deuda anterior no pondrá en riesgo su recuperación. Y la seriedad y solvencia del país a medio y largo plazo lo fijaría la seriedad y solvencia del país para resolver sus crisis económicas, y la seriedad en la elaboración y presentación de planes de devolución de su deuda en estos caso de crisis.

Lo que se pide a los países en caso de crisis económica: reducción de gastos mediante recorte de prestaciones, conduce al cierre de empresas en cascadas, paro, cierre de empresas y paro que conduce a más cierre de empresas y más paro: la espiral. Pienso que las medidas que deberían tomarse en estos casos de crisis económica serían las contrarias a las propuestas:

-Aumentar los recursos destinados a servicios sociales y asistenciales, dado que con la crisis sería previsible que se requiriesen más estos servicios.

-Ampliar el plazo de la prestación por desempleo, dado que con la crisis sería de preveer que aquel que quedase en paro tardase más tiempo en encontrar un nuevo empleo.

Puede parecer un suicidio económico que en tiempos de crisis se aumenten las partidas de "gastos". Eso es porque se consideran "gasto". Estos recursos, aplicados en la base de la pirámide económica, no son un gasto, esos recursos recorrerían toda la pirámide económica en forma de consumo, contribuirían a frenar la destrucción de tejido económico. Que posiblemente esa destrucción, con esas medidas no se daría, o se daría en menor medida; porque no es la destrucción del tejido económico lo que provoca la crisis, sino que lo es la crisis financiera: la deuda de empresas y Estado que se ha ido acumulando, los activos de empresas, entidades bancarias e instituciones públicas que se han ido engordado, y los balances que se han maquillado. Es quedar al descubierto estas prácticas lo que genera la crisis. Y la aplicación de las politicas tradicionales para afrontar estas crisis, los recortes (que llegan antes de que existan presiones para ello, que en este momento empresas y organismos públicos cambian sus planes de inversiones), la previsión de que esos recortes se van a dar, que la crisis se va afrontar con esas medidas, como tradicionalmente se han afrontado, saber que se espera una etapa de penuria; son esas previsiones lo que activa la destrucción de tejido económico, la contracción del consumo y el cierre de empresas. Estos recursos, invertidos en la base social y económica del país, quedan en gran parte en el tejido económico del país; y esto en sí mismo, unos recursos destinados a procurar que las familias dispusieran de parecidos recursos a los que diponían antes de la declaración de la crisis, minimizaría sus efectos.

Y se procuraría una reactivación económica, intentando fortalecer el tejido económico. Se ha hecho un análisis de ese tejido económico, se conoce los sectores que ofrecen una potencialidad de crecimiento y los déficits en infraestructuras, se conoce en qué sectores, invertir en recursos, supondrá un crecimiento del sector, y se conoce las acciones y las infraestructuras que, mejorándolas, facilitaría el crecimiento o, en su defecto, frenaría el deterioro de la Economía.

En definitiva: procurar mejorar la economía del país, que es la que debe pagar la deuda, en lugar de priorizar el pago de esa deuda a costa del deterioro de un tejido económico que es el que en definitiva puede pagar esa deuda.

Mejorar el tejido industrial y económico del país posibilitará salir de la crisis, y salir con una economía reforzada, no disminuida. Y algo más importante, habiendo impedido, en lo posible, destruir vida de personas y familias. También, con una deuda abultada que habrá que afrontar.

viernes, 12 de octubre de 2012




Apostilla económica

Solo una apostilla, pienso que sigue siendo válido lo expuesto en otras hojas, apostilla al aire de los últimos acontecimientos.

A los ciudadanos se les está engañando, no se están tomando medidas para superar la bancarrota económica, en mi opinión las medidas que se toman supuestamente para superar la crisis son huidas hacia adelante. Las practicas "heterodoxas" de los consejos de administración de entidades financieras y empresas han trascendido al ámbito de las instituciones, las mismas prácticas que fueron el detonante de la crisis son las que al día de hoy practican las instituciones monetarias para supuestamente superar la crisis.

