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Filosofía evolutiva
Forma parte del diseño. Jirafas cavalgando por la sabana.

nemo









Filosofía evolutiva

Una alternativa a la actual teoría de la Evolución


  • 00.- Introducción y prólogo
  • 10.- Contexto
  • 20.- Teoría de los procesos
  • 30.- Hipótesis sobre la Vida



  • Introducción y prólogo


  • 01.- Prólogo 2012 (en edición)
  • 02.- Introducción 2011
  • 03.- Términos y expresiones
  • 04.- Introducción 2005
  • 04.1.- SN ¿predictiva o descriptiva?
  • 04.2.- La SN como teoría científica
  • 04.3.- Doctrina, teoría y duda

  • Introducción 2011

    Durante estos últimos años he intentado en varias ocasiones retomar mis primeros trabajos sobre evolución de 2000. De estos intentos conservo trozos de textos de diferentes aspectos relacionados con la evolución. Unos, intentos de rebatir el darwinismo y otros, intentos de focalizar el evolucionismo en sus muy diversos aspectos.

    Prácticamente no me sirve nada de aquellos intentos, quizá solo me servirán para utilizarlos como guión sobre los capítulos a desarrollar. Me movía entre contradicciones internas. Me era sabido que mis trabajos habían trascendido y, aunque con dudas, pensaba que se estaban abriendo camino, al menos en sus conceptos generales. Y en un tema como este, el de la Evolución, con una teoría anterior muy arraigada, convertida en dogma, el capítulo o los capítulos principales deberían ser aquellos destinados a su refutación. Pero… si, conocidos mis escritos de 2000, se estaba imponiendo una nueva visión de la Evolución, si esa visión estaba desplazando a la anterior, tenía poco sentido profundizar el trabajo en una contestación estructurada al darwinismo. Por otra parte, una y otra vez, mis intentos en dar esa contestación caían en argumentos pueriles; porque, en muchos casos, no hay otro medio de contestar a determinados conceptos y argumentaciones darwinistas. Y estos dos extremos hacían que afrontase su refutación con dudas e inseguridades.

    Pero lo fundamental para que estos trabajos no hayan pasado de meras anotaciones ha sido el que no he logrado durante estos años afrontar un trabajo sin que al poco de afrontarlo haya perdido la estabilidad emocional.

    Voy a detenerme en algo que escapa a este trabajo, porque es una intuición sobre el comportamiento de los que han sido y siguen siendo mis explotadores y son sus intereses.

    Todo hay que entenderlo desde la perspectiva de que soy controlado las 24 horas, que todos mis trabajos, este que estoy tecleando, y todos los anteriores les llegan de manera inmediata. Pero también mis comentarios. Siempre les han llegado mis comentarios. Y si en un principio me quisieron hacer pasar por un patán inculto, debió llegar el momento que analizando mis comentarios, sobre temas inducidos por ellos en muchos casos, no eran tan descabellados, que en muchos casos ofrecían soluciones que ellos no habían intuido. Sirva como ejemplo uno reciente. Después de la tragedia de Haití, comenzó a llegar la ayuda por vía aérea, y las infraestructuras del aeropuerto de Puerto Príncipe estaban destruidas, por lo que, a los pocos días, cuando se masificaron los envíos, sin control aéreo, se hizo peligroso el acercamiento al aeropuerto y casi imposible el aterrizaje. Se barajó suspender momentáneamente los envíos de ayuda hasta restablecer las condiciones que hiciesen seguras las operaciones.

    Ese mismo día en el que se estaba valorando el cierre del aeropuerto, ofrecí en mi ámbito privado una solución: cerrar el espacio aéreo de Haití, desviar todo el tráfico al aeropuerto más cercano y, desde ese aeropuerto, fletar los aviones con destino Puerto Príncipe en intervalos razonables que podrían ser de diez o quince minutos. Así sería innecesario el control aéreo en el aeropuerto de destino que estaba inutilizado por el terremoto (las salidas, conociendo los intervalos de entrada, también serían fáciles de gestionar, aunque no fuese posible la comunicación con los aviones que arribaban).

    Las ayudas no se interrumpieron, ni tuve noticias de que persistieran las dificultades en la recepción de esas ayudas desde los medios de comunicación de mi país. Solo, semanas después pude advertir por informaciones indirectas, las tensiones que se generaron en la organización del envío de la ayuda desde un aeropuerto de la República Dominicana, en la misma isla, supe que los envíos llegaban a ese aeropuerto y desde allí se organizaba el envío al aeropuerto de Haití. Estoy convencido de que fueron estos comentarios, siempre escuchados por mis explotadores, lo que posibilitó ese cambio de estrategia y con ese cambio la continuidad de las primeras ayudas. Pienso que esos comentarios míos posibilitaron esa continuidad en el envío de ayuda, algo por lo que me siento muy satisfecho, pero que se me oculta.

    Voy a dar otro ejemplo llamativo, y hasta cierto punto constatable, de cómo utilizan mis explotadores lo que deben ser mis “acertadas” intuiciones. Este ejemplo se refiere a las dos gripes que han alarmado por creerse que significarían grandes pandemias. Debo decir que, conociendo los procedimientos de mis explotadores, tratándose como se trata de tomar decisiones, algo que ellos no llegan a entender pero que yo sí soy consciente, en base unos comentarios improvisados de mi vida privada, sin un detenido análisis de los mismos, porque así es como hablamos todos con la familia y los amigos, procuro ser muy discreto, no comentar prácticamente ninguna noticia, ningún acontecimiento. Y he observado que mis explotadores se han buscado el medio de que comente aquellas cuestiones que les son de interés. Así, personas muy cercanas a mí se encargan de sacar temas, a veces de forma tan evidente que me evado de ellos; pero en otras ocasiones, como no puedo renunciar a comunicarme con los demás y, también, como no mantengo una especial alerta, comento; y mis explotadores, en casos, toman decisiones en base a esos comentarios que no pasan de ser comentarios que se dan apoyados en la barra de un bar. Parece increíble que alguien pueda dirigir un país así, pero así es, en manos de esas personas estamos.

    En la gripe aviar, que claramente salió el tema en un momento en el que por mi proceso de recuperación prácticamente no hablaba, opiné, como el que opina apoyado en la barra de un bar, que difícilmente se extendería porque tenía la impresión (impresión, no conocimiento) de que estaba siendo bien controlada. Y cuando surgió la gripe porcina volvió a salir la conversación en mi entorno familiar, en varias ocasiones, en algunos casos de forma muy artificiosa, hasta que opiné que en este caso, por lo extendida que se encontraba, existían muchas posibilidades de que llegase a España. Fue una conversación familiar, como los comentarios que se hacen cuando estamos apoyados en la barra de un bar; pero el resultado fue que se compraron millones de vacunas (solo entiendo el desatino basado en esos comentarios, ya digo, comentarios de bar) que en el mejor de los caso habrán sido destruidas y en el peor, para tratar de ocultar la ineptitud y los costos que se derivan de esa ineptitud, se hayan suministrado o se suministren para otros casos en los que supuestamente serían también efectivas, o se hayan destinado o se destinen a ayudas a otros países. La gripe llegó a España, pero no fue relevante; como era de prever, como nadie lo pensamos que llegara a serlo, y ahí está el que nadie nos vacunáramos. Pero, mucho me temo que en base a un escueto comentario de bar se gastaron cientos o miles de millones de euros en vacunas.

    Esto parece cosa de locos, pero son trece años soportándolos, viendo como actúan, conociendo sus intereses, y no me equivoco: numerosas decisiones de gobierno las han tomado en base a esos comentarios de bar. Así han zigzagueado en todos los temas, especialmente en las cuestiones sobre economía, basándose en muchos casos en comentarios de bar. Y así nos ha ido.

    Pero también, después de trece años aguantándolos he llegado a intuir cuales son sus intereses sobre mí y cuales sus temores. Sus intereses están en pequeñas cosas, que les sirva de algún modo en la toma de decisiones sobre determinados temas, temas que sacan a conversación a través de marionetas que han colocado en mi entorno. Y escudriñando en mi actividad diaria, aquella que puedo realizar bajo la presión de estar siempre sometido a la presión de ser y saberme un esclavo y un conejillo de indias en sus manos, en apuntes que suelo hacer (para entretenerme) y que pudieran tener una aplicación mercantil (porque cuando advierto un problema, me entretengo indagando sobre su posible solución); aparte de la relevancia que les confiere el mantenerme en esta situación y, en cierto modo, propaganda que pueda servir para la promoción de productos españoles y el turismo.

    Y sus temores son que haga algo consistente, algo serio, que desarrolle temas como este de la Evolución; porque seguro que están o han estado en la labor de apartarme de tal teoría para trabajarla con otros y sacarla adelante con otros. Siempre, sin excepción, cuando me he puesto a la labor de mis intereses principales: teatro, Evolución, cosmología,… he recibido un bombardeo de estímulos negativos y elaborados intentos de desequilibrarme emocionalmente. Todo ha conducido a que no pueda mantener mi actividad en estos temas mucho más allá de sus primeras páginas.

    También, cuando sabiendo esto he arrinconado estos trabajos y he intentado trabajar en algún otro tema, como mi actividad con los dibujos o interpretaciones plásticas, se han producido las mismas manipulaciones (soy consciente de que se intenta desacreditar todos mis trabajos, y esto, evidentemente, porque dificulta la posibilidad de mantener mi situación de esclavitud, su intención de manipularme y sus deseos de convertirme en un pelele ridículo). Y cuando me he dedicado a la fotografía de reportaje, ha sido aun mas grave. Se me ha boicoteado desde diversos aspectos: se han puesto personajes allí donde iba con la cámara, hasta el punto de que al día de hoy soy incapaz de saber que instantánea es realmente una instantánea o una escenificación de mis explotadores. Y como sus esfuerzos nunca se apartan del interés monetario, como están acostumbrados a ordeñarme, se montaron, allá a donde iba, escenificaciones publicitarias. Tres meses de intenso trabajo tirados por la borda. El resultado es que, contaminado por unos prepotentes que querían, y han conseguido, manipularlo, ha quedado destrozado y su probable valor actual, como testimonio de su barbarie, no me interesa.

    Esto va en el prólogo de este trabajo que ahora intento iniciar para significar las dificultades que conllevará su realización. Y exteriorizar mi mala leche ahora que me he propuesto continuarlo aprovechando las notas de que dispongo y me encuentro con que la mayor parte de estas anotaciones son inservibles, que pasados once años desde que redacté el primer esbozo (lo principal escrito en el transcurso de uno o dos meses), me encuentro con once años en blanco, once años que deberían haber servido para desarrollarlo, a su tiempo, cuando la hipótesis debía desarrollarse y defenderse; pero me encuentro con una hipótesis que se quedó en su primer borrador.

    Ahora, a destiempo, sin saber qué es lo que tengo que refutar y qué parte de mi hipótesis se considera acertada, sin conocer el estado actual de la ciencia en este campo, con documentación obsoleta, desde un aislamiento que continúa y continuará, acometeré con escasas garantías de éxito este trabajo.

    Voy a desarrollarlo del modo que parece que me voy acostumbrando, subiéndolo directamente, jornada tras jornada, sin su forma definitiva, que en este caso variaría bastante dado que primero intentaré desarrollar apartados concretos (funciones en la programación informática) y posteriormente intentaré dar una forma definitiva al texto que le de continuidad y coherencia (incluir las funciones en el algoritmo del programa).

    En todo caso sé que será un ensayo testimonial, aprovechando unos conocimientos adquiridos hace años, en un campo que, y probablemente como consecuencia del conocimiento de mi primer borrador, habrán quedado obsoletos.





    Términos y expresiones

    Para nuestras descripciones nos valemos del lenguaje y las palabras, y nos valemos de esas palabras, en casos en su sentido literal, y en casos en un sentido más extenso. Esto es así en textos de ficción y en textos de comunicación. Es inevitable y es un método muy eficiente, porque permite expresar muchos más conceptos de los que podrían expresarse dándole a las palabras, exclusivamente, su sentido literal.

    En una hipótesis que en sí no debería ser diferente a otras, pero sobre la que se ha establecido durante más de 200 años un campo de batalla, no van a faltar interpretaciones intencionadas. Es por esto que me siento en la necesidad de explicar, someramente, el sentido intrínseco de la hipótesis (según mi punto de vista) y el modo en que afronto su desarrollo. Esto para que se entienda la no literalidad de determinados términos que utilice.

    Pienso, también en este aspecto, como pensaba Lamarck que la naturaleza encierra todo lo necesario para conocerla y comprenderla. Y su estudio, las conclusiones a las que se puedan llegar, ni afirmarán ni contradirán la idea de Dios; porque la idea de Dios y las teorías o hipótesis científicas tienen caracteres y ámbitos distintos. La realidad se ha encargado de confirmar esa afirmación de Lamarck que desvinculaba Ciencia y Religión (contradicha tozudamente por Ciencia y Religión durante los 200 años que nos separan de ella); porque han existido y existen científicos creyentes y no creyentes, sin que se pueda afirmar que son mejores o peores científicos por su condición de creyentes o no creyentes; Y pienso que tampoco un creyente es peor creyente por su carácter científico. Y aprovecho para explicitar mi posición a este respecto: no soy creyente, y tampoco me considero un científico, no lo soy, más bien soy, o quisiera ser, un pensador; y es mi imprudencia la que me lleva a expresarme en terrenos que perfectamente pueden ser para mí arenas movedizas.

    Y este trabajo parte de considerar a la Vida como un sistema que puede explicarse desde el propio sistema, excepto su origen (y sus implicaciones holísticas fuera del propio sistema), que pienso, en el futuro podrá explicarse desde la Física, o desde trabajos interdisciplinares que incluyan a la Física, porque la vida es parte de la Física, aunque tan compleja y especializada que escape a su estudio desde esa especialidad y, más que ningún otro conocimiento, sea uno de esos cajones en los que compartimentamos nuestro conocimiento. Pero llegar a las últimas consecuencias en el conocimiento de la Vida o el Universo ni afirmará ni contradirá la idea de Dios.

    Y, concretamente, para el relato de la hipótesis, podré expresar que “se dota de complejidad”, “que guarda memoria”, “que se transforma”, Etc. Muchos términos que pueden hacer pensar que si se dice que la vida piensa es que se la considera o se la puede considera con tal o cual cualidad,… En la hipótesis, la Vida se estudia como un sistema que puede explicar sus procesos y mecanismos sin recurrir a la metafísica. Y, aunque procuraré evitar expresiones que puedan llevar a malentendidos en ese sentido, no podré escapar a expresiones que pudieran crear esos malentendidos, si se toman las palabras en su sentido literal.





    Introducción 2005 (inacabada)



    Todos ellos trataban de demostrar que el hombre, gracias a su inteligencia superior y a sus conocimientos puede suavizar la dureza de la lucha por la vida entre los hombres pero al mismo tiempo, todos ellos reconocían que la lucha por los medios de subsistencia de cada animal contra todos sus congéneres, y de cada hombre contra todos los hombres, es una "ley natural". Sin embargo, no podía estar de acuerdo con este punto de vista, puesto que me había convencido antes de que, reconocer la despiadada lucha interior por la existencia en los límites de cada especie, y considerar tal guerra como una condición de progreso, significaría aceptar algo que no sólo no ha sido demostrado aún, sino que de ningún modo es confirmado por la observación directa.

    El apoyo mutuo,P. Kropotkin.


    La selección natural ha servido, y sirve, para justificar la evolución. Es extraño que un mecanismo con tan escasas capacidades de describir procesos evolutivos sirva para justificar la evolución de la vida. La supervivencia del más apto quizá sea un concepto tan arraigado en nuestro interior que oscurece otros aspectos que también están presentes en la vida. La ley del más fuerte debe de haber convivido con nosotros durante demasiado tiempo.

    Un individuo hereda un carácter que le hace más apto. Este individuo tendrá más posibilidades de desarrollarse y reproducirse, y con el tiempo desplazará a los otros miembros de su especie que no son portadores de ese carácter”. Así las especies se adaptan mejor al medio, ganan en eficacia, evolucionan. Esto que puede sonar tan coherente e intuitivo contradice lo que podemos ver, si miramos, a nuestro alrededor. ¿únicamente vemos en la organización de los seres vivos competencia y lucha? Pongamos el ejemplo del buey almizclero. Si los progenitores de buey almizclero defienden a sus crías, las crías de aquellos progenitores más fuertes y capacitados tendrán más posibilidades de sobrevivir, y como éstas crías heredan la fortaleza y aptitud de sus progenitores, con el tiempo, la especie del buey almizclero será más fuerte y capaz. Esto puede ser muy razonable, pero la historia es mucho más humana. El buey almizclero vive en manadas que según las épocas pueden superar los cuatrocientos, quinientos ejemplares. Los bueyes almizcleros cuando se sienten amenazados forman un círculo mirando todos hacia el exterior haciendo, todos, frente al peligro y manteniendo a las crías protegidas en el centro de ese círculo. En este ejemplo (que es sólo un ejemplo. La cooperación, el mutualismo, la interacción inunda la biología de los organismos, su desarrollo y su evolución) no sirve la traslación directa del principio de selección natural, habrá que buscar el por qué los bueyes azmizcleros han evolucionado en el sentido de aumentar su fortaleza.

    Si la selección natural fuese la fuerza que mueve la evolución, el buey almizclero, con su actitud solidaria, cooperando todos los miembros de las varias familias integradas en el grupo, los más fuertes con los más débiles, progenitores y no progenitores, estaría renunciando a evolucionar en el sentido de conseguir una mayor fortaleza física que le permita enfrentarse con éxito a sus posibles depredadores y, por lo tanto, condenándose a la extinción.

    Mediante un error genético, un individuo de buey se dedica a defender a todas las crías de la manada, en lugar de centrarse en la defensa de las suyas propias. Sus crías podrían heredar ese carácter altruista, pero sus posibilidades de sobrevivir y las posibilidades de sobrevivir de sus futuras crías serán menores a las de cualquier otra cría cuyos padres se centran en el cuidado exclusivo de sus crías. Podemos generar un modelo matemático que dada una situación concreta, donde unos determinados individuos colaboren y otros no, estableciendo unos determinados vínculos familiares entre los miembros de la manada, creando un sistema de sanciones y recompensas, la selección natural pueda explicarlo; pero la selección natural no podrá describir la evolución de ese carácter, cómo se inicia y cómo progresa hasta extenderse en toda la especie.

    La aleatoriedad del error genético no se puede desprender del imperativo de la supervivencia del más fuerte, únicamente esa asociación puede crear apariencia de evolución. El neodarwinismo sostiene como semilla de la evolución al error genético, y el error genético no puede prescindir de la selección del más fuerte. Así, el neodarwinismo, ante valores antagónicos a esa selección competitiva, como es la cooperación, parece tener una sola salida: negarlos. Surge la irresponsable insensatez de considerar al altruismo como un egoísmo disfrazado, y allí donde no puede demostrarse tal doblez, considerar al altruista como un idiota que está siendo manipulado. ¿Cómo tal absurdos y mezquinos argumentos se propagan en los amplios ambientes neodarwinistas sin el menor sentido crítico? Estamos rodeados de actos altruistas y no es de extrañar que también estemos rodeados de quienes encuentran un camino fructífero manipulando ese altruismo. Pero al probar que existe esa manipulación no se está probando la no existencia del altruismo. La existencia de esa manipulación confirma la existencia del altruismo.

    Si tuviéramos que decidir cual es la cualidad que mejor define a la vida, ésta sería, la interacción sin lugar a dudas, la cooperación. El ejemplo del buey almizclero no es ni único ni anecdótico, me atrevo a decir que en todas las especies que se reproducen sexualmente, en mayor o en menor medida, sus individuos cooperan entre sí, aunque también mantengan los más variados tipos de competencia. Y aquellos organismos que no han aprendido a cooperar no han pasado del estadio bacteriano.

    Ya en el origen de la vida podemos intuir cooperación (procesos sinérgicos). Supongamos unas moléculas tan simples que solo puedan expresar Si o No, supongamos treinta y dos moléculas con esa misma característica; tendríamos treinta y dos síes o treinta y dos noes, o una sucesión de unos y otros. Ahora supongamos que se deciden a cooperar estrechamente. Tendríamos un conjunto complejo capaz de configurar 4.294.967.296 alternativas. Treinta y dos moléculas simples jamás habrían alcanzado, compitiendo entre sí, la complejidad del conjunto que pueden construir cooperativamente. La selección natural presupondría que una de esas moléculas adquiriría la capacidad de expresar: Sí, No y “tal vez”. Una molécula más capaz que desplazaría a las simples moléculas binarias. No parece que la evolución de la vida responda a este presupuesto.

    Si no hubiesen cooperado las células procarióticas no habrían surgido las células eucarióticas, y si no hubiesen cooperado las células eucarióticas tampoco habríamos surgido los pluricelulares. ¿Se puede explicar a los multicelulares como un todo unitario o como un conjunto de unidades compitiendo unas con otras? Los eucariotas jamás se habrían dotado de un ecosistema tan especializado como somos los pluricelulares si no hubiesen abandonado la competitividad sustituyéndola por la cooperación. Vemos la vida, todo un universo evolucionando en cooperación que queda reducido y representado por el sistema depredador-presa. La vida es competitividad y cooperación, y la teoría que aspire a describir su evolución deberá ser capaz de describir procesos competitivos y procesos cooperativos.

    Es del gusto de los seleccionistas argumentar en contra de aquellos conocimientos que contradicen sus tesis considerándolos producto, o subproducto, de la ideología de quienes los exponen. Debemos admitir que nuestra ideología, y más concretamente nuestra particular forma de ser, limita nuestros razonamientos. Focaliza nuestros puntos de interés, nos acercamos a cualquier tema, por neutro que parezca, desde una óptica concreta y subjetiva. Por lo que decir que tal argumento o tal tesis es producto de la ideología de quien la propugna, es una obviedad; todos nuestros razonamientos son producto de nuestra idiosincrasia. Los razonamientos se invalidan con razonamientos. El Origen de las especies y el Origen del hombre sólo podían ser escritos por Darwin y El apoyo mutuo por Kropotkin. Y los que nos acercamos a las obras de Darwin y Kropotkin nos mostramos refractarios a los argumentos del uno o del otro y receptivos ante los argumentos del otro o del uno; y esto, fundamentalmente, porque en ambos trabajos se haya un elevado contenido ideológico. Con esto quiero decir que lo importante no es debatir sobre la mayor o menor carga ideológica de los que nos enfrentamos al tema de la evolución, sino lo acertado o desacertado de los argumentos que se expongan.

    Soy refractario a la teoría de la selección natural. Pero esto solo sería el principio, esta predisposición mía es la que me ha movido a dudar que la selección natural explique la evolución de la vida. Si al profundizar en el conocimiento de la evolución, la fuerza de los hechos hubieran confirmado la teoría de la selección natural, todo habría acabado ahí, me habría quedado un regusto amargo, pero debería haber admitido que Darwin estaba en lo cierto. Esto no ha sido así, los hechos no confirman que la selección natural sea acertada y, bajo el aparente consenso general a su favor, existe una marejada de fondo movida por científicos que la cuestionan y que cada día es más difícil de silenciar.

    En el presente trabajo se da escasa importancia a mecanismos de evolución selectivos. Aunque esos procesos existen, considero que tales procesos están magnificados y mis esfuerzos se encaminarán a intentar desmontar tal magnificación. Pero no se trata de sustituir competencia por mutualismo. Repito, aquella teoría que intente explicar la evolución deberá contemplar ambos fenómenos. Una teoría “mutualista” sería tan desacertada como lo es la teoría seleccionista. Y lo mismo que ésta se ve obligada a negar, ignorar, enmascarar y desvirtuar los procesos mutualistas; la otra se obligaría a hacer otro tanto con los procesos selectivos. Con todo, percibo el gran potencial del mutualismo, de la cooperación; potencial del que carece la competitividad. Y esto no tiene por qué ser una posición ideológica. El cooperativismo puede ser, y de hecho en casos lo es, tan pernicioso como el egoísmo. En muchos casos, cuando dos cooperan, lo hacen para fastidiar a un tercero. La medusa (La fragata portuguesa.) y el pez pastor colaboran entre sí: el pez pastor encuentra cobijo y comida entre los ponzoñosos tentáculos de la medusa; a cambio, sirve de reclamo para que otros peces se acerquen a ella y queden atrapados por aquellos tentáculos que él hizo pasar por inofensivos. No hay que ser muy perspicaz para, en nuestras sociedades, distinguir a medusas y peces pastor. No nos es complicado organizarnos para cooperan desinteresadamente intentando paliar una tragedia allí donde se haya producido; pero tampoco les es complicado ni trabajoso, a unos cuantos, ponernos de acuerdo para masacrar a terceros. Los organismos practicamos el mutualismo y competimos entre nosotros, son procesos detectables en la evolución de la vida al margen de valoraciones éticas.

    Desde el seleccionismo se destaca la gran capacidad descriptiva de la selección natural. Se dice que, perfectamente, describe los procesos evolutivos de la vida. Esto no es del todo cierto, la selección natural describe, no la evolución de la vida, sino las consecuencias de tal evolución. Todo proceso tiene como consecuencia que los elementos que componen tal proceso se alterar. Podemos decir que los elementos resultantes en un momento dado del proceso son los más útiles, más capaces, más aptos o, simplemente, más ajustados a los requerimientos exigidos por el propio proceso. Pongamos como ejemplo la evolución del lenguaje. Las palabras son elementos integrantes del proceso. En un principio las palabras eran unas y como resultado de la evolución del lenguaje ahora son otras, unas se han modificado, otras han desaparecido y otras nuevas han surgido. Podemos decir que unas palabras compiten con otras para perpetuarse (ésta sería la visión seleccionista), pero sería más correcto decir que las palabras surgen, se modifican y desaparecen como “consecuencia” de la evolución del lenguaje. La causa de la evolución del lenguaje no es que unas palabras más útiles sustituyan a otras menos útiles; como consecuencia de la evolución del lenguaje, en cada momento de esta evolución, unas palabras se hacen más útiles que otras, unas se usan más que otras, unas surgen por su utilidad y otras desaparecen al dejar de ser útiles. El lenguaje no es hoy más complejo, con un mayor léxico, con unas palabras más descriptivas que ayer porque las palabras hayan competido unas con otras. No es la competencia entre las palabras lo que hace que unas se impongan a otras. Decir que evoluciona el lenguaje porque las palabras más útiles permanecen y las que dejan de serlo desaparecen sería una tautología (ya, ya se que es nombrar a la vicha), y sería tomar las consecuencia por la causa.

    La selección natural (su axioma: el más apto desplaza al menos apto; el axioma neodarwinista: un error genético confiere una ventaja a su portador y tal error se impone en la población), no describe la evolución de la vida. Si bien determinadas especies desplazan a otras hasta su extinción (que sería el traslado del axioma seleccionista al nivel de la especie), esto sería lo menos significativo de la evolución de la vida. El axioma seleccionista configura una evolución de la vida donde unas especies se extienden a costa de otras (menos evolucionadas, menos aptas, que no son portadoras de la mutación ventajosa,...) cuando la realidad es que las especies evolucionan para explotar nuevos “territorios”, abriendo caminos alternativos que en la mayoría de los casos no significa desplazar a los organismos preexistentes sino por el contrario también posibilita su expansión. Y, principalmente, las especies no evolucionan porque un individuo de la especie más apto compita con otros hasta desplazarlos, sino porque, aprendiendo a colaborar, individuos de la misma o diferentes especies estrechan esta colaboración consiguiendo una mayor eficacia. Los grandes acontecimientos de la evolución no son producto de la competencia sino de la colaboración, y los organismos resultantes de esa colaboración no ocuparon el espacio de aquellos que no accedieron a tal colaboración sino que conquistaron nuevos espacios propiciando una expansión de la vida (considero como acontecimientos importantes: la simbiogénesis de bacterias para conformarse en células eucariotas y la de las células eucariotas para conformarse en pluricelulares. Considero a estos acontecimientos los hitos más importantes en la historia de la evolución de la vida, ambos propiciaron su expansión y ambos son producto de la colaboración y no de la competencia. En estos, los organismos protagonistas del cambio no desplazaron al resto. Si la extinción de especies es un hecho, también lo es que las arqueobacterias siguen formando parte de la vida).

    No pretendo, destacando el mutualismo, que se entable un debate sobre la mayor o menor importancia de la competencia o el mutualismo en la evolución de la vida. Es un debate que, desde la concepción de esta evolución que aquí se presenta, es baldío. Este debate solo adquiere trascendencia cuando se pretende explicar la evolución de la vida mediante alguno de estos dos conceptos. Porque son conceptos excluyentes: si se pretende explicar la evolución mediante la competencia habrá que negar, o subordinar a tal competencia, los casos de mutualismo; y, por el contrario, si se intentase explicarla mediante el mutualismo habría que negar la existencia de competencia.

    La concepción de la evolución de la vida que aquí se presenta no es nueva, es heredera de Lamarck. Lamarck a principios del siglo XIX, hace ya doscientos años, formuló la evolución de la vida. En su libro “Filosofía zoológica” describe una evolución de la vida que, como se intentará razonar, se corresponde con la percepción que hoy tenemos de esa evolución y permite describir tanto sus líneas generales como sus manifestaciones puntuales.

    Tómese esto como una reflexión para enfrentarnos a la lectura de este ensayo. No se tome esto como un debate sobre el binomio antagónico competencia-mutualismo. Aparquemos la rigidez del pensamiento seleccionista y exploremos hasta donde puede llevarnos una visón de la evolución más abierta en la que no sea necesario encontrar en cada acontecimiento la causa de la competencia entre individuos. Veamos a donde nos puede llevar una visión de la vida donde los individuos, las especies que no solo son útiles para ellos mismos sino útiles para el conjunto de la vida se hacen imprescindibles, perduran.


    Selección natural: ¿predictiva o descriptiva?

    Una teoría científica demuestra sus bondades por su capacidad predictiva, adquiere solidez cuando una vez formulada, posteriores conocimientos vienen a confirmarla.

    El Geocentrismo, aun partiendo de un error fundamental —el Universo no gira alrededor de la Tierra—, describía a la perfección las observaciones del Universo que en aquellos tiempos podían realizarse. La teoría, en principio, describía lo que era fácilmente observable: que las estrellas, y los planetas considerados como otras estrellas, giran alrededor de la Tierra. El principio de que la Tierra era el centro del Universo describía la realidad observada. Pero comenzaron a surgir “pequeños contratiempos”: determinadas estrellas no respondían exactamente al modelo, seguían unas trayectorias erráticas, al margen de su movimiento alrededor de la Tierra parecía que tuvieran movimiento propio. Tolomeo resolvió el problema agregando tantas esferas como estrellas se salieran del modelo geocentrista y propuso que esas estrellas giraban en el interior de esas esferas: los llamados epiciclos. Mediante este sistema describió las observaciones que se realizaban sobre Venus, Marte, Júpiter,…; y mediante excepciones se habría podido describir casi cualquier realidad que se apartase del modelo.

    El geocentrismo agregó tantos epiciclos como necesitó para justificar el modelo. Me imagino que para los geocentristas el definir un nuevo epiciclo, no solo no les haría dudar de la teoría, sino que, por el contrario, les llevaría a reafirmarse en el modelo pues cada vez era capaz de describir la realidad con mayor exactitud.

    El Geocentrismo, quizá la teoría científica más perdurable por el momento, describía el resultado de las observaciones, que en los tiempos en que se formuló, podían hacerse del Universo. Y cuando las observaciones se ampliaron, éstas no vinieron a confirmar el modelo, sino que el modelo fue adaptándose a estas nuevas observaciones.

    El Darwinismo, en este aspecto, guarda una perfecta analogía con el Geocentrismo. Darwin observó que los organismos evolucionaban y aportó una explicación a esa evolución tal y como él la observaba. Posteriormente se han ido sumando nuevos conocimientos que no se ajustan al modelo de la selección natural y, ésta, ha tenido que ir adaptándose a esos nuevos conocimientos. A la SN se le han ido sumando tantos epiciclos como ha sido necesario para justificar las nuevas observaciones. Los darwinistas, a estas contradicciones que van surgiendo, las llaman “retos”; retos a los que la teoría se va enfrentando, y a cada reto resuelto —esto es, a cada nuevo epiciclo agregado— tienen la convicción de que la teoría de la selección natural sale fortalecida.

    La selección natural carece de poder predictivo, como el geocentrismo, su carácter es descriptivo —. Describe que los organismos evolucionan para adaptarse, o adaptándose, al ambiente. El resultado de tal evolución es que los organismos actuales estamos más adaptados al medio que nuestros antecesores, o como gusta decir a los seleccionistas: los más aptos han desplazado a los menos aptos—. Pero existe una sustancial diferencia entre geocentrismo y darwinismo. El geocentrismo ha sido una teoría que, al margen de su error, ha descrito a la perfección (alcanzable en aquellos tiempos), y durante milenios, el Universo. Ha sido muy provechosa y gran parte nuestro conocimiento actual del Universo se lo debemos al geocentrismo. Estableció unas leyes objetivas que permitieron describir el Universo con una extraordinaria exactitud. No puede decirse lo mismo del darwinismo que describe la evolución desde una óptica subjetiva, limitada al sistema depredador-presa, propiciado una equivocada concepción de la vida que se ha demostrado de consecuencias nefastas.


    La selección natural como teoría

    Lo menos que se le puede pedir a una teoría científica es un desarrollo univoco, al menos no contradictorio. Transcurridos ciento cincuenta años desde su formulación, hoy, a la selección natural no se la puede considerar como una teoría; más bien es un cajón de sastre en el que todo cabe. Aparentemente la situación actual del seleccionismo sería esta: una corriente mayoritaria, el neodarwinismo, que es la heredera del darwinismo y, al margen de esa mayoría, otras minorías que expresan otras formas concretas de entender la selección natural. La realidad no es tan concreta: el neodarwinismo formuló unos puntos muy concretos y se supone que los neodarwinistas, al menos en esos puntos, estarían de acuerdo; pero no es así. Creo que sería muy difícil encontrar a dos neodarwinistas que estuvieran de acuerdo en los cuatro o cinco aspectos básicos del seleccionismo. Estarán de acuerdo en unos, pero diferirán en otros. No es que el neodarwinismo haya resuelto unos conceptos y mantenga otros con ciertas reservas; cualquier concepto puede ser objeto de discrepancia. Por ejemplo: un neodarwinista ortodoxo aceptará la aleatoriedad, sin más consideraciones, como la causa de los errores genéticos que sirven de semilla a la evolución; otros opinarán que los errores genéticos no son del todo aleatorios, que la naturaleza impones sus reglas y estos errores tienen ciertas restricciones, y como se observa una direccionalidad en los cambios, opinarán que los errores se ven de algún modo encauzados y siguen una cierta dirección (las constricciones de Gould, por ejemplo. Eso sí, en todos los casos procurarán dejar muy claro que no se trata de ningún tipo de ortogenia). Unos opinarán que la selección se da en el ámbito individual y no en el de grupo, mientras que otros opinarán que la selección también se da en el ámbito del grupo y otros terceros intentarán explicar los casos que escapan a la selección individual mediante una selección de grupo constreñida en el ámbito de la familia. La SN exige que el cambio sea adaptativo, más concretamente que su portador adquiera una ventaja biológica que le proporcione una mayor capacidad reproductora, sólo así puede justificarse que el cambio, el error, se extienda en el grupo; pero como la realidad confirma la existencia de cambios que no reportan una ventaja clara a sus portadores, por lo que no podría atribuírsele unas mayores posibilidades de supervivencia y reproducción, surgen conceptos como “deriva genética” o “teoría neutral”. Los neodarwinistas se opones a los saltos bruscos en los cambios ( o se oponían), puesto que esta es una corriente contrapuesta al neodarwinismo, pero podremos encontrar neodarwinistas que acepten como posibles estas mutaciones bruscas. Mas concretamente, podremos encontrar a neodarwinistas que opinarán que la evolución se produce mediante pequeños y continuados cambios operando en la mayoría de la población, mientras que otros opinarán que se produce mediante cambios no tan pequeños en grupos de la periferia de esa población, en grupos reducidos y suficientemente aislados; otros resuelven que los cambios no pueden ser ni excesivamente pequeños, ni excesivamente grande; y no faltan los que opinan que la evolución es una mezcla de todo: de cambios grandes y cambios pequeños, de cambios en el conjunto de la población y de cambios en la periferia, en pequeñas poblaciones aisladas.

    Hace ya mucho tiempo que se enunció la dificultad que suponía que determinados caracteres evolucionaran valiéndose de la variabilidad poblacional. El problema podría resumirse así: un determinado carácter, por ejemplo la talla, podría valerse de la variabilidad que se encuentra en las poblaciones, los hay de mayor y menor talla, entonces se podría evolucionar en el sentido de aumentar la talla, pero nunca se podría sobrepasar la talla máxima de esa variabilidad (si el de menor talla mide 1,40 y el de mayor talla 2,10, podría admitirse que en el futuro, todos, midieran 2,10, pero nunca 2,11) Como la realidad contradice esto y hay que encontrar una explicación se incorporó, con mayor o menos existo, el concepto de: fluctuaciones. Se supone que las fluctuaciones no son aleatorias se dan en un segmento muy concreto del ADN, por ejemplo el que controla la talla, sobre ese segmento y sobre todos los que controlen caracteres en los que se observe esta dificultad se darán estas fluctuaciones —el método es el siguiente: se observa que la talla, en numerosas especies, aumenta de manera imperceptible; se formula las fluctuaciones; se vuelve a la observar la evolución de la vida y se confirma que la talla aumenta paulatinamente en numerosas especies, lo que a su vez confirma que las fluctuaciones describen la realidad.

    Otro problema es que, aun con las fluctuaciones, si en una población se produce una mutación genética, por ejemplo en una población de morenos surge un rubio, en muy pocas generaciones el carácter rubio habrá desaparecido. No importa, esto puede explicarse mediante el aislamiento del portador del carácter en un reducido grupo endogámico, y como se supone que tal carácter es fundamental para la adaptación al ambiente, ese grupo con el tiempo desplazará al grupo mayoritario. Esto puede demostrarse matemáticamente.

    La mayoría de las polémicas en el torno darwinista son circulares y no se resuelven porque las posiciones deben adoptarse por descarte de otras posiciones: los que defienden el gradualismo no lo defienden porque exista un modelo selecionista-gradualista consistente, sino porque tienen la percepción de que la realidad es gradualista, y observan que el saltacionismo no hay modo de formularlo; y los que defienden el saltacionismo lo hacen porque no encuentran la manera de aplicar la SN en un modelo gradualista. De este modo, una y otra postura carece de argumentos positivos para convencer a la postura contraria. Al cabo del tiempo, los gradualistas deben aceptar que pueden darse casos en los que se den cambios más o menos drásticos, no por la bondar de los “saltos”, sino como medio de parchear el gradualismo); y los saltacionistas admitir que el gradualismo también es posible.

    En este mar de aportaciones podemos encontrar a un neodarwinista que opinará que:

    ...en los variados grupos de organismos hay, además de la acción de la omnipresente selección natural, diferentes proporciones de saltos evolutivos (a escala geológica, no sé si a la escala de una generación), de selección de grupo al modo de Wright (interdémica) o al modo del equilibrio puntuado (entre especies), de exaptaciones, y, quién sabe, tal vez hasta un poco de «efecto Baldwin». Y en la medida en la que se encuentren caracteres que no son adaptativos, o no lo parezcan, habrá que ver qué mecanismos, como la deriva genética, han intervenido en la evolución del grupo. Porque los caracteres que resultan de la actuación de la selección natural siempre, por principio, son adaptativos. Y pese al «uniformismo» que Darwin heredara de su maestro el geólogo Charles Lyell, no todos los cambios de la naturaleza son graduales, y a veces se han producido en la historia de la Tierra catástrofes de gran influencia en la historia de la vida.

    No es aceptable, desde luego, la idea de la mutación dirigida, que explicaría la ortogénesis o evolución rectilínea, pero no cabe duda de que existen constricciones evolutivas (por razones de viabilidad del genotipo, del fenotipo o del desarrollo) que condicionan su curso y lo encauzan, y éstas también son un importante campo de investigación.

    Si no estoy muy equivocado, cada paleontólogo tendrá entonces que descubrir en su particular tipo de organismos el papel de cada uno de estos factores en la historia evolutiva del grupo en cuestión. Pero si me equivoco, junto con muchos otros paleontólogos, y al ampliarse el registro fósil observamos que todo el problema puede reducirse al mecanismo que propone el neodarwinismo.

    Juan Luis Arsuaga (2001) “EL Enigma de la Esfinge”.

    Cada darwinista tiene su propio modelo de cómo se desarrolla la evolución que él en concreto se ha construido y que estará dispuesto a modificar según en que aspectos se vea contradicho.

    Parece imposible demostrar que la selección natural no es el motor de la evolución; no porque se trate de una teoría sólida, sino por todo lo contrarío. Porque aunque se demuestre que los errores aleatorios no pueden ser la semilla de la evolución, no se puede demostrar que no existan “las fluctuaciones” que al no estar definidas no tienen contestación, y mediante su conveniente modelación podrían justificar una fuente seudoaleatoria de los cambios: aunque se demuestre que errores aleatorios no pueden ser la fuente continuada de la evolución, no se habrá demostrado nada. Si se logra demostrar que la realidad de la evolución no se corresponde con un modelo de selección individual, que es el principio fundamental de la SN y que su refutación debería conducir al la refutación de la teoría, tampoco se conseguirá nada, lo único que se logrará es que el porcentaje de los que creen posible la selección de grupos aumente. Y así se podría continuar punto por punto: si se es especialmente hábil en demostrar la imposibilidad de que la SN se produzca mediante una evolución paso a paso, aumentará el número de los que crean en los monstruos viables; pero si, por el contrario, se logra exponer claramente la inviabilidad de los monstruos viables, aumentará el número de los que rechacen tal idea. Como se ve, todo muy complejo; el seleccionismo es como una sopa de letras en la que cada uno escoge la combinación que más le satisface, si se demostrara que tal combinación no es posible, sin salirse del marco darwinista, podría escogerse otra. En todo caso, a los darwinistas aún les queda un último argumento:

    El darwinismo no tiene por qué explicarlo todo, tampoco teorías tan sólidas como la teoría de la gravitación lo explican todo.

    Juan Luis Arsuaga (2001) “EL Enigma de la Esfinge”.


    Doctrina, teoría científica y duda

    Se comprende que entre doctrina dogmática y teoría científica hay una clara diferencia: la doctrina dogmática no admite la duda, mientras que sobre las teorías científicas debería siempre planear la sombra de la duda. Esta es la única forma de que una teoría científica no se convierta en un dogma: reservando siempre un espacio para la duda. Pero esto, que enunciado parece fácil, es difícil de mantener. Tenemos una tendencia natural a convertirlo todo en dogma, y el principio de la duda es difícil de mantener, por mucho que nos esforcemos en exteriorizar que todas las teorías son susceptibles de revisión, de refutación, estas teorías van adquiriendo un mayor peso con el paso del tiempo dejando de ser teorías para convertirse en dogmas. Por eso, tan importante como conocer determinadas teorías, es comprender y practicar la duda científica.

    La duda debe servir para mantener bajo sospecha todas las teorías, por sólidas que parezcan. Este es el principal mecanismo efectivo para adquirir nuevos conocimientos; porque, en la mayoría de los casos, estos nuevos conocimientos contradicen otros anteriores y si no se ha mantenido la duda sobre ellos será imposible desplazarlos por nuevos conocimientos. Esto parece claro, de hecho es muy difícil que un científico, en sus exposiciones, no exprese un sinfín de dudas sobre diferentes aspectos de la ciencia. Pero la realidad es que todo nuevo conocimiento, para abrirse paso, primero debe enfrentarse al conocimiento anterior convertido en dogma. El dogmatismo en muchas ocasiones recorre caminos sinuosos y nos juega malas pasadas. Nuestra tendencia al dogma puede encontrar resquicios por donde manifestarse aun sin ser nosotros mismos conscientes de ello.

    Arsuaga, como buen científico, en El enigma de la esfinge nos dice: “Los dogmas de fe no son nuestra especialidad”. Aunque en el párrafo siguiente pueda leerse: “Pero ante la alarma social producida al descubrirse que Darwin no lo dijo todo […] se impone parar aquí y poner coto a la duda, agarrando al toro (o al diablo de la duda) por los cuernos”. Mala definición de duda para alguien que considera que la ciencia no es dogma y por lo tanto se supone que él mismo mantendrá dudas sobre las más sólidas teorías. Es incompatible mantener que la ciencia no se edifica sobre dogmas y considerar que la duda sobre una teoría causa alarma social y definir a la propia duda como el diablo de la duda. Demonizar la duda, como demonizar a quienes plantean esa duda, es propio del pensamiento dogmático.

    Retomemos el argumento: “Una teoría tan sólida como la ley de la gravitación universal (es la favorita del seleccionismo para poner como ejemplo) plantea dudas que no se han resuelto. ¿A quién, pues, puede extrañarle que la selección natural plantee dudas parecidas? Esto es construir un paralelismo interesado. Lo que se pretende con tal paralelismo es minusvalorar las dudas que plantea la selección natural, que son muchas, equiparándolas con las pocas que provoca la ley de la gravedad; y sobrevalorar su aceptación y solidez equiparándola con una teoría que mantiene una amplia aceptación y solidez. La ley de la gravedad es sólida y plantea pocas dudas, la selección natural es una teoría endeble y que plantea muchas dudas.

    El principio de la duda sirve para posibilitar la revisión de las teorías, no para defenderlas. Defender una teoría, frente a las dudas que surjan contra ella, esgrimiendo que sobre todas las teorías, por sólidas que sean, existen dudas, es una vuelta de tuerca más del dogmatismo. La esencia del dogma es que no admite la contestación. La forma de dogma tradicional es aquella en la que se nos dice que una determinada proposición es innegable por su absoluta certidumbre. En esta nueva forma de dogma no se nos pide que aceptemos la proposición como cierta, se admite que puede no serlo, pero es igualmente innegable porque no existe conocimiento sobre el que podamos poseer tal certidumbre. Esto es la corrupción del principio de duda y convierte a cualquier teoría en incontestable.

    Thomas Henry Huxley, principal promotor del darwinismo en el siglo XIX, defendía la teoría de la selección natural de este modo: “Si alguien te ofrece una linterna semiapagada y titubeante en una noche oscura, ¿la rechazarías alegando que da mala luz? Ciertamente, en la oscuridad, un principio de luz es deseable. Pero han pasado más de 100 años desde que Huxley pronunciara tal frase y aun hoy la selección natural sigue siendo una linterna de luz titubeante.

    «Agujeros» y cuestiones. Es innegable la existencia de «agujeros» y cuestiones en la teoría evolucionista (como los hay en la física de partículas), lo cual es normal en una ciencia que goce de buena salud. Thomas Henry Huxley pidió en cierta ocasión a sus estudiantes que se imaginaran perdidos en el campo en una noche ciega, sin pistas para reconocer el camino. Si alguien les ofreciera una linterna semiapagada y vacilante, ¿la rechazarían basándose en que su luz era imperfecta? «Creo que no -dijo Huxley-, creo que no.»

    Milner, Richard. Diccionario de la evolución. Barcelona. Biblograf, 1995.


    Este argumento fue utilizado por Thomas Henry Huxley a finales del siglo XIX para defender la SN. Aun hoy, en el siglo XXI, es invocado y utilizado por los que defienden la SN. El que después de más de un siglo se tenga que recurrir a este y a otros argumentos parecidos ya nos habla de los progresos que se han alcanzado en el desarrollo de la SN. Pero ¿qué posibilidades dejamos a la duda con argumentos como este?: “Ya sabemos que es una linterna semiapagada y titubeante; pero bueno, nos puede valer, no me vengas con dudas, no me digas que me deshaga de ella”. O con argumentos como: “Sabemos que la SN no lo explica todo, pero tampoco lo hacen teorías tan sólidas como la teoría de la gravitación”. Por eso precisamente deberemos mantener la duda sobre la teoría de la gravitación, porque no lo explica todo, y aunque lo explicase deberíamos seguir manteniendo la duda. Con este argumento lo que se hace es utilizar la duda para argumentar a favor de la teoría sobre la que existen dudas, para lo contrarío de lo que debería servir: el principio de la duda está para plantear dudas no para justificarlas. Y el interesado paralelismo selección natural-gravitación, intenta otorgar a la SN la misma solidez que posee la teoría de la gravitación, algo que no se corresponde con la realidad. Es una perversión, es una vuelta de tuerca más en el dogmatismo: “Aunque existan dudas sobre una determinada teoría, puede asegurarse que la teoría es correcta, sobre todas las teorías existen dudas”1 . La duda, instrumento para evitar el dogmatismo, se convierte en su mejor aliado.

    Y es que me temo que la SN se mantiene, no por el convencimiento de que sea una teoría correcta, sino como método para enfrentarse al creacionismo y al evolucionismo teísta. Existe una soterrada batalla, y no tan soterrada, que enfrenta a ciencia y religión. El enfrentamiento entre creacionistas y darwinistas no es un enfrentamiento entre dos diferentes concepciones de la historia de la vida, es un frente en el que, con independencia de la importancia de las posturas a defender, ambos bandos concentran toda su artillería con la esperanza de que ganando esas posiciones al enemigo, la batalla se decantará a su favor. Así, es que el darwinismo puede admitir “herejías”, pero las justas, nada que pueda poner en peligro sus posiciones frente al enemigo.

    Y sin salirme del jardín continúo: desde posturas neodarwinistas en el siglo XXI se acusa a los defensores del creacionismo de: fanáticos, oscurantistas, reaccionarios, ignorantes e intolerantes. Me parece que no son calificativos demasiado meditados, no pienso que nos encontramos ante la defensa de ninguna teoría científica. Y si el creacionismo es la bestia negra a derribar, las teorías evolucionistas teístas son unas de esas herejías inaceptables. Pero si el creacionismo no es en estos momentos una teoría aceptable, puesto que la realidad lo contradice, han sido numerosos los filósofos que repugnándoles la idea de la SN y convencidos de que la SN no podía ser el motor de la evolución, entre otras cosas porque tenían la convicción de que la propia vida lo contradecía, que la vida no es la ley del más fuerte, encontraron en el evolucionismo teísta, el lamarckismo y otras alternativas, frentes desde donde oponerse a esa selección individual que muy probablemente consideraban inhumana. Conocida la historia del siglo XX, si un día se demostrara que la SN es una teoría errónea, no sería yo el que me opusiese a quienes decidieran levantar un monumento a estos científicos, filósofos o como despectivamente quieran calificarles los neodarwinistas.

    Una teoría no puede defenderse como contestación a otra, debe fundamentarse en los propios argumentos que emanen de esa teoría. Y no debe pervertirse el principio de la duda para defender una teoría.

    2005. introducción inacabada

    .../...




    Contexto


  • 11.- Evolución igual a Lamarck
  • 12.- Dificultades del darwinismo para explicar la Evolución
  • 13.- Uso y desuso y herencia de los caracteres
  • 14.- Selección por caracteres
  • Notas y referencias

  • Retrato de Lamarck ya maduro. Está hecho a lapiz o carboncillo

    Evolución igual a Lamarck

  • Wikipedia: Jean-Baptiste Lamarck
  • Wikipedia: Lamarckismo

  • Los seis puntos propuestos por Lamarck
  • Leyes del Uso y desuso y la herencia de los caracteres
  • Metáfora de la vida en el espacio

  • Hablar de evolución al día de hoy es hablar de la teoría de la evolución de la vida formulada por Lamarck. En esta teoría, aun formulada hace más de doscientos años se encuentra la más correcta descripción de la Evolución:

    Lamarck en su teoría propuso que la vida evolucionaba «por tanteos y sucesivamente», «que a medida que los individuos de una de nuestras especies cambian de situación, de clima, de manera de ser o de hábito, reciben por ello las influencias que cambian poco a poco la consistencia y las proporciones de sus partes, de su forma, sus facultades y hasta su misma organización».2 Sería la capacidad de los organismos de adaptarnos al medio ambiente y los sucesivos cambios que se han dado en esos ambientes, lo que habría propiciado la Evolución y la actual diversidad de especies. (W:Lamarckismo )

    Lamarck se lamentó de que el estudio de la Naturaleza (disciplina que denominó “biología”) se limitara a la observación y clasificación de las diferentes formas de vida.

    El asunto relativo al examen de los animales no consiste únicamente en conocer las diferentes razas ni determinar entre ellas todas las distinciones, fijando sus caracteres particulares, sino también el de llegar á conocer, además, el origen de las facultades de que disfrutan, las causas que los hacen existir y mantienen su vida., y por último, las de la progresión notable que presentan en el orden de su organización, y en el funcionamiento lo mismo que el desarrollo de aquellas facultades.

    Filosofía Zoológica. Introducción

    Propuso que para el avance en el conocimiento de la Naturaleza habría que indagar en las «conexiones» que existían entre las diferentes especies, a las que no otorgaba una entidad perfectamente definida, sino que consideraba que se encontraban en constante cambio. Este estudio llevaría a conocer cuándo y cómo habrían surgido la creciente complicación de sus formas, los órganos de los seres vivos y su diversidad; «y poco a poco la filosofía de la ciencia se establece, se rectifica y se perfecciona ».3

    Establece seis puntos que desvinculados de la generación espontánea, perteneciente al conocimiento de la época (que Lamarck no cuestionó porque su teoría es sobre la evolución de la vida, no sobre su origen),4 servirían para describir, aun ahora en la actualidad, la evolución de la vida:

  • 1.0.- Que todos los cuerpos organizados de nuestro globo son verdaderas producciones de la Naturaleza, que ella ha ejecutado sucesivamente después de una enorme sucesión de tiempo.

  • 2.0.- [En este punto se hace eco del origen de la vida por generación espontánea admitido en su época] Que en su marcha constante, la Naturaleza ha comenzado, y recomienza aún todos los días, por formar los cuerpos organizados más simples, y que no forma directamente más que éstos, es decir, que estos primeros bosquejos de la organización son los que se ha designado con el nombre de generaciones espontáneas.

  • 3.0.- Que estando formados los primeros bosquejos del animal y del vegetal en circunstancias convenientes, las facultades de una vida comenzante y de un movimiento orgánico establecido, necesariamente han desarrollado poco a poco los órganos, y que con el tiempo los han diversificado, así como las partes.

  • 4.0.- Que la facultad de acrecimiento en cada porción del cuerpo organizado, resultando inherente a los primeros efectos de la vida, ha dado lugar a los diferentes modos de multiplicación y de regeneración de los individuos, y que por ello los progresos adquiridos en la composición de la organización y en la forma y la diversidad de las partes han sido conservados.

  • 5.0.- Que con la ayuda de un tiempo suficiente, de las circunstancias que han sido necesariamente favorables, de los cambios que todos los puntos del globo han sufrido en su estado; en una palabra, del poder que tienen las nuevas situaciones y lo nuevos hábitos para modificar los órganos de los cuerpos dotados de vida, todos los que existen en la actualidad fueron insensiblemente formados tal como los vemos.

  • 6.0.- Que sigue un orden semejante de cosas, los cuerpos vivientes, experimentando cambios más ó menos grandes en el estado de su organización y de sus partes, lo que se llama especie entre ellos ha sido sucesiva e insensiblemente así formada, no teniendo, por lo tanto, más que una constancia relativa en su estado, y no puede ser tan antigua como la Naturaleza.

  • Llegado aquí, me parece conveniente expresar una observación. Veo varias dificultades a la hora de analizar los textos de Lamarck, derivados del hecho de que la teoría fue formulada hace doscientos años.

    Una teoría, cuando surge y se impone, impone el uso de los términos con la que se expone. Una nueva teoría, por lo general da nuevos usos a palabras y términos para describir nuevos conceptos, en todo caso utiliza los usos que estas palabras y estos términos tienen en su época. Si la teoría se acepta como cierta, los conceptos expresados en ella y los términos utilizados se fijan, aunque adquieran estos términos nuevos significados en un futuro, el significado dado en la redacción de la teoría permanece. Pero pasados doscientos años de formularse la teoría, términos usados por Lamark han caído en desuso o han adquirido un significado diferente al que tuvieran en la época o les otorgara Lamarck. Esta es una dificultad. Otra, que durante estos doscientos años se han ampliado los conocimientos sobre la Naturaleza y refutado conocimientos perfectamente establecidos en aquella época (el caso de la generación espontánea es uno muy claro, pero también conocimientos de geología, zoología y botánica entre otros. En aquellos tiempos el mundo de los procariotas era prácticamente desconocido, la vida la componían animales y plantas). Todo investigador que formula una teoría se basa en el conocimiento de la época, se vale de ese conocimiento y se fundamente en él para formular su teoría. El que la teoría sea válida no implica que el conocimiento utilizado para formulara, conocimiento de la época cuando se formuló, sea revisado. En mi opinión, hay que tener en cuenta esto para acercarse a los textos de Lamarck. Puede hacer una mala descripción de la anatomía de un cierto animal (por ejemplo), en ocasiones puede llegar a conclusiones ciertas desde supuestos que hoy habrán sido revisados y, por supuesto, utiliza términos que nos puede dificultar la comprensión del texto por darles en la actualidad un significado diferente al que se les daba en su tiempo. (w:Lamarckismo:La complejidad creciente de los organismos)

    Tras esta salvedad, continúo con la exposición de su teoría. Más allá de esos puntos, Lamarck formuló la relación de organismos y ambiente, aspecto este que hoy se entiende fundamental en la evolución de la vida:

    Una taval en la que figura un diagrama como Lamarck concevía la evolución, comienza por los infusorios y acaba con los mamíferos superiores en la parte de abajo de la página. Es una ilustración en tinta negra de su libro: Filosofía zoológica

    A medida que los individuos de una de nuestras especies cambian de situación, de clima, de manera de ser o de hábito, reciben por ello las influencias que cambian poco a poco la consistencia y las proporciones de sus partes, de su forma, sus facultades y hasta su misma organización; de suerte que todo en tales individuos participa, con el tiempo, de las mutaciones experimentadas. En el mismo clima, situaciones y exposiciones muy diferentes hacen por de pronto simplemente a los individuos que se encuentran expuestos a ellas; pero con la sucesión de los tiempos, la continua diferencia de las situaciones de los individuos de quienes hablo, que viven y se reproducen sucesivamente en las mismas condiciones, produce en ellos diferencias que llegan a ser, en cierto modo, esenciales a su ser; de suerte que si se han sucedido los unos a los otros, estos individuos, que pertenecen originariamente a otra especie, se encuentran al fin transformados en una especie nueva distinta de la otra.

    Filosofía zoológica, pp. 56-57.

    Lamarck formuló que los seres vivos evolucionan adaptándose a las condiciones, circunstancias y ambientes en los que se desarrollan; y la diversidad de situaciones a la que pueden estar sometidos habría propiciado la gran diversidad de formas de vida actuales. Aportó como prueba la existencia de fósiles de formas de vida diferentes a las actuales, razonando sobre la imposibilidad de que éstas no fuesen sino formas intermedias entre las actuales y las primigenias. Basando, también, su afirmación en lo observado en la naturaleza (w:Lamarckismo:Concepto de evolución):

    Sabemos positivamente en la actualidad que un cambio forzado y sostenido en las zonas de habitación y en los hábitos y la manera de vivir de los animales, operan, después de un tiempo suficiente, una mutación muy notable en los individuos que se encuentran sometidos a ellos.

    Filosofía zoológica, p. 64.

    Así, el concepto general de Evolución admitido hoy en día estaría contenido en la teoría de Lamarck: la Evolución sería el proceso mediante el cual los organismos nos transformamos y diversificamos. La vida habría surgido en su forma o formas más simples5 y desde sus orígenes se habría venido complicando y diversificando. Y esto, por la capacidad de los organismos para adaptarnos al medio. Los cambios en ese medio, que para Lamarck también incluye la interacción con otros organismos, generarían nuevas necesidades en los organismos, esas nuevas necesidades, con el cambio de hábitos para adaptarse al nuevo medio, propiciarían finalmente la adaptación biológica de estos organismos.6

    Siento una especial admiración por Lamarck, al que lo considero, no solo un adelantado a su tiempo, sino un adelantado a nuestro tiempo. Me admira que Lamarck, hace doscientos años, sin poderse apoyar en los conocimientos que sobre biología se han podido generar durante esos doscientos años, nos haya ofrecido una visión tan autentica de la evolución de la vida.

    El evolucionismo ha vivido 150 años, y aún hoy vive, aferrado a arquetipos arcaicos y reaccionarios, y Lamarck, hace doscientos años, siendo él quien pusiera nombre a un conocimiento incipiente: la Biología, se deshizo de todos esos arquetipos, esos prejuicios, en una sociedad civil y científica creacionista, y formuló la Evolución en términos precisos.

    El evolucionismo actual no ha alcanzado todavía a Lamarck. El concepto central de la Evolución de Lamarck: que en la Naturaleza encontramos todo lo que es necesario para entender a la propia Naturaleza, que la Vida ha evolucionado por sí misma, que los organismos hemos propiciado esta evolución, todavía no es asumido. Y esto, nuestra imposibilidad para asumir que los propios organismos hemos protagonizado nuestra propia evolución, pienso que se debe a que perviven en nosotros arquetipos y mitos que nos lo impide. Arquetipos y mitos que estarían presentes también en Lamarck, pero de los que pudo desprenderse.

    Lamarck formuló la teoría de la Evolución a principios del siglo XIX; pero, según mi consideración, era de conceptos tan revolucionarios para su época que no pudo ser asumida, aún hoy no es asumida.

    Darwin no solo inunda la historia del evolucionismo durante estos últimos 150 años, sino que también oscurece la historia del evolucionismo de los cincuenta años anteriores a la publicación de “El origen de las especies”. Se ha rendido culto a Darwin y esto ha obligado a silenciar las “disidencias” y a oscurecer la realidad del evolucionismo en el momento en el que formuló la selección natural. Convertido Darwin en el padre de la Evolución, había que borrar todo vestigio de pensamiento evolucionista anterior al suyo.

    Esto que sigue no hay que tomarlo como una narración histórica, sino como una interpretación subjetiva de la influencia que tuvo el lamarckismo en la primera mitad del siglo XIX, el porqué no logró abrirse camino y el porqué la selección natural no tuvo las mismas dificultades.

    Lamarck, con la formulación de la Evolución, en los términos en los que la formuló, chocó con dos arquetipos muy arraigados en nosotros: la idea de Dios como el todo creador y el antropocentrismo. Y esto, en mi opinión, hizo que el lamarckismo no tuviera posibilidad de imponerse.

    Pero, por lo que he podido ir trasluciendo de la posición del evolucionismo en aquella época (intuir, porque es difícil encontrar documentación sobre el evolucionismo de la primera mitad del siglo XIX y que no esté contaminada por ese afán de ocultación), me atrevo a afirmar que fue abriéndose camino poco a poco durante los cincuenta años que transcurrieron entre su formulación y la publicación de El origen de las especies. Pienso que a mediados del siglo XIX el pensamiento evolucionista iba tomando posiciones en los círculos científicos. Y esto, por la difusión, que en casos pudo ser clandestina, de la teoría de Lamarck.

    En 1850, en los círculos científicos se estaría considerando la imposibilidad de que la vida hubiese sido creada en todas sus formas e iría tomando fuerza el pensamiento evolucionista, probamente desvinculado del la teoría de Lamarck que sería defendida por tan solo una minoría, porque el hecho de que fuese la propia vida, los propios organismos, los que “habían” evolucionado, unos organismos considerados como autómatas carentes de todo rastro de inteligencia, de consciencia, otorgar a esos organismos la capacidad de transformarse adaptándose al entorno, no podía ser asumido. La figura del Dios todo creador no podía ser sustituida por esos seres inferiores.

    Si analizamos la figura de Darwin a través de sus textos, su ideología, incluso sus relaciones personales y familiares, nos será, al menos a mí me lo es, difícil otorgar a Darwin, con su carácter extremadamente conservador, el papel de impulsor del evolucionismo. El pensamiento evolucionista estaba ahí, con dificultades se iría abriendo camino y, con más dificultades, también se iría abriendo camino la explicación lamarckista (de hecho persistió hasta principios del siglo XX). El debate sobre el evolucionismo estaba abierto y Darwin ofreció una explicación asumible en ámbitos más amplios que los conquistados por el lamarckismo. Porque la selección natural no colisiona con el antropocentrismo, con la clara diferenciación entre la persona humana y el resto de organismos: una inteligente y los otros autómatas. Y, hasta cierto punto, para un creyente la selección natural sería más digerible que el Lamarckismo puesto que ésta no postergaba la figura del Dios todo creador en favor de organismos inferiores. En mi opinión, Darwin ofreció una explicación conservadora al problema planteado de la evolución, una solución acorde con el pensamiento de la sociedad en la que se impuso.

    Tanto es así, que décadas después, el neodarwinismo, perdida la figura del Dios creador, ofreció otra explicación que no chocaba con ese arquetipo: la aleatoriedad; otorgando a la aleatoriedad iguales méritos que al arquetipo, porque para el neodarwinismo el error genético (la aleatoriedad) es tan omnipotente como Dios para los creyentes, ignorando que la aleatoriedad se rige por unas reglas tan estrictas como la gravedad. Al igual que el creyente lo explica todo mediante Dios, en la evolución de la vida, los neodarwinistas lo explican todo mediante la aleatoriedad.

    Hoy, doscientos años después de formularse la teoría de La Evolución por Lamarck, el lamarckismo encuentra el mismo obstáculo: admitir que nada nos diferencia del resto de organismos, que a cualquier organismo, por simple que lo consideremos, puede otorgársele la capacidad de propiciar su propia evolución. De aquí mi admiración a Lamarck.

    Aun superando estos dos arquetipos: El Dios todo creador y el antropocentrismo (considerando al resto de organismos, hoy en día a los más simples, como autómatas), para la comprensión del lamarckismo aún debemos desprendernos de un tercer arquetipo: “La herencia de la sangre”. Este arquetipo representa nuestro sentimiento de que los hijos heredan los caracteres de los padres, los padres de los abuelos, los abuelos de los tatarabuelos, … Este arquetipo nos obliga a considerar el concepto lamarckiano de la herencia de los caracteres como la metáfora del “brazo del herrero”.

    Las dos leyes de Lamarck, las que enuncian el mecanismo que habría conducido la evolución son:

    Primera ley: En todo animal que no ha traspasado el término de sus desarrollos, el uso frecuente y sostenido de un órgano cualquiera lo fortifica poco a poco, dándole una potencia proporcional a la duración de este uso, mientras que el desuso constante de tal órgano lo debilita y hasta le hace desaparecer.

    Segunda ley: Todo lo que la Naturaleza hizo adquirir o perder a los individuos por la influencia de las circunstancias en que su raza se ha encontrado colocada durante largo tiempo, y consecuentemente por la influencia del empleo predominante de tal órgano, o por la de su desuso, la Naturaleza lo conserva por la generación en los nuevos individuos, con tal de que los cambios adquiridos sean comunes a los dos sexos, o a los que han producido estos nuevos individuos.

    Filosofía zoológica, pp. 175-176.

    Puede pasarnos desapercibida una condición de la segunda ley: “influencia de las circunstancias en que su raza se ha encontrado colocada durante largo tiempo”. Lamarck no nos dice que los caracteres del padre pasen al hijo, nos dice que si la raza (entiéndase el grupo con aislamiento reproductivo, el grupo que se reproduce entre sí) se encuentra sometida durante mucho tiempo a la misma influencia del medio, conservando hábitos, las modificaciones producidas por esos hábitos (uso o desuso) la Naturaleza las conserva.

    Sin desprenderse del arquetipo de la herencia de la sangre nos es imposible entender esta segunda ley. Porque… ¿cómo puede conservar la Naturaleza las modificaciones, como puede un organismo heredar esas modificaciones, no de padres a hijos sino paradas determinadas generaciones?

    Los argumentos que han servido y sirven para descalificar el lamarkismo se desprenden de la incomprensión de esta segunda ley y del antropocentrismo. El experimento más conocido fue el de August Weismann que cortó el rabo a varias generaciones de ratones y demostró que la medida de la cola de las últimas generaciones era comparable a la medida de las primeras. Aquí, como en todo los argumentos en contra del lamarquismo la incomprensión es doble, la incomprensión de esa segunda ley (algo que es entiende porque no es intuitiva) y la que se deriva de un antropocentrismo que no tiene en cuenta las diferentes escalas de tiempo humana y geológica:

    Para el hombre que, a este respecto, no juzga sino según los cambios que él percibe, los intervalos de estas mutaciones son estados estacionarios que le parecen sin límites a causa de la brevedad de existencia de los individuos de la especie. Y como los fastos de sus observaciones y las notas de hechos que ha podido consignar en sus registros sólo se extienden a algunos millares de años, lo que constituye una duración infinitamente grande con relación a él, aunque relativamente pequeña con relación a los cambios que se efectúan sobre la superficie del planeta, todo le parece estable en el globo que habita y se inclina a rechazar los indicios que los monumentos amontonados a su alrededor o enterrados en el suelo que huella bajo sus pies le presentan por todas partes. Las magnitudes, en extensión y en duración, son relativas. Procure el hombre penetrarse en esta verdad, y entonces se mostrará reservado en sus decisiones acerca de la estabilidad que atribuye en la Naturaleza, al estado de cosas que en ella observa.

    Filosofía zoológica, p. 63.

    Si atendemos a nuestra propia evolución, en la especie humana existen grupos que han permanecido con casi un estricto aislamiento genético desde hace diez, veinte o cincuenta mil años. Y entre estos grupos no existen diferencias genéticas que vayan más allá de caracteres eminentemente plásticos, y hasta cierto punto accesorios, como la pigmentación de la piel, rasgos faciales y medidas antropométricas (que también son muy plásticas en otras especies como primera medida de adaptación al entorno). Todos, caracteres externos, que intuyo, muy sensibles y maleables en función del entorno. Y los diversos grupos han tenido que adaptarse a medios diversos, hecho que propicia los cambios genéticos. Con todo, no se han producido ni cambios significativos, y mucho menos aislamiento biológico en ningún grado (esto es, no se ha producido ningún grado de esterilidad entre grupos, que denotaría un distanciamiento genético apreciable).

    "El hijo del herrero" no hereda el corpulento brazo de su padre, argumento que ha servido para desestimar el lamarquismo como teoría plausible. Aquí debo mostrar nuevamente mi admiración por Lamarck, porque hoy, ayudados de la genética podemos llegar a comprender esa segunda ley, pero ignoro como Lamarck pudo llegar a formularla. Porque la explicación no es simple: el hijo no hereda el carácter del padre, no dicho explícitamente, pero queda implícito al formular que se necesita de mucho tiempo, muchas generaciones para que adquiriéramos ese corpulento brazo. Y no solo se precisa tiempo, los individuos del grupo que se reproducen mutuamente (que eso es la reproducción sexual), en su mayoría, deberían ser herreros, usar intensivamente ese brazo para que lo pudiéramos heredar.

    Hoy podemos entrever esa posibilidad en la diferencia entre genotipo y fenotipo. Heredamos el genotipo y desarrollamos el fenotipo. Lamarck, sin conocer la existencia de esta característica en la herencia, lo que nos dice es que heredamos el genotipo, pero deberán pasar muchas generaciones, que este hábito, el uso intensivo del brazo se extienda en el grupo de forma sostenida en el tiempo para que esta característica pase al fenotipo, pase a formar parte del desarrollo del organismo. A mí esta deducción de Lamarck, sin sospechar siquiera la existencia de la línea germinal (el ADN) presente en la herencia, me sorprende. De hecho, ninguno de sus críticos ha tenido en cuenta este enunciado de su segunda ley. Lo más fácil para refutar esa segunda ley habría sido decir que es imposible que el carácter adquirido se manifieste pasadas muchas generaciones y no se manifiesta en la primera generación. ¿Cómo se entera el descendiente de un organismo que ese carácter está o no extendido en toda la “raza” y se ha mantenido extendido en el grupo durante largo tiempo? No han llegado a entender el alcance de esta segunda ley y simplemente han entendido que las modificaciones experimentadas en vida por el progenitor pasaban a su prole manifestándose en su desarrollo.

    Hoy sabemos que para fijarse una característica en el pool genético y se manifieste en el desarrollo de los individuos se precisa de muchas generaciones. También sabemos que mediante la reproducción sexual exogámica nuestra información genética deja de responder a un árbol genealógico definido, en pocas generaciones el ADN se mezcla en todo el grupo, por numeroso que sea (en una situación exogámica ideal, en una población estable, en 32 generaciones el ADN de la primera generación estaría mezclado en 4.294 967.296 individuos). Y también sabemos que el desarrollo del individuo no responde directamente a la herencia genética, sino que la herencia genética realiza una valoración de la información genética y, resultado de esa valoración, los caracteres se manifiestan con mayor o menor fuerza en el nuevo organismo.

    También sabemos que en nuestra información genética perduran caracteres ancestrales que desaparecen o se transforman durante el desarrollo embrionario. No sabemos exactamente las implicaciones que pueda tener la rápida mezcla del ADN en el grupo, tampoco sabemos qué función tiene la diferenciación entre genotipo y fenotipo, tampoco sabemos el modo en el que los organismos fijan, o fijamos, las características de la herencia durante el desarrollo. Pero todo esto nos debería llevar a intuir que la reproducción sexual, la recombinación del ADN de dos individuos es algo más complejo de lo que se nos explica desde el darwinismo. De hecho, desde el darwinismo, la reproducción sexual continúa siendo incomprensible: sus costos en términos de esfuerzo (hay que localizar una pareja), la disminución de las expectativas de supervivencia (en numerosos casos hay que llamar la atención para conseguir pareja) y disminución de las posibilidades de reproducción (la reproducción bacteriana es mucho más eficiente) no encuentran contrapartida plausible en términos darwinistas.

    Habría que dar explicación a toda esta complejidad, aunque no se cuente con datos empíricos en los que apoyarse. Y desde el lamarquismo se puede aportar una explicación plausible. Y toda esa complejidad, la división entre línea germinal y línea somática, que sirvió para refutar el lamarquismo, podría servir ahora para explicar su segunda ley; serviría para explicar cómo una característica puede permanecer “dormida” en el pool genético durante generaciones, o manifestándose tímidamente, hasta lograr imponerse en el desarrollo de los individuos del grupo.

    Metáfora de la vida en el espacio

    Esta va a ser una metáfora extensa y compleja, y tampoco estoy seguro de saber explicarme, así es que exigiría un poco de vuestra parte. Se refiere a cómo podríamos exportar vida a través del Universo, pero no tiene como finalidad el definir un proyecto para estos fines sino el crear un paralelismo entre ese hipotético modo de exportar vida, expandirnos (la vida es invasiva), y el mecanismo hereditario lamarquiano, explicar desde el lamarquismo la división entre las líneas germinal y somática.

    Un sistema para exportar vida a través del Universo sería encapsular formas de vida simples o proyectos de formas de vida que soporten un viaje de miles de años. Escogeríamos estos organismos, los encapsularíamos y los mandaríamos a través del espacio. Mandaríamos miles o cientos de miles de estos ingenios para garantizar que llegasen a diferentes planetas. La cápsula transportaría un mecanismo que al llegar al destino y comenzasen a reproducirse las primeras formas de vida, recogiese estas formas y las volviese a encapsular con instrucciones de que se replique esa capsula por miles y se reenvíen al espacio. Cuando la vida evolucione en el planeta de destino, se descubra la finalidad de la capsula y se cuente con tecnología para su replicación, se reenviarían por miles al espacio, incluso podrían contener instrucciones que tal vez sirviesen para ayudar a su replicación. De este modo, probablemente, también se expandiría la vida a través del Universo, si el número de cápsulas enviado es superior a las posibilidades de éxito.

    Pero esto no haría evolucionar la vida en el Universo, únicamente lograría expandirla a los planetas con características similares al nuestro. Y no parece plausible que sin la intervención de la vida inteligente que se desarrollase en esos planetas, contando únicamente con los errores que pudieran cometer en la replicación de las cápsulas, llegara a evolucionar.

    Para que la vida evolucionara en el espacio debería contarse con la intervención de las formas de vida que evolucionasen en esos planetas (en la metáfora estas formas de vida desarrolladas en esos planetas, los planetas mismos, seríamos los organismos). Habría que dar la posibilidad de que la experiencia en esos planetas se incorporara a la capsula. Pero la cápsula tiene una capacidad limitada, puede ser el doble, el triple o el cuádruple de las primeras necesidades, pero no podría seguir creciendo hasta el infinito. La información incorporada (que en la metáfora serían formas de vida) deberá tarde o temprano sustituir a información que ya viniese en la capsula.

    Un método sería optimizar la selección de las formas de vida a reenviar teniendo en cuenta como se ha desarrollado la vida en ese planeta, reenviar la cápsula con esas formas de vida seleccionadas (sería tanto como que el padre pasara a su descendencia su propia transformación: “El brazo del herrero”).

    Esto aparentemente sería muy eficaz, pero no lo es tanto, se podría estar sustituyendo una información por otra sin tener conocimiento que la información que se incorpora es de mayor calidad que la desechada. Por ejemplo, podría tratarse de un planeta que aunque fue posible que se desarrollara la vida en él, con características muy peculiares, poco presente en el Universo y con escasas posibilidades de que surja vida en él. En realidad este sistema no evolucionaría, probablemente la vida se expandiese en mayor medida que en el primer supuesto, pero tampoco evolucionaría, llegaría un momento en el que se darían bandazos sin definir una línea o varias líneas de evolución. No acumularía conocimiento, se limitaría a sustituir un conocimiento por otro una y otra vez.

    Un método para lograr que la vida evolucionase sería adjuntando un contador a cada forma de vida. Cuando en el planeta de destino llegara el momento de reenviar las cápsulas se permitiría la sustitución de parte de esas formas de vida por las formas que considerasen, desde el punto de vista de ese planeta, con más posibilidades de éxito. A las formas de vida que han evolucionado con éxito es ese planeta se le aumenta el contador en una unidad y las formas de vida que se incorporan sustituirían a aquellas formas de vida con el contador más bajo. Así si se evolucionaría, sería una evolución individualista que crearía tantas líneas evolutivas como en planetas se haya desarrollado la vida hasta el punto de poder reenviarse. Este sería un proceso lamarquiano, aunque no refleja con fidelidad el proceso porque si bien se produce una selección al reenviar la cápsula, no queda limitado el número de formas de vida que se reproducirán en el planeta de la siguiente generación, en la metáfora esto no es necesario, un planeta no es un organismo y si en el planeta se puede abrir la cápsula y que se intenten reproducir todas las formas de vida, en el desarrollo de un organismo esto no es posible.

    Este sería, como se ha dicho, un proceso lamarquiano en el que los organismos intervienen en la evolución, pero todavía no aparece en él la reproducción sexual. Para ello primero introduciremos una instrucción para que durante su trayecto en busca de nuevos planetas detecten otras cápsulas e incorporen su información a estas otras cápsulas. Y aquí ya se genera el mismo problema que en ejemplos anteriores, porque detectada la otra cápsula se sustituiría la información de esta sin saber si la información incorporada es mejor que la sustituida. Aquí habría que incorporar un mecanismo en las cápsulas para que se defendieran de ellas mismas: encapsular la información de modo que no pueda ser atacada por otras cápsulas, pero dando la oportunidad de que exista un trasbase de información entre cápsulas bajo determinadas condiciones. Y el protocolo podría ser el mismo que el utilizado para enviar las cápsulas: se procedería a fusionar ambos paquetes de información atendiendo a los contadores de cada unidad, el resultante sería una información más consistente que la que anteriormente portaba cada una de las cápsulas (tampoco reproduce con fidelidad la reproducción sexual, pero puede servirnos para su comprensión). Se habría pasado de una evolución individualista, en la que cada cápsula únicamente cuenta con la experiencia acumulada por sus generaciones anteriores, a una evolución cooperativa en la que se cuenta con la información de todas las capsulas con las que copule. Se crearían diversas líneas de evolución, pero si los contactos con otras naves son frecuentes, estas líneas quedarían limitadas a grandes grupos.

    Quizá la metáfora haya quedado muy complicada y poco explicativa, porque no se adapta fielmente a la evolución lamarquiana y a la reproducción sexual, pero me gustaría pensar que puede predisponer para un mejor entendimiento de los mecanismos de herencia lamarquianos. También, de modo accesorio, puede visualizar las dificultades con las que se encontraría la vida si tuviese que evolucionar mediante errores, porque la vida es mucho más compleja que esta metáfora.

    La teoría de Lamarck es la primera teoría de la evolución biológica. Formuló que la vida evoluciona, que las diferentes formas de vida existentes en la Naturaleza no han sido creadas sino que son el resultado de la evolución de otras formas primigenias, eso es, formuló la evolución biológica, mérito que no se le puede hurtar.

    Sobre este aspecto, la formulación de la evolución biológica, cabría añadir que fue su teoría la que abrió el debate sobre la Evolución durante la primera mitad del siglo XIX, que su teoría, con seguridad, protagonizó encendidos debates entre defensores y detractores. Su formulación le costó su prestigio profesional y, teniendo la constancia de que Robert Chambers publicó en 1844 Vestiges of the Natural History of Creation de forma anónima, puede deducirse las presiones a las que estuvieron sometidos los que en aquella época se acercaron al tema de la evolución de la vida, en definitiva al pensamiento evolucionista iniciado por Lamarck. Charles Leyll en 1830 publicó Principles of geology, incluyendo un capítulo en el que divulgaba y criticaba la teoría de Lamarck, y probablemente su gran prestigio le pondría a resguardo de las encendidas críticas que suscitara. A mediados del siglo XIX esos ataques habrían perdido virulencia y en círculos científicos se debatiría sobre evolución con relativa normalidad, esto explicaría que en 1858 los trabajos sobre Selección natural de Wallace y Darwin fuesen presentados en la Sociedad Linneana de Londres. Independientemente de lo acertado o no de los mecanismos que propuso para explicar la Evolución, este aspecto de su trabajo puede considerarse central, entendiendo en la época en la que se publicó, en la que el creacionismo era un dogma incuestionable, y debería valer para restaurar la importancia de su influencia en los debates que llevaron a que el evolucionismo se impusiera como conocimiento científico.

    Y los términos en los que la formuló siguen vigentes: las actuales formas de vida habrían evolucionado de formas de vida primigenias, esbozos que se habrían ido complicando y diversificando como respuesta a los diferentes medios en los que se habrían desarrollado, esa diversidad de circunstancias a las que se habrían enfrentado habría propiciado la gran diversidad de formas de vida actuales, y esta evolución se habría producido mediante cambios imperceptibles a lo largo de un gran espacio de tiempo.

    A medida que los individuos de una de nuestras especies cambian de situación, de clima, de manera de ser o de hábito, reciben por ello las influencias que cambian poco a poco la consistencia y las proporciones de sus partes, de su forma, sus facultades y hasta su misma organización; de suerte que todo en tales individuos participa, con el tiempo, de las mutaciones experimentadas. En el mismo clima, situaciones y exposiciones muy diferentes hacen por de pronto simplemente a los individuos que se encuentran expuestos a ellas; pero con la sucesión de los tiempos, la continua diferencia de las situaciones de los individuos de quienes hablo, que viven y se reproducen sucesivamente en las mismas condiciones, produce en ellos diferencias que llegan a ser, en cierto modo, esenciales a su ser; de suerte que si se han sucedido los unos a los otros, estos individuos, que pertenecen originariamente a otra especie, se encuentran al fin transformados en una especie nueva distinta de la otra. […] Sabemos positivamente en la actualidad que un cambio forzado y sostenido en las zonas de habitación y en los hábitos y la manera de vivir de los animales, operan, después de un tiempo suficiente, una mutación muy notable en los individuos que se encuentran sometidos a ellos.

    Filosofía zoológica. PP. 56-57, 64.

    Probablemente, la actualización de su formulación de la Evolución en estos aspectos centrales, una vez revisado el concepto vigente en su época de la generación espontanea, solo admita matices. Y la Selección natural lo que vino es a sustituir los mecanismos que propuso como explicación de esta evolución.

    Que los organismos nos adaptamos al medio y para ello nos modificamos, es algo que está fuera de duda y esta capacidad hay que admitirla presente en todas las formas de vida en mayor o menor medida: la capacidad para adaptarnos al medio en el lapso de tiempo de nuestra existencia como organismos es un hecho. Admitir que los organismos tenemos la capacidad de evolutivamente adaptarnos al medio, solo requiere prolongar a un ámbito más amplio esa capacidad que estaría sobradamente probada.

    Si ahora observamos a las más primitivas formas de vida, las bacterias, deberíamos otorgarles la misma capacidad que al resto de organismos, la capacidad de adatarse al medio, esto es, la capacidad de modificarse. Y si advertiremos que no existe una clara diferenciación entre lo que sería su existencia como organismos y la procreación de nuevos organismos: se replican, deberíamos admitir que en el mundo bacteriano se da la evolución lamarquiana, aunque por la complejidad que conlleva la adaptación al medio fuese más apropiado hablar de la capacidad de los organismos de modificarnos a nosotros mismos que de "uso y desuso".

    Que las bacterias no se modifican por sí mismas, sino que es el error en su replicación lo que les permite adaptarse al medio, es imposible rebatir sin un experimento que siguiese a esas bacterias mediante contraste y permitiese demostrar que una bacteria se modifica antes de replicarse en otras. No tengo conocimiento de que ese experimento se haya llevado a cabo, ni de las dificultades que conllevaría realizarlo; pero negar que las bacterias se adaptan al medio sería crear una categoría de organismos que no se adaptan al medio, porque lo normal es que se adapten, que nos adaptemos, que nos modifiquemos para adaptarnos.

    Y si las bacterias se adaptan al medio, se replican y las bacterias resultantes mantienen la modificación, estamos ante una evolución protagonizada por las propias bacterias, los seres menos complejos y más primitivos (no se tome esto en su literal, son tan contemporáneas como nosotros, pero en principio solo existían bacterias y de ellas hemos evolucionado todos los organismos), actores de su propia evolución. Y esto no significa dotar a estos organismos de cualidades especiales, únicamente debemos reconocer que los organismos, lo mismo que tenemos capacidad para replicarnos, reproducimos, tenemos capacidad para modificarnos, lo mismo los mamíferos que las bacterias.

    Mi opinión es que la actual reserva para que seamos los organismos los actores de nuestra propia evolución se remonta también a la primera mitad del siglo XIX, a los mismos argumentos que en aquel entonces impidieron aceptar el lamarquismo:

    A principios de este siglo, M. Lamarck, un naturalista del más alto carácter, sugirió la hipótesis de progresos orgánicos que merecidamente recibió burlas, a pesar de que contenía un atisbo de la verdad. él conjeturó, y se esforzó, con una gran cantidad de ingenio, para demostrar que uno ha avanzado en el curso de las generaciones, de otro; en consecuencia, sólo su experiencia y el ejercicio de sus facultades en una dirección particular, por la que se llevó a cabo los nuevos desarrollos de los órganos, proponiendo que estas variaciones son suficientes para constituir una nueva especie. […] Esta regularidad en la estructura, como podemos llamarla, de la clasificación de los animales, como se muestra en los sistemas, es totalmente incompatible con la idea de que sea meramente consecuencia de las necesidades y deseo de los propios animales. Si tal hubiese sido el caso, todo habría sido irregular, como las cosas arbitrarias necesariamente lo son. Pero, he aquí, todo el plan de la vida es como simétrico como el plano de una casa, o el trazado de un antiguo jardín. Esto debe necesariamente haber sido diseñado y preparado de antemano. Y lo que observamos es una previsión antes de la concepción. Observemos solo por un momento cómo las diferentes condiciones físicas en que viven los animales de clima, suelo, temperatura, tierra, agua, aire, las peculiaridades de los alimentos, y las diversas formas en las que se que se pretende; las peculiares circunstancias en las que el negocio de la reproducción y el cuidado de con el que los jóvenes tienen que ser atendidos, todas estas deben de tenerse en cuenta, y miles de animales que se han formado adecuados en la organización y carácter mental de las preocupaciones de que éstos tengan con sus distintas condiciones y circunstancias –este es el caso de un diente preparado para aplastar frutos de cáscara, una garra equipada para servir como un gancho para la suspensión;… […]- Todos estos animales serían producto de un plan llevado a cabo. Cada uno como cada una de las partes de esa gran variedad, en su conjunto rigurosamente regular, solo debe considerarse estas cosas para decretar que las leyes que implican tal grado de la sabiduría solo puede atribuir a la grandeza eterna. ¿Cómo una tímida reflexión filosófica puede hacernos retroceder ante la investigación de las obras de Dios, hacernos infravalorar su grandeza y olvidar su carácter paternal? ¿No les parece que nuestras ideas de la Divinidad sólo pueden ser dignas de él avanzando en el conocimiento de sus obras y las formas, y que la adquisición de este conocimiento es por consiguiente, un medio a disposición nuestro cada vez más en un respeto genuino por él?

    Robert Chambers, Vestiges of the Natural History of Creation. 1844. (Traducción propia, luego cuestionable)

    Chambers era evolucionista, pero no admitía que los organismos pudieran protagonizar su propia evolución. Admitía la evolución, pero dirigida, no por seres inferiores sino por un ser superior.

    Admitir que los organismos se modifican para adaptarse al medio no es dotarles de una cualidad superior, tampoco es necesario un diseño para conseguir los equilibrios que se dan en la Naturaleza; esto es suficiente, que los organismos nos adaptemos al medio, entendido ese medio como todo lo que interviene en su desarrollo, incluida la interacción con otros organismos. Lo que impide considerar a los organismos como actores de la Evolución es considerar esta capacidad como algo superior, hablar de “voluntad” en términos antropocéntricos, que sería esa voluntad lo que llevase a los organismos a modificarse, a adaptarse; y mitificar también el producto de la Evolución: la Naturaleza, que puede impresionarnos por su cohesión, también podemos decir perfección, pero perfección que se da por la perfecta interacción de todos los organismos, por la perfecta adaptación de todos los organismos al medio.

    Para aceptar la capacidad de los organismos para adaptarnos al medio y trasladar esa capacidad de adaptación al ámbito de su evolución únicamente requiere desmitificar conceptos.

    «…La idea cardinal de Lamarck de que la evolución es una respuesta activa y creativa por parte de los organismos a sus necesidades sentidas…» Esta frase de Stephen Jay Gould7 incluye los términos apropiados para que desde nuestros arquetipos estemos predispuestos a rechazar la herencia de los caracteres adquiridos de Lamarck, serían los arquetipos que a Gould le impidiesen también tan siquiera tomarla en consideración. Porque, ¿puede una ameba ser creativa?, ¿puede una espora sentir necesidades?, ¿una planta podría ser creativa, tener sentimientos? ¿No somos los humanos los únicos creativos, los únicos portadores de sentimientos? Son trampas del lenguaje y trampas de nuestros arquetipos. Esto mismo expresado de forma que evite esos mitos y esas trampas del lenguaje adquiere otro significado: “la idea cardinal de Lamarck de que la evolución es una respuesta de los organismos al medio en el que se desarrollan”, no choca directamente con nuestros mitos, con el valor que damos a las palabras, aunque estas puedan tener una acepción más amplia.

    Pienso que admitir que los organismos, por simples que sean, tienen la capacidad de modificarse como nosotros mismos, como son capaces de reproducirse, como nosotros mismos somos capaces de reproducirnos y modificarnos, es fácilmente asumible. Pero si nos preguntamos ¿qué fuerza les hace modificarse, qué fuerza nos hace modificarnos? Y nos respondemos: la creatividad, la voluntad, la inteligencia,… ¿estamos dispuestos a dotar a los organismos más simples de esa voluntad, esa creatividad, esa inteligencia? Esta capacidad de modificarse a sí mismo la reservaremos a nosotros mismos, la negaremos en organismos a los que les negamos una capacidad creativa o sentimientos, porque estos organismos no son capaces de crear arte, por ejemplo, o de llorar, que es lo que asociamos a estos términos. Igualmente, seríamos excepticos sobre su capacidad para autoreplicarse, su capacidad procreadora, si nos preguntásemos su porqué y no nos fuese tan evidente que se replican o procrean; y tendríamos más motivos, porque esta cualidad de la vida sí es realmente sorprendente.

    Ni siquiera deberíamos evitar el término sentimiento si lo utilizamos en un sentido amplio. Los organismos sentirían a través de los órganos especializados que posean para interactuar con el entorno. Así, podríamos decir que cualquier organismo, por simple que nos parezca, tiene sentimientos. La Real Academia Española (RAE) ofrece tres acpciones para el término sentimiento:

    1. m. Acción y efecto de sentir (experimentar sensaciones (impresión que las cosas producen por medio de los sentidos) producidas por causas externas o internas) o sentirse.

    2. m. Estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente.

    3. m. Estado del ánimo afligido por un suceso triste o doloroso.

    Utilicemos la primera acepción: “Acción o efecto de sentir”. Podemos observar como un frutal cuando el otoño es muy caluroso inicia el proceso de floración, como si se tratase de la primavera. Podemos decir que el frutal detecta la acción del Sol, “detectar” estaría menos vinculado a nuestras cualidades, una máquina puede detectar a través de uno de sus sensores. Pero si decimos que una planta siente los rayos del Sol puede parecer que estamos construyendo mal la frase, que estamos dotando de sentimientos a un organismo que, al menos, sería dudoso que poseyera esos sentimientos. Sin embargo, no nos choca que una máquina posea sensores, cuando etimológicamente la finalidad de un sensor sería sentir. La RAE define así el término:

    sensor. (Palabra formada sobre el lat. sentĭo, sentir, para indicar el agente de este verbo latino).

    • 1. m. Dispositivo que detecta una determinada acción externa, temperatura, presión, etc., y la transmite adecuadamente.

    Un sensor sería un dispositivo que “detecta”, aunque etimológicamente (origen de la palabra, razón de su existencia, de su significación y de su forma) lo correcto sería decir que siente; pero nos resistimos, la RAE también, a que una máquina sienta, lo dejamos en “detecta”, término que estaría más alejado de nuestro antropocentrismo; porque sentir, que sería sinónimo de detectar, lo consideramos una cualidad propia nuestra.

    Pero sería perfectamente correcto decir que un frutal siente (experimenta sensaciones ("impresión que las cosas producen por medio de los sentidos"8) producidas por causas externas o internas) el calor de los rayos del Sol, y como consecuencia de ello inicia el proceso de floración aunque no sea primavera.

    Ahora digamos que los organismos conducen la Evolución. La Evolución, algo que nos sorprende tanto ¿puede ser conducida por los organismos? Quizá conducida por los mamíferos..., pero sabiendo que organismos también lo son amebas y bacterias ¿han podido ser estos seres tan simples los artífices de tal maravilla? Aquí deberemos también desmitificar la Evolución: el universo evoluciona, guarda los mismos o parecidos equilibrios, la misma perfección que la Vida en la Tierra, y deberíamos pensar que los artífices de tal perfección son átomos y partículas subatómicas.

    Desmitificando la Evolución, desmitificando la Vida misma, desmitificándonos a nosotros mismos, integrándonos en la Naturaleza como una parte más de ella, admitiendo que no nos diferenciamos de ningún otro organismo sino por nuestra propia singularidad, singularidad que nos define y define a cualquier otro organismo, estaremos en condiciones de interpretar a la Naturaleza con objetividad. Y no rechazaremos a priori la idea de que la propia vida, esto es, los organismos que la conforman, hayan sido los actores de su propia evolución, como las partículas subatómicas han conformado el Universo. Así, no beberemos dejarlo todo en manos del azar, sino buscar sus leyes; porque el azar, en realidad, es la manera de explicarnos a nosotros mismos aquellos acontecimientos de los que desconocemos sus causas, en muchos casos porque su complejidad nos sobrepasa; algo, esto último, que no creo que se corresponda con la evolución de la vida, de la que no nos debería ser difícil alcanzar el conocimiento de sus leyes fundamentales.

    Como la única novedad desde que Lamarck formuló la teoría de la Evolución es la selección natural, como esta selección natural depende del azar para lograr la apariencia de evolución, como considero que se utiliza el azar como recurso fácil para dar explicación a procesos de los que desconocemos sus causas, considero la teoría de Lamarck como la base sobre la que trabajar para lograr explicar en un futuro las claves de la Evolución.

    En realidad, la carga de la prueba debería correr por cuenta de quienes pongan en duda que los organismos somos los que nos hemos auto organizado y hemos evolucionado, desde las más simples formas de vida primigenias a las más complejas y diversificadas formas actuales; porque eso sería lo normal si no recurrimos a un ente que nos organice.

    .../...




    Dificultades del darwinismo para explicar la Evolución


  • 12.01.-Aleatoriedad y ventaja del más apto
  • Metáfora de la orquesta
  • Retroceso de órganos
  • Sistema depredador-presa
  • 12.02.- Darwinismo y holismo
  • 12.03.- Seleccionismo y sinergia

  • Las opiniones expresadas por Lamarck, en 1809, en estas teorías, son asombrosamente atrevidas; son, además, amplias, grandiosas, y fueron formuladas en una época en que ni siquiera se podía entrever la posibilidad lejana de fundarlas sobre hechos evidentes, como podemos hacer hoy. Ya lo veis; la obra de Lamarck es verdaderamente, plenamente y estrictamente monística, es decir, mecánica; así la unidad de las causas eficientes en la naturaleza orgánica y anorgánica, la base fundamental de estas causas atribuida á las propiedades físicas y químicas de la materia; la ausencia de una fuerza vital especial ó de una causa final orgánica; la procedencia de todos los organismos de un corto número de formas antepasadas, salidas por generación espontánea de la materia; la perpetuidad no interrumpida de la evolución geológica; la ausencia de revoluciones y especialmente la inadmisibilidad de todo milagro; en una palabra, todas las proposiciones más importantes de la biología monística están ya formuladas en la FILOSOFÍA ZOOLÓGICA.

    Ernesto Hæckel. Filosofía zoológica

    ¿Y qué tenemos para apoyar la hipótesis de que los organismos hemos propiciado nuestra propia evolución? Porque aunque esto parezca razonable, deberemos apoyarnos al menos en indicios que nos deberían conducir a pruebas que la confirmaran.

    Pero si cada indicio o posible prueba que encontremos lo explicamos mediante la acción de un ente que lo hace posible, como ocurre en la actualidad, sea este ente de las características que sean, nos será imposible avanzar, ningún indicio se tomará como tal, se dirá que es obra de ese ente. Por ello, antes de adentrarme en la exposición de indicios o posibles pruebas que harían del lamarckismo una teoría plausible, expongo, en líneas generales, las dificultades que encuentra el darwinismo como candidato para explicar la evolución de la Vida

    Simplificando, quizá de forma inaceptable, el darwinismo se referiría concretamente a la selección natural, sin que esta pueda explicar la novedad biológica; y neodarwinismo sería la selección natural con el error genético como fuente de novedad biológica, aportación que desde el propio darwinismo, apoyándose en la genética de Mendel, se hizo en los años veinte del siglo pasado para cubrir esa limitación del darwinismo. En realidad, hablar de darwinismo para explicar la Evolución no tendría sentido ya que la selección natural no es capaz de generar novedad biológica, imprescindible para que la vida evolucione, solo mediante los errores genéticos incorporados por el neodarwinismo se podría hablar de evolución. Como no se trataría de dos teorías diferentes sino una completada por otra, y como el término “darwinismo” es el más extendido, será este el que utilice para referirme indistintamente al darwinismo o al neodarwinismo.

  • Aleatoriedad y ventaja del más apto
  • Para que la selección natural actúe dando la apariencia de evolución, el error debe suponer una ventaja y que la ventaja adquirida sea suficiente para que la estirpe de su portador se imponga al resto. Esto supone que el error debe proporcionar una ventaja per se a su portador. No vale que pasadas generaciones, por sucesivas modificaciones, los individuos modificados hayan mejorado sus expectativas de supervivencia, que es lo normal, el darwinismo requiere que desde un principio el portador de la primera y mínima modificación obtenga una ventaja reproductiva. El darwinismo explica esto mediante las matemáticas: si un individuo y sus descendientes se reproducen un 0,01% más que el resto del grupo, por ejemplo, pasadas las generaciones, todos los miembros del grupo serán portadores de esa pequeña diferencia. Como estamos hablando de un proceso, la Evolución, de miles de millones de años, esto es posible.

    Mapa de los cinco continentes que representa en varios colores la migración del homo sapiens y su ocupación de los continentes mediante flechas. Hace 100.000 años llegan a Oriente Medio, 70.000 años para la ocupación de la parter inferior de Asia, 50.000: Australia, 40.000: Europa, 25.000: resto de Asia y la península nórdica, 15.000, 12.000 y 4.500 para la ocupación de América

    Esto es una falacia, en realidad el darwinismo requiere que en muy pocas generaciones, una mínima diferencia se imponga en el grupo o en la especie. La Evolución es un proceso de millones de años, pero una determinada característica, en casos no requiere de más de 1.000 generaciones para que se halle extendida en el grupo. Y la forma en que se consolida esa característica desde el darwinismo es mediante pequeñas y sucesivas mutaciones (todas en la dirección de completar la modificación iniciada mediante el primer error), por lo que cada característica requiere una cadena de errores, y que los portadores del error de cada uno de esos eslabones imponga esa pequeña modificación en el resto del grupo. Supone que un amplio número de portadores de errores han impuesto sucesivamente su estirpe en el grupo, por lo que una modificación que se haya consolidado en el trascurso de 1.000 generaciones y que se hayan tenido que producir 100 mutaciones para completarla, habrían existido cien portadores de esa mutación que sucesivamente han ido imponiendo su descendencia en el grupo. Esto es, cada portador de cada uno de los sucesivos errores habría contado con diez generaciones para desplazar al resto de individuos del grupo en favor de su estirpe.

    Todos sabemos, por experiencia personal, que, en las noches oscuras, hay una serie insensiblemente continua de gradaciones que van desde una ceguera total hasta una visión perfecta, y que cada escalón a lo largo de esta serie otorga unos beneficios significativos. Una visión del mundo a través de unos binoculares enfocados y desenfocados de manera progresiva, puede convencernos rápida¬mente de que hay una serie gradual de calidades en el enfoque, siendo cada paso de esta serie una mejora sobre el anterior.

    El relojero ciego, Richard Dawkins

    Así es como mayoritariamente se explica desde el darwinismo la evolución del ojo: una serie imperceptible de pequeños cambios en el sentido de mejorar su comportamiento y utilidad. Esto es igual a decir que existió una cadena de errores en el sentido de ir mejorando sus prestaciones y, por lo tanto, tantos portadores de una mínima mejora que impusieron sus genes en el resto de la especie que adquirió el órgano de la visión. Como la evolución de la visión se pudo dar en el trascurso de millones de años, como la adquiría una especie con ciclos de reproducción cortos y un elevado potencial reproductivo, tenemos millones de años, millones de generaciones y miles de millones de individuos; por lo que sería imposible convencer de lo contrario a quien crea que fue el azar el origen de la visión, de los ojos, de todas sus conexiones nerviