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icono de la página de inicio, una casa en verde de las típicas del juego del Palé Icono de una carpeta y sobre ella, atravesada de arriba a abajo, inclinada de izquierda a derecha, una pluma de plumines de madera en color rojo
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VentiSeis



nemo







Preludio

Esto de internet es la caña, para un escritor es la caña. Lo digo por mi experiencia, termino de teclear una hoja y a los cinco minutos está publicada. Que no sé hasta qué punto, porque, o no he estado acertado con la opción de enviar mensajes o no despierto ningún interés, porque no he recibido ninguno. Será lo segundo, que no he logrado despertar interés.

Y esto siempre va a ser igual para los escritores, para los creadores en general, que si no despiertas interés, si no te abres paso, no llegas a tus lectores. Y yo no debo llegar.

Pero siempre ha sido igual, porque de joven me pasó lo mismo. Siempre he tenido inquietudes literarias. Comencé con una máquina de escribir de mi padre, de la que prácticamente me apoderé. Y comencé con la poesía, a la que he intentado regresar en varias ocasiones; pero, como mi familia me ha oído en varias ocasiones, tú no escoges a la poesía, es la poesía la que te escoge a ti, y la poesía no me ha vuelto a escoger, solo tengo (es un decir) aquellos poemas de juventud y algunas poesías resultado de esos posteriores intentos.

Y nemo, en su postura sobre la web ha estado acertado, me lo consultó, porque nemo y yo somos buenos amigos y nemo siempre me consulta todo, o casi todo, porque somos buenos amigos y porque compartimos la inquietud literaria, y a él como a mí, la vocación le viene de lejos. Y cuando me lo consultó estaba distraído, que estaba en la labor de terminar unas líneas.

Se lo dije distraídamente, sin levantar la vista del teclado, sin parar de teclear. Él lo debió advertir porque repitió la consulta y yo debí decir que sí, que me parecía bien, pero sin saber realmente lo que me estaba diciendo. Luego se lo leí, cuando ya lo había publicado, que el también lo publica en la web, y tiene razón. Hablamos, y llegamos a recordar nuestros tiempos de juventud, cuando él como yo intentábamos abrirnos camino en esto de la escritura.

En mis intentos de llegar a vivir de la escritura, lo que recuerdo con más desagrado es cuando una vez terminada la obra tenías que enfrentarte a cómo colocarla. Nunca he tenido acierto en eso de venderme, nunca he sabido insistir, casi tiraba la obra encima de la mesa y me marchaba a esperar que me llamasen. Nunca llaman. La obra quedaba en el cajón y era cuando surgía la idea para otra nueva cuando retomaba mi pulso.

Y lo de nemo me ha hecho reflexionar, se lo he dicho a él y creo que está escribiendo algo sobre esto. Porque antes de la web había que escribir amoldándose a las preferencias de las editoriales. Había una serie de claves que te ayudaban, porque las editoriales estaban cortadas más o menos por el mismo patrón, te recibían unos u otros según la editorial, pero unas se estaban mirando a las otras y todas esperaban que le entregaras lo mismo, un producto con el que poder arañar en las ventas de la competencia. Porque los que me recibían yo creo que eran economistas, o con algún máster en economía, o con la cartilla bien aprendida. Si era del agrado de este puñado de personas, empleados en la mayoría de los casos, de esas editoriales, publicabas.

Y existían sus claves: no usar verbos comodín. Un verbo comodín en las primeras quince páginas, que eran las que podían inclinar la decisión, te había hundido, o una frase hecha. Sabías que para estos empleados las frases hechas no tenían cabida en una obra literaria. Y lo fundamental, pensar que la editorial espera llegar al sector de público más amplio posible.

Y en la web. no sabes si te van a leer o no, no sabes a que público vas a llegar ni cuáles son sus gustos, porque hay todo tipo de lectores, que es un error eso de intentar llegar a la mayoría, que todos somos distintos, que todos consumimos lo mismo cuando se nos ofrece siempre lo mismo. Así es que tienes mucha libertad, puede escribir lo que te gusta, lo que te gustaría leer, y seguro que en la red encuentras a alguien con tus mismas inquietudes. El resultado va a ser el mismo, muchos quedaremos por el camino, pero habremos escrito según nuestros gustos y existirá literatura para todos los gustos e inquietudes, y entre todo eso, siempre habrá, porque siempre lo ha habido, quienes cautiven a los lectores. Y esos serán los que destacarán, o eso creo. Claro, esto es duro para los que ya han traspasado la barrera de los empleados.

Me veo como cuando me veía al terminar una obra. La tenía que dar a leer, encontrar quien te la leyera, esperar a que tuviese a bien leértela, que le gustase, que fuese comercial y políticamente correcta y que se la diese a ese otro conocido que tenía en una editorial. En el mejor de los casos te la agarraban, y te decían que te la iban a publicar, que la planificación de ese año estaba cerrada, que procurarían buscar un hueco para el año siguiente, y con suerte, encontraban ese hueco. Ahora, con la web, termino una obra, un escrito, y directamente lo publico, sin necesidad de ir a dar coba a nadie, y al día siguiente ya estás en la labor de otro trabajo, escribiendo de nuevo que es lo que me gusta. Y estoy a la espera de que me salga un patrocinador. Que no habrá patrocinadores para todos, que nemo lo tiene difícil, pero que alguno siempre habrá.

Digo lo de nemo porque nemo es un poquito plasta, se alarga mucho, ya se lo tengo dicho, que hay que escribir con cabeza, que hay que deshacerse de mucha morralla. Y le marco con un rotulador rojo por donde tiene que cortar.


¿Conservas todavía la máquina que te dio tu padre? nemo tenía interés por ella, mucho interés, y como somos buenos amigos, quizá uno de mis mejores amigos, se la di. No soy de los que hacen de un objeto un fetiche, y aunque era la máquina con la que empecé a escribir, no era alejarme demasiado de ella, casi, casi, era como si quedara en la familia, ya digo se trataba de un buen amigo. Una máquina de los años cuarenta, una portátil, de las portátiles que habría por aquella época, pesaba más de diez kilos. nemo la quería para ponerla a lado del televisor. Y la puso a lado del televisor.

Se lo dije, que si quería escribir con ella, tenía que arreglarle una varilla del rodillo, que se la rompí yo en un calentón, cuando no encontraba la forma de plasmar un poema. Tiré del papel y me cargue la varilla. Fue un disgusto familiar, tuvieron que comprarme otra máquina. Se podía arreglar, pero se pensó que era mejor comprar una más moderna y más ligera, porque yo por aquel entonces compaginaba el trabajo con mi afición a la escritura, y la máquina iba conmigo de la casa al trabajo y del trabajo a casa. La vieja quedó arrumbada, porque no había manera de escribir una línea a derechas, se iba el papel para todos los lados.

nemo, es un tío raro ese nemo, le he observado y he observado sus pies, no su tamaño, que es normal, no, su pie es pequeño, que no calzará un 39, pero no para de moverlos. Al principio pensaba que era un tic, pero observándolo no parece que sea un tic, porque guarda patrones, aunque muy simples y muy poco elaborados, no parece que sea un tic.

Y eso me ha llevado a consultar con especialistas en pies. De hecho lo tuvieron en sus manos y no sé que habrán hecho con esos pies, aparentemente se siguen moviendo. Se me escapa lo que le habrán hecho a ese pie, al que no calza el 39, pero eran buenos especialistas, y aunque no me dijeron el qué, lo que sea bien hecho está. Los especialistas me dijeron que esos movimientos no tenían la menor relevancia, ya digo, unos especialistas estupendos, muy profesionales y muy conocedores de su oficio.

Y siempre se pasa con los auriculares puestos, como oyendo música, y probablemente sea música, pero en eso nunca me he fiado de sus gustos, que la dodecafonía no es su fuerte. Aunque me mueve la curiosidad por lo que estará escuchando cuando mueve los pies. Ahora, he levantado la vista del teclado y veo como los está moviendo, de las pocas veces que levanto la vista del teclado. Ahí está, tacón, tacón, puntera, ahora mueve las manos: como un loco. ¡Qué ridículo!, menos mal que nadie le está viendo.


--"Esta ecuación es muy complicada, solo la entendemos yo y mi primo". Y los demás nos lo tenemos que creer.

Cuadriculado, es cuadriculado. El muy hijo de la Gran echa por tierra el trabajo de todo el mundo, sin despeinarse. Ya le tengo dicho que se preocupe de sus tonterías, de las que sube a la Web, y que deje en paz el trabajo de los demás. Iban instituciones responsables como son las universidades o gobiernos a tirar el dinero de los ciudadanos? Pero no, llevo años intentando convencerle, incluso le dejo revistas sobre la mesa para que se entere de los premios que les han dado, pero como no lee... Le borro algo, que también intenta subir a la Web esas tonterías, tonterías que me he dado cuenta que ni él mismo se acuerda de haberlas escrito. Pero él insiste. "Mi trabajo es para doscientos años, mis ecuaciones no se entenderán hasta entonces", y dice que son unos fatuos. Si por él fuese estaríamos todavía en las cavernas. No comprende que hay personas de un pensar superior, que es por ellas por lo que hemos avanzado lo que hemos avanzado. "Los dragones ¿Se ha demostrado ya la existencia de dragones?" Así piensa. Hay cosas que hoy vemos como imposibles pero que en un futuro se harán posible, pero él no, dice que la mayoría de lo que se ha imaginado a lo largo de la historia son supersticiones que no se han cumplido y que no se cumplirán, y que por el contrario, algo que no alcanzamos a imaginar hoy, se hará realidad mañana. Profeta, nos ha salido profeta. O loco.


Catenaria nombre de mujer. Es como un niño, infantil e ingenuo como un niño. Me contó que de pequeño le tomaban el pelo con un tren. Un tren de esos con los que jugábamos de pequeños, que circulan por una vía que es un círculo, que anda y anda sin llegar a ningún lado. Se ponía delante del escaparate de una juguetería que exponía uno de esos trenes y que arrancaba y se paraba cada cierto tiempo. Y se reían de él, porque se pensaba, le hicieron creer, que cuando se gritaba ¡arranca!, el tren se ponía en marcha y cuando se gritaba ¡para! el tren paraba. Y se reían de él, y era un espectáculo, porque gritaba con toda su alma, y los que pasan por la acera se sorprendían de sus gritos. Pero lo curioso era que no solía fallar, que decía ¡arranca! y el tren arrancaba, y decía ¡para! y el tren paraba

Lo digo porque hace unas semanas me la quiso jugar. Ya veis, intentar jugármela a mí, en la facultad era yo el que gastaba las novatadas, como para que me vengan a mí con novatadas. Me mandó a un amigo, entonces no lo conocía, y me empezó a hablar de trenes, cuando empezó con los trenes ya se me levantaron las orejas, que es esa la obsesión de nemo. Y me intentaba envolver, que si cambio de vías, que no se qué de agujas que cambian a vía muerta, que si era el inventor de la pintura más avanzada del mercado, me imaginé a su hijo grafiteando los vagones, más de lo que él habrá hecho en toda su vida, que ahora somos muy amigos y nos apoyamos en la misma barra de bar. Que si veinte mil voltios por aquí, que si doce mil por otro lado. A mí me extrañó que por la catenaria corrieran veinte mil voltios. Y me respondió: ¿Catenaria? ¿Nombre de mujer?


Reprodución de una parte de un décimo de lotería, la parte izquerda. Reproduce el escudo del franquismo con su águila imperial.

No sé cómo compartimos piso, porque somos muy diferentes y tampoco es que estemos en edad de compartir piso. Pero las circunstancias de la vida nos pusieron en la calle a los dos el mismo día, que ya es casualidad, y los dos estábamos esperando en la misma agencia, y había un piso que nos gustaba a los dos, en otra ocasión lo describiré. Pero no coincidimos en nada, aunque para ser compañeros de piso y para tener ya cada uno nuestras costumbres muy establecidas, nos llevamos muy bien, mejor que muchas parejas en la que él y ella están todo el día a la greña.

Es un jugador compulsivo, al contrario que yo que soy muy racional para eso del juego, creo que para todo, pero para eso del juego también. El juega a todo, lo mismo a ruleta que a las chapas, y yo le digo que llegará el día que lo pagará caro, que no se puede estar acertando siempre en los juegos de azar.

Le he explicado las posibilidades que hay de ganar en un juego de azar y le he dicho que siempre se pierde. Y va y me dice que duplique la apuesta. Le explico que duplicando la apuesta siempre se pierde, que no puedes apostar duplicando la apuesta indefinidamente, que en todo momento las ganancias son inferiores a lo que se necesita apostar para que salga tu casilla. Eso se lo digo, le digo que así siempre se pierde. Y va y me dice que entonces lo tiene claro, apostar esperando a que no salga la casilla, que así se ganará. No tiene arreglo. Y no para de jugar a la ruleta o a las chapas siempre que se le presenta la ocasión, incluso me ha dicho que si hubiese un casino cerca de casa se arruinaría. No tiene arreglo, y en eso como en otras cosas lo he dejado por imposible; porque además, lo mismo gana a la ruleta que a las chapas. Será la suerte del campeón, eso si no lo conociera.


Cumpleaños feliz. Eso era lo que ponía en la tarta, que era el cumpleaños y le preparamos una buena fiesta. Mundial, nos entregamos a fondo, pusimos todo lo mejor de nosotros, queríamos que fuese un cumpleaños inolvidable, que nemo se lo merece. Y no faltó de nada, a eso de organizar festejos no me gana nadie, no nos gana nadie, que todos pusimos, cada uno, nuestras ideas. Hasta petar, para que recordase sus tiempos de juventud. Y tampoco se iba a quedar ahí la cosa, que como os dije, para eso de las novatadas soy un lince. Metí unos fulminantes en los pétar, para que nemo se riese cuando nos explotaran en la cara. Lo pasamos bien. Memorable.


Relevos y desfile

(Abierto el nuevo capítulo el 27 de febrero de 2012)

Reprodución de una parte de un décimo de lotería, la parte izquerda. Reproduce el escudo del franquismo con su águila imperial.

No es fácil eso de escribir, alguien se puede pensar que un escritor, que no escribe más de dos o tres páginas al día, eso en el mejor de los casos, se pasa el resto del día tumbado a la bartola. No, para que salgan esas dos o tres páginas tienes que estar concentrado todo el día, no puedes distraerte, debes planificar bien el trabajo, son muchas cosas las que hay que tener en cuenta. Yo, por ejemplo, antes de iniciar una novela, que me gustan las novelas, escribir novelas, tengo algunas que pueden superar las quinientas páginas y que voy publicando como puedo, lo planifico todo perfectamente. Para llevar bien el hilo de una novela de quinientas páginas hay que reflexionar sobre su argumento, un pequeño desarrollo del mismo, decidir personajes y situaciones, dividirla por capítulos, decidir los escenarios en los que se desarrollarán las mil peripecias que, también, habrá que imaginar, la imaginación es muy importante. Todo eso lleva su tiempo, es como cocinar. Todo para lograr escribir dos o tres páginas diarias. La gente se cree que esas dos o tres páginas solo requieren el tiempo que el escritor se pasa delante del teclado. No, porque aun contando con toda esa planificación, cuando el escritor no escribe, piensa. Debe pensar todo el día, día tras día, sin distraerse para lograr esas dos o tres páginas diarias.

Así es como me planteo mi trabajo, con seriedad y dedicación. Luego está nemo. Claro, todo el día delante del televisor, lo más que le salen son unos párrafos.


"Debería haber carreras de caballos por relevos". Eso me dijo, es un sinsentido una carrera de caballos de relevos ¿cómo se pasan el testigo?, es difícil. Y es por eso por lo que nemo piensa que debería haber carrera de cavallos de relevos, porque piensa que es la habilidad en el paso del testigo lo más importante en una carrera de relevos. Yo pienso que será el último sprint lo más importante ¿no? Ánimo.


Es un poco bruto. O no, porque nunca sé muy bien si está hablando en serio o en broma. Ayer, soltó otra de las suyas, que podía no ser o sí: "Yo acababa con el paro en dos meses". Era, pero como estaba esperando que le preguntase, le pregunté, "sí, dos meses, el tiempo que me lleve convocar oposiciones". Ya estaba esperando lo peor, porque cuando habla tan seco y con frases tan cortas uno se espera de él lo peor, para reír o para llorar. En qué resolvería la crisis las oposiciones que pretendían plantear, tontería que me lo preguntase, porque ya sabía yo que saldría con una insensatez: "Oposiciones para dos millones y medio de antidisturbios. En dos meses solucionados dos problemas, la mitad del paro y el hurto famélico".


Acabo de distribuir la compra, y esto me ha hecho recordar los primeros meses de convivencia mutua. Firmamos y enseguida vinimos para acá, sin pensarlo demasiado. Fue cuando comenzamos la convivencia cuando nos vino a la mente lo difícil que es compartir piso, las tensiones que suelen producirse. Cuando cerramos la puerta tras de nosotros, nos miramos, los dos estábamos pensando en lo mismo, pensamos que nos habíamos precipitado. Mantuvimos una conversación para procurar que a nosotros no nos pasase lo que suele pasar cuando se comparte piso, ya digo, problemas de convivencia, esas pequeñas cosas que a la larga lo enturbian todo.

Me he acordado ahora porque he distribuido la compra, y lo he recordado al meter los congelados en el congelador, recordé que fue uno de los puntos que tocamos, dividirnos el congelador y que ninguno tocase la comida del otro. Luego, con el tiempo, viendo que muchos de esos problemas que cuentan cuando vas a compartir piso no son ciertos, o por lo menos no en nuestro caso, pues nos olvidamos de aquella primera conversación y comenzamos una convivencia más natural, más espontánea.

Todo va mejor. Y aunque somos totalmente diferentes en muchos aspectos, como compartimos nuestra afición por la escritura, eso nos une. Mantenemos charlas muy amenas, siempre o casi siempre sobre literatura. Creo que le estoy valiendo de mucho, porque nemo, escribir... escribe, pero no anda muy bien en sus conocimientos sobre la propia literatura, y le estoy ayudando, creo que le estoy ayudando, no es bueno que si algún día llegara a abrirse paso en este mundillo, le preguntasen y no supiese contestar. Llegamos, incluso, a hablar sobre los clásicos. Y ayer tocó a la literatura francesa, estuvimos un buen rato hablando, en parte encauce sus conocimientos sobre literatura francesa, aunque no sé hasta qué punto estaré haciendo algo, porque después de horas, cuando creía que ya había captado la esencia del tema, no mucho más, porque el tema es muy amplio, va y me dice que Voltaire sí, que admira los cuentos de Voltaire, pero que no logra redondearlos, que algunos finales él los habría escrito a su modo. Descolocado, me dejo descolocado. Le pregunté por alguno en concreto y me dijó que Cándido. Terminó de descolocarme.


El billar americano es un juego entretenido, a veces bajamos a la cafetería de la esquina, que tiene una mesa. No está del todo equilibrada, pero nos entretenemos jugando de vez en cuando una partida. Es bonita la mesa, con su fieltro verde, sus bolas de colores y sus troneras. Son siete para cada equipo que van numeradas del uno al siete y que son de colores, muy apropiadas para enseñar los números a los niños, porque son muy vistosas. Las lisas y las ralladas. Solemos echar a suertes con qué bolas jugamos, y es un juego entretenido, y curioso, porque el final siempre es el mismo, acaba con la bola negra en la tronera.

Bola de billar americano. La número 8, negra.


Plan C

¿Y qué hace un clásico en el tropel de ruiseñores modernistas? Niños, ¡a ello!

Luces de bohemia, Valle Inclán

Las paredes están revestidas en pino, solo en parte, que la ducha está alicatada. Dije de describir el piso, tengo delante de mí un paisaje que nemo se empeño en alfiletear sobre la pared, y en el tiempo que lo contemplo se me ha ocurrido que era buen momento para describir el cuarto de baño. No sé si alguien lo describiría como minimalista o barroco, porque las piezas podrían encajar con el arte minimalista y los revestimientos, barrocos; está la madera y los azulejos y se van entreverando, enlazando ambos de un modo que no se si calificar de hortera o acertado, nunca admitiría el calificativo de sobrio.

Es espacioso, uno podría pasarse allí toda la vida. Las piezas, minimalistas, ocupan poco espacio en el conjunto y queda sitio sobrado para hacer unas flexiones, para mantenerse en forma. Y es espacio que los escritores no podemos desaprovechar, espacio que también aprovechamos para pensar. Los escritores somos muy imaginativos. Miro por la ventana, que proyecta la luz en vertical, dejando ver los dos soportes en paralelo que mantienen a la maceta en su alfeizar, y me estoy imaginando ya la siguiente escena, la que tengo que teclear cuando vuelva frente a la computadora. Así somos los escritores, así es nuestra imaginación, el edificio de enfrente, un bloque gris plomizo me lleva a imaginar la escena de una partida, la clásica partida de un barco, que puede ser un crucero, con los pasajeros apoyados sobre la barandilla de cubierta agitando las manos, lanzando guirnaldas o royos de papel higiénico a los que les despiden desde el muelle. En esta ocasión es papel higiénico lo que se desenrolla y alcanza el muelle. Me imagino un ambiente festivo, un festival de manos agitándose, unos con una saludable y alegre sonrisa, otros con lágrimas en los ojos.


La pecera, llamamos "la pecera" al cuarto donde trabajamos nemo y yo, sigo con la descripción del piso, no es muy amplio, por eso le llamamos la pecera. Es la pieza más pequeña del piso, que las juergas las corremos en el salón, pero es suficiente para que tengamos instaladas en ella las dos computadoras. Una estantería recorre una de sus paredes; en lenguaje poético podríamos decir que la literatura recorre la pecera de lado a lado, con sus extremos cortados por el transparente vidrio de sus paredes. Son dos baldas sin divisiones; es allí donde colocamos libros, escritos, revistas, todos los materiales de los que nos valemos para nuestro trabajo; que la gente puede pensar que lo nuestro no es un trabajo, pero ya creo que quedó bien claro que sí lo es. No es muy amplia, es la más pequeña del piso, decorada con papel pintado. Pasamos nuestras estrecheces, así de limitada es, y no es raro que tropecemos cuando alguna vez nos cruzamos. Y cómo es nemo, que lo diga él..., también ha salido ya en algún párrafo, su manía o su tic, que nunca estaré seguro, el andar siempre con los pies en movimiento, él que tiene los pies siempre en movimiento, como siguiendo el ritmo de alguna canción, que diga: "Menos más que ando con pies de plomo, que si no tropezaríamos más". Eso, nemo.


Viajar es una fuente inagotable de inspiración para nosotros los escritores. Hay monumentos y puentes de mérito que nos sirven de inspiración. Y están los viaductos, magníficos, que sus numerosos carriles permiten que el tráfico transite con fluidez. En esto también nos fijamos los escritores, que también sabemos ser prácticos, que vemos el mérito no solo en monumentos y rascacielos, también en viaductos y túneles. Son los que nos conducen a los monumentos. ¡Qué serían los unos sin los otros! neno es escéptico, escéptico para todo, no solo para los monumentos, rascacielos, viaductos y túneles, siempre está con su lapicero y goma, no es que lleve siempre encima un lapicero y una goma, es que siempre tiene en la boca: "Lapicero y goma", "lapicero y goma". Se acuerda de los de antes, los que llevaban el oficio a todas partes. Iban con su bloc, su lapicero y su goma, y lo apuntaban todo. Y él, cuando ve un monumento, un rascacielos, un viaducto o un túnel, de merito, siempre dice: "Lapicero y goma", quejándose de sí mismo por no llevar consigo bloc, lapicero y goma.1


1.- "Lápiz y goma" es una expresión de nemo que se acuerda cuando para presentar un trabajo a un concurso lo tenía que entregar por quintuplicado, significa lo poco que le cuesta ahora realizar sus trabajos y subirlos a la Web, suele decir: "Esto, con un lápiz y una goma".

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