Las recetas impuestas antaño a los países, que los llevaban al abismo, con los ya conocidos costes humanos, privando de futuro a una mayoría de ciudadanos de esos países, dejando a estos países a la cola del tren del sistema para que trabajosamente se fuesen incorporando al sistema, quedando ya irremisiblemente en esas posiciones, acostumbrando a sus ciudadanos a que esas serían ya sus expectativas vitales, que esas eran las expectativas de sus países en el contexto internacional y que esas eran sus expectativas personales en el contexto del país, esas recetas ya no son válidas. Fueron válidas en tiempos en los que el modelo no estaba cuestionado, el modelo no cambiaba, sí la posición de los diferentes países dentro de ese modelo.

Hoy el modelo está cuestionado, no vale el restablecer el equilibrio dentro del modelo, equilibrio que precisaría décadas para lograrse; son crisis que necesitarían décadas para ser superadas, siempre sin cuestionar el modelo, suponiendo que el modelo se mantenga estable durante décadas, que no existan crisis de energía, lo que supone olvidar que el petróleo, fuente de energía que sustenta el modelo, es una fuente finita; que las crisis y las recetas impuestas para superar las crisis no vayan a alterar los hábitos de los ciudadanos, que se mantengan los niveles de consumo que precisa el modelo, durante la resolución de la crisis y después de superada la crisis.

El actual objetivo de superar la crisis volviendo al punto en el que se produjo no vale, porque fue esa instantánea de la Economía Internacional lo que condujo a la crisis. Y bajando a un ámbito local, al de los países a los que más está afectando la crisis, hablando de lo que me es más cercano, el país desde el que escribo, España, quizá extrapolable a otros países en parecida situación, se sustenta en todo un conjunto de pirámides en equilibrio inestable.

La situación de la Banca es una pirámide, las imposiciones de los clientes han desaparecido, el activo de las entidades no puede responder a ellas, no ha sido suficiente engañar a sus clientes para que cambiasen sus depósitos por cromos, la supuesta estabilidad del sistema bancario no se sustenta en la ineludible obligación de cualquier empresa, más de una entidad bancaria, de responder con el activo a su pasivo; esto es, de responder con el activo a los depósitos de sus clientes, al dinero que sus clientes han ingresado en la entidad. La situación de la Banca ni siquiera responde a criterios de solvencia, porque para poder certificar la solvencia de estas entidades se han rebajado los parámetros de estas certificaciones. Cuando se dice que una entidad financiera es solvente no se está diciendo que pueda responder de los depósitos de sus clientes, se dice que puede atender a determinadas eventualidades, se da por hecho que un dinero que no existe nunca será reclamado, que permanecerá como un apunte en los libros de contabilidad de la entidad, se sabe que nunca los ahorradores sacarán sus ahorros simultáneamente. Se establece hasta qué punto pueden los ahorradores solicitar sus dineros y ese es el punto en el que si se supera se dice que la entidad es solvente. Estos requisitos se han rebajado para poder decir de las entidades que son solventes, dejando a las entidades en equilibrio inestable. Es cuando la realidad supera esas optimistas expectativas cuando se producen los corralitos. Se cierra la ventanilla porque no hay dinero para responder, no ya a todos los impositores, sino a aquel número de impositores que por diferentes motivos van sacando sus ahorros. En tiempos de crisis, con un paro creciente, es normal, porque es el más inmediato recurso, que los ahorradores recurran a sus ahorros y, conforme la crisis va agudizándose, son más los que se ven obligados a recurrir a sus ahorros. Los parámetros de solvencia no recogen esos niveles de previsión y necesariamente tienen que cerrarse las ventanillas.

Las entidades financieras se han convertido en algo muy parecido a una estafa piramidal, en la que tienen que capturar recursos para poder restituir los recursos captados con anterioridad (eso es una estafa piramidal2) y que les son reclamados en tiempo de crisis. Como esos recursos no llegan, la pirámide sube a otro nivel, al nivel institucional: los bancos nacionales deben suministran esos recursos, recursos que los propios bancos nacionales no tienen, pero que fabrican, en la medida en que pueden fabricarlos, pero sin que haya nada detrás que lo respalde.

Otra pirámide son las empresas, existe un desequilibrio entre sus activos y sus pasivos, y esto no ocurre en una o unas cuantas en concreto, del conjunto de estas empresas se desprende lo que se dice nivel de endeudamiento de las empresas del país, que no es otra cosa que el dinero que deben, deudas que difícilmente pueden afrontar con las expectativas de negocio actuales y en un futuro cercano; habría que confiar que en lugar de que la crisis se agudice, se genere un casi inmediato aumento de beneficios para que la deuda no aumente.

Otra pirámide es la deuda del Estado, que puede crecer a menor o mayor ritmo, pero que crece, en una situación en la que la Economía del país disminuye, con unas medidas económicas, las mismas medidas que se toman para controlar el crecimiento de esa deuda, que impiden que se restablezca el equilibrio: bajan las pensiones, bajando las pensiones se reduce el gasto del Estado, pero bajando los ingresos a una parte importante de la población se reduce el consumo y con ello se reduce la economía que debe hacer frente a los gastos del Estado. Lo que el Estado se ahorra de manera inmediata con la medida, repercute a medio plazo en los ingresos del Estado, que se verá obligado a ajustar nuevamente sus gastos. Nuevamente se debe resolver acudiendo a un nivel superior, y nuevamente hay que fabricar dinero para atender estas peticiones.

Y el propio país compra más de lo que vende a otros países. Otra pirámide que se mantiene en tanto que la moneda conviertida en cromos sin valor, esos otros paises no se nieguen a aceptar a cambio de materias primas o manufacturas.

Todo esto sustentado mediante operaciones de "ingeniería financiera"1 pero no ya practicada por entidades particulares, sino por instituciones, que tratan de paliar el problema financiero, esto es: la falta de dinero; pero que no tienen ningún efecto, sino todo lo contrario, en la generación de economía, la única que en último extremo puede mantener servicios y asumir el pago de unas deudas exorbitadas que no deberían haberse producido.

Todo conduce a que el papel (dinero) en circulación no cuente con activos que lo respalden, que ni tan siquiera se acerque a unos desequilibrios aceptables. Como metáfora o paralelismo, para que se entienda este hecho, un ejemplo a menor escala, la Bolsa del país desde donde escribo. El valor del total de los títulos que componen la Bolsa debería ser reflejo de la situación económica de las empresas representadas por esos títulos. Con todas las salvedades que se quiera, contabilizando las espectativas de beneficios de estas empresas, el valor total de todos los títulos admitidos en Bolsa debe responder a los activos de estas empresas, lo contrario son unos títulos que carecen de valor. Ahora, pongámonos a comienzos del verano del año pasado en la Bolsa del país desde el que escribo, supongamos que en aquel entonces el valor de los títulos no fuesen una entelequia, que reflejasen el valor de sus empresas; comparemos la evolución económica del país y las espectativas de negocio de esas empresas, comparémoslo con la evolución del valor de esos títulos: una trayectora se debería corresponder con la otra. El dinero en circulación debe estar respaldado por la economía del emisor, esto es, los activos del conjunto de todos los agentes económicos del emisor; de lo contrario, convierte a la moneda en papel sin valor. Los bancos nacionales tienen la potestad de fabricar dinero, pero si un banco nacional emite moneda superando los activos de su Economía, está poniendo en circulación papel sin ningún valor que necesariamente perjudica a terceros. En estos casos, a corto o medio plazo se produce la devaluación de la moneda, pero si presiones o posiciones de fuerza impiden el ajuste del dinero en circulación con la realidad de la economía del emisor, acabará produciéndose el colapso.

Digo que todo son huidas hacia adelante porque no son medidas para crear economía. Por el contrario, todas las actuaciones conducen a aumentar la deuda: se capturan recursos para paliar la ausencia de recursos (dinero), pero estos, tarde o temprano deberán restituirse, y conducen fundamentalmente a que la economía cada vez se vea más disminuida, con lo que, si hace uno o varios años esa economía no podía asumir los gastos y la deuda, menos podrá hoy, más disminuida y con una mayor deuda por pagar. Digo que es un salto hacia adelante o huida hacia adelante porque, aun siendo medidas fraudulentas, poco éticas o directamente inmorales, no dan solución al problema, sino que lo agravan y lo alejan de la solución. Esto lo saben aquellos que recurren a estos métodos, el salto adelante se fundamenta en la percepción de aquellos que lo practican de que una vez el problema adquiera dimensiones insostenibles, sin nadie que les ponga freno, unos terceros (en este caso pienso en aquellos países que siendo los perjudicados, permanecen al margen del proceso), no ellos que lo practicarán hasta llegar a este punto, se vean obligados a aportar una solución satisfactoria. Y en cierto modo, pienso que así será, pero los pasos atrás de los países son difíciles de recuperar y en el proceso se habrán quemado las espectativas de vida de aquellas personas y familias que queden por el camino. Llegado ese momento, considero inmoral que las responsabilidades se diluyeran.

Soy pesimista, porque lo mismo que ya no sirve recolocar a los países a la cola, porque el modelo lo considero agotado o en vías de ello, las prácticas que se corregían con aquellas recetas ya no son exclusivas de los países, sino que han alcanzado a un más alto nivel, con lo que sería un continuo colocarse a la cola; el propio tren, al margen de la viabilidad del modelo, debería ponerse a la cola.

lunes, 18 de marzo de 2013 (11:22)


↑ 1.- Ejemplo de "ingeniería financiera" podría ser las ayudas que ha recibido la banca Española, la banca del país desde el que escribo. Se inyecta miles de millones de euros, miles de millones de euros que no existen, pero que se emiten con el compromiso de restituirlos, y se conceden con unas condiciones muy ventajosas, las que se prevén que podrá asumir la Banca. Las condiciones pueden adaptarse a esas previsiones porque no hay ni nada ni nadie tras esos miles de millones de euros.

Los bancos deben contar con dinero para seguir con el negocio, únicamente concediendo créditos podrán recomponer sus balances, reponer el dinero que falta y devolver los créditos concedidos y que se les conceda. Pero, y primeramente, con estos créditos harán frente a las deudas que mantienen, principalmente con grandes inversores, inversores que probablemente y gracias a esta inyección de dinero deshagan sus posiciones sin pérdidas. Con lo que quede, los bancos, prestando ese dinero intentarán equilibrar sus balances. Prestarán dinero al Estado, al mismo que negoció y concedió esos créditos (El Banco Nacional Europeo no deja de ser el Banco Nacional de los diferentes países que componen la Unión), y lo harán a unos intereses muy superiores a los intereses que pagan por esos créditos; también concederán créditos a sus clientes, con unas condiciones más duras y a unos más elevados intereses de lo que cabría esperar en una normal explotación del negocio, esto porque, al margen de beneficio de la explotación del negocio, debe sumarse la restitución de los créditos.

Como corolario: el interés que los Estados pagen por su deuda estará sometido al vaivén de los intereses de la Banca, utilizando un dinero que el propio Estado les ha concedido y que gestionan, con el que únicamente comprarán esa deuda a unos intereses cuyo diferencial se ajuste a sus espectativas de negocio. ¿Perverso, verdad?

↑ 2.- En la actual situación de la Banca, cualquier estafa piramidal ya se habría desmoronado: deben responder del dinero captado con anterioridad, pero son incapaces de captar fondos para hacer frente a esos compromisos adquiridos. Las estafas piramidales terminan por desmoronarse porque los recursos quedan atrapados en la pirámide y se pierden convertidos en el beneficio de los estafadores; y para cubrir esa salida de recursos la pirámide necesita un constante crecimiento, capturar nuevos recursos. Cuando los estafadores no logran captar dinero al ritmo que impone la pirámide, la pirámide se desmorona. Este es el caso, los estafadores no logran captar esos recursos; pero en este caso se asciende un nivel y es, en este caso, el Banco Nacional Europeo el que suministra esos recursos que no es capaz de capturar la pirámide, recursos que ya no existen.

Los Bancos Nacionales en el actual orden económico están legitimados para fabricar dinero, aquel que consideren necesario para el funcionamiento de su economía; y del apropiado ejercicio de ese derecho dependerá la estabilidad de su moneda. Para lo que no están legitimados los Bancos Nacionales es para dar cobertura a estafas piramidales. Estas actuaciones no resuelven la estafa, lo que permiten es que de la pirámide escapen aquellos que estén prevenidos y que la pirámide, la estafa, adquiera mayores dimensiones.

La Unión Europea, Banco Nacional que suministra el dinero a los estafadores, que no es otra cosa que los países que la integran, gobernada por los diferentes gobiernos de esos países que la integran, como requisito que será aprobado "a regañadientes" por el gobierno del país de turno, impone medidas onerosas para los estafados. Ya en los diferentes países, sus gobiernos se erigen en defensores de los ciudadanos, defendiéndolos de las decisiones de esa Unión Europea, comprometiéndose a suvizar sus imposiciones en la medida que su peso en esa Unión se lo permita. ¿Perverso, verdad?

Como corolario: estas prácticas ponen en peligro la credibilidad de la moneda, con lo que pierde valor y es otra vía por la que los ciudadanos pagarán el desfalco.





Balanza comercial española.

Por primera vez en décadas la balanza comercial de este país desde el que escribo es positiva. Lo que para los Señores del consejo de ministros será sin duda un buen dato y un logro, debería hacer reflexionar a los españoles.

No es un buen dato, significa que en España hay unas personas que trabajan y otras que no pueden comprar el producto del trabajo de esas personas, porque este equilibrio en la balanza comercial se ha producido por la caída del consumo interno.

Tampoco es un logro, es más la constatación de un fracaso, ahora no se podrá decir que los problemas económicos del país se derivan de una crisis internacional, es lo internacional lo que posibilita este dato, las exportaciones no caen, los países a los que exporta España continúan con sus consumos.

Esto sin relacionar este dato con los de la economía interna del país: la deuda pública y de las empresas, su crecimiento, significaría que las ventas no producen beneficios sino pérdidas. Una metáfora de la situación sería la del hortelano que se ve obligado a desatender la mitad de la huerta, la del consumo familiar, manteniendo la que destina a la venta: se ve obligado a dejar a la familia sin esos productos. Aun así, la venta de su producción no cubre por completo los gastos estructurales de la huerta: vende más de lo que compra en abonos y otros bienes, pero estas ventas no cubren para pagar una posible hipoteca que pese sobre la huerta.

El significado último de este dato sería que España se va posicionando a la cola de las economías de otros países, que estos otros países progresan y España, o retrocede o se estanca, asumiendo la actual situación de penuria. La economía española se estaría beneficiando de la mejor situación económica de aquellos países en los que hayan crecido o se hayan mantenido esas exportaciones.

viernes, 17 de mayo de 2013




Hay que tener ideas

Pongámonos en el origen de la crisis económica, hace varios años. La crisis estuvo provocada porque la economía de las empresas y del Estado no eran sostenibles, arrastraban deudas que se acumulaban durante años, cuando el tejido económico funcionaba a pleno rendimiento, una sociedad trabajando a pleno rendimiento y unas empresas y un Estado que volatilizaban ese trabajo de la sociedad. En el momento de la crisis la economía familiar era plenamente solvente, con un funcionamiento sostenible, generando unos ingresos que acumulaban en forma de ahorros y de inversiones, solvencia que creaba puestos de trabajo y que producía ahorros, con una parte acumulando ahorros y otra endeudándose y afrontando el pago esas deudas, lo que se espera de una sociedad, que parte ahorre y parte se endeude, pero que en su conjunto era sostenible, en lugar de acumular pérdidas acumulaba ahorros, al contrario de empresas, bancos y Estado, que no eran solventes, con economías que no eran sostenibles y acumulaban deudas.

El modo que se vio para resolver la descapitalización de empresas y bancos fue el de trasladar los ahorros de las familias a los activos de bancos y empresas, por medios fraudulentos, por estafas, unas fáciles de desenmascarar y otras, probablemente las de mayor extensión, difícil de desenmascarar si no existe voluntad de ello. Existía un sector de la economía, la de las familias, con ahorros, a esos ahorros podríamos denominar el activo de la economía de las familias en su conjunto, el activo de la sociedad acumulado por las familias; decidieron que mediante ese activo se podía cubrir la descapitalización de empresas, solo de empresas y bancos, quedaría pendiente la capitalización del sector público (imagino que se pensó que su equilibrio lo conseguirían disminuyendo las inversiones y recortando los servicios que el Estado presta a la sociedad).

El resultado es que se ha desmantelado lo que realmente era solvente: las economías familiares; se ha detraído activo de la economía familiar para cubrir una descapitalización, algo que no se ha producido: el dinero sustraído de la economía familiar nuevamente se ha volatilizado y empresas y bancos siguen descapitalizados, en ese sentido nos encontraríamos como al principio de la crisis, con empresas y bancos descapitalizados. Tampoco se ha podido equilibrar las cuentas del Estado, porque mediante el recorte de inversiones y prestaciones se entra en una espiral difícil de salir, solo se sale cuando la economía del país cae a su mínimo irreductible.

Es cierto que las cuentas del Estado deben ser sostenibles, aunque también es ciento que cuando deberían ajustarse las cuentas del Estado sería en tiempos de crecimiento económico, consiguiéndose una doble función: la sostenibilidad del sistema y la regulación del crecimiento. Aun con todo, la forma de que el sector público sea sostenible no es mediante reducción de servicios, ni mediante el aumento de la fiscalidad; los servicios y la fiscalidad deberían ser modelos que se fijasen con independencia de que se encuentre el país en recesión o en expansión, el modelo debería ser sostenible a largo plazo, tras atravesar etapas de recesión y etapas de expansión, y los servicios e impuestos deberían fijarse con arreglo a ese modelo. Para rizar el rizo, el modelo debería contemplar una mayor inversión en tiempos de recesión, facilitando una rápida recuperación de la economía. La reducción de inversiones y servicios lo que ha provocado es el agravamiento de la recesión y no ha conseguido el equilibrio en las cuentas que se buscaba, se está produciendo la espirar que conduce a una economía irreductible.

Lo expuesto es pedir demasiado a nuestros gobernantes (esto, por mi parte, es una figura retórica), porque es un planteamiento a largo plazo, pero aun metidos en su desgobierno, con los resultados que ha producido su desgobierno, la forma que han entendido que podían reducir gastos vuelve a ser ineficaz y contraproducente. Se debería haber diseñado un modelo que contemplase la reducción de gastos que se requeriría para que el modelo fuese sostenible y procurar que esa reducción tuviese el menor impacto en el actual proceso de recesión, esta sería una variable determinante para definir el nuevo modelo y los plazos para alcanzarlo. Se ha pensado que reduciendo personal se reducen gastos y esto llevaría a un modelo sostenible. Las dimensiones de los servicios prestados por el Estado no pueden definirse de una forma objetiva, vienen dadas por su relación con la economía del país: reducir gastos, si esto significa reducir la economía del país, empobrecer su tejido económico, no significa que se camine hacia la sostenibilidad del sistema, probablemente se haga más insostenible, aunque pueda suponer un respiro momentáneo, porque los recortes producen un ahorro inmediato; pero las consecuencias de esos recortes mantienen una inercia en el tiempo. Es por esto que entiendo que el sistema de prestaciones e impuestos debe definirse de forma objetiva, no como respuesta a una recesión o periodos de expansión, porque en ambos caso las "recetas" que se aplican vienen a agravar las recesiones y a recalentar la economía en los periodos de expansión.

La reducción de empleos en el sector público en tiempos de recesión viene a agravar la recesión y no produce el efecto esperado. Con la reducción de empleo en el sector público se destruye empleo en el sector privado, pero también, lejos de acercar al sistema a la sostenibilidad, lo aleja, porque la simple reducción de empleo lo que produce es que aumente el costo por funcionario. El efecto negativo de la pérdida de empleo se traduce de manera inmediata en la Economía y el supuesto ahorro se reduce en gran medida: de manera inmediata se reduce gasto, pero a muy corto plazo los efectos negativos vienen a anular ese ahorro. Para visualizarlo sirva parodiarlo diciendo que podría llegarse a unos ministerios con su ministro, sus asesores y sus altos funcionarios, estos seguirían existiendo, pero atendidos únicamente por los servicios de la limpieza. Nuevamente donde se reduce es en el ámbito que alimenta a la economía y que sostiene el tejido económico.

También las pensiones deben ser un sistema sostenible; pero la reducción de las pensiones, en tiempos de recesión agravan la recesión, y a largo plazo empobrecen a la economía. La pérdida de capacidad adquisitiva y de ahorro de un sector que supone un porcentaje significativo de la economía, arrastra al resto del sistema.

Para la reducción de servicios como la sanidad y la educación sirve lo anterior, se actúa como en los otros casos reduciendo empleo; a la perdida de servicios por los ciudadanos se suma que nuevamente contribuye a agravar la recesión.

¿Y ahora cómo quieren salir de la crisis económica? Se da por hecho que afrontar la crisis de las familias es cosa de solidaridad entre las familias. Y para la salida de la crisis proponen el emprendimiento, que salgan muchos emprendedores. Primero, no hay espacio económico porque se ha privado a las familias de ahorros y de ingresos, es difícil encontrar un sector en el que se pueda abrir una nueva empresa o negocio con unas mínimas garantías de éxito, en la actualidad existe un tejido empresarial sobredimensionado en relación con la demanda; las propias empresas, hablo de las pequeñas y medias, necesitan endeudarse no para crecer sino para subsistir; segundo, el emprendedor no puede montar castillos en el aire, necesita medios, aun con entidades bancarias que cumpliesen con su función social, tradicionalmente los emprendedores han estado apoyados por la familia y por amistades que han apostado por ellos; pero, ¿cómo un emprendedor puede llevar a cabo sus ideas si no encontrará a nadie a su alrededor que pueda apoyarle? A la economía de las familias se le ha privado de los medios para impulsar la economía en forma de consumo y en forma de emprendimiento.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Abrir una nueva empresa, un nuevo negocio, es asumir numerosos riesgos; el tiempo que se presta a que se abran nuevas empresas y negocios es aquel de expansión económica. El emprendimiento se da en unos y otros momentos, en momentos de expansión y en momentos de recesión, con motivaciones diferentes en unos y otros periodos. El hacer un llamamiento a que se "emprenda" en la actual situación es alentar riesgos excesivos, que de tener éxito el llamamiento, llevaría a muchos a la ruina y también vendría a agravar la crisis, con numerosos recursos perdidos.




Previsiones y mentiras

Mejoran las previsones para el año 2014

El 2013 mal, de un crecimiento negativo de 0,5 se corrige a un crecimiento negativo de 1,3. Eso es malo, porque se crece más negativamente; pero el 2014, de un crecimiento positivo del 0,8 se corrige al 0,5, que puede parecer que también mal, pero no, supone una mayor recuperación de la ya optimista recuperación de la previsón anterior, aunque aquella, en el día de hoy haya sido revisada a la baja. El año 2014, en lugar de la esperada recuperación de un 1,3 (de -0,5 a +0,8), que ya estaba muy bien, se pasa a una recuperación de 1,8 puntos (del -1,3 al +0,5), toda una proeza para una economia que de crecer negativamente 1,3, cambia de tendencia, compensa ese -1,3 y crece un 0,5.

Eso o que el Señor Montoro, de estado: ministro, como piensa que las previsiones son eso, previsones y sujetas a modificaciones, que así es, ya las ajustará a la realidad en su día.

Las previsones se aportan para dar luz a un futuro proximo o lejano, lo normal es que existan desviaciones con respecto a esas previsiones, pero las previsiones siempre se basan en datos que nos permite pensar en la posibilidad de que se cumplan en mayor o menor medida. Las mentiras, en este caso, sirven para oscurecer el futuro y engañar a los ciudadanos.

Señor Montoro, Señor de Guindos, sois unos mentirosos.

viernes, 26 de abril de 2013

Si se comparan las previsiones de paro con las previsiones del PIB (Producto Interior Bruto), no se corresponden, ni existe soporte teórico que explique las unas relacionadas con las otras, por lo que las considero meras invenciones.

Especialmente, el repunte en el PIB del 2014 sería excepcional y debería justificarse con expectativas para ese año en concreto, que no ocurre lo mismo en los siguientes, excepcionales. También se debería explicar el porqué con una corrección de las previsiones a la baja, concretamente las del PIB de 2014 se corrigen al alza. Esto, ¿quiza por no contradecir aquello de "En el 2014 se creará empleo gracias a la reforma laboral" en boca del Señor de Gindos hace solo unos días?

Esto en la compadecencia de unos Señores ministros que han querido trasmitir a los ciudadanos un ejercicio de sinceridad: estos son los datos, son malos, pero son los que hay. También, sin que detrás de ese supuesto ejercicio de sinceridad haya algo, sin aportar soluciones que pudieran suavizarlos, asumiéndolos con total naturalidad sin asumir ningún compromiso, como si se tratase de meros números y ellos los encargados de contabilizar esos números, sin tan siquiera entender que las consecuencias de estas previsiones signifique enviar en los proximos años a cientos de miles de personas a la exclusión social.

Europa repalda esas previsiones

El 3 de mayo Europa da por buenas las previsiones de los Señores ministros de Economía de este país desde el que escribo, con leves variaciones: el PIB de 2013 se reducirá en un 1,5 y en 2014 subirá un 0,9. Bueno, es Europa, y contra eso no hay que oponerse. Tendrán razón y tendrán sus razones, aunque no las hayan expuesto, ellos cuentan con sus economistas, digo que les habrán pedido opinión.

Lo extraño es que unas y otras previsiones coincidan. Unas, hechas antes de conocerse que a España se le iba a ampliar el plazo para el ajuste de su deuda* y las otras por el organismo que aprueba esta demora, despues de aprobada, luego conociendo la ampliación del plazo, que es relevante e incide en la evolución del PIB. Unas previsiones deberían alejarse de las otras. Y otro considerando, esta ampliación, entre otras cosas debería parar de inmediato los recortes porque los recortes ya se han hecho en previsión de un plazo menor, cualquier desajuste lo absorbería con creces esa ampliación del plazo.

*.— Los ministros no proporcionaron el dato de la ampliación del plazo para ajustar la deuda, ni se refireron a él para dar dos previsiones diferentes dependiendo de que se concediera la ampliación o no. Es impensable que un ministro que va a dar unas previsiones que guardan una estrecha relación con un determinado factor que ha cambiado o va a cambiar y se sabe que va a cambiar, al exponer sus previsiones no las relacione con ese cambio, porque expertos en economía las podrían haber cuestionado al ser desconocido ese dato, y no creo que el Señor ministro quiera que economistas de prestigio le cuestionen sus datos. Pero tambien es impensable que al elaborar unas previsiones económicas no se tenga en cuenta ese dato; como impensable que se tenga en cuenta ese dato y se oculte, porque si las previsiones están soportadas por análisis, sin ese dato no cuadrarían, o pudiera ser que nadie haya tenido acceso a los análisis que se deberían haber utilizado para elaborar las previsiones, ¿que método se ha utilizado pues? Todo muy complicado.

Fe y gobierno

"En el Gobierno estamos convencidos de que el año 2013 será el último año de la crisis y el 2014 el año de la recuperación".

Es de justica, quiero decir que esto es dicho por el que está de ministro de Justicia, que yo pensaba que existía separación entre Estado e Iglesia, porque si ayer eran los ministros del ramo, los que deben entender de economía, los que nos ofrecían unas previsiones que hoy deberían hacer valer con argumentos, en su puesto nos sale el de Justicia, quiero decir el Señor ministro, con un Acto de Fe, que no sé si de Fe o sacramental: "En el Gobierno estamos convencidos". Sí, pero en base a qué está el Gobierno convencido.

Otro también Señor ministro: ¿Qué se sabe de los banqueros?, es que estoy preocupado por ellos.

Cronológico de autocomplacencias

09 de abril de 2013: de el ministro de Economía De Guindos:
"En el 2014 se creará empleo gracias a la reforma laboral."

domingo, 28 de abril de 2013


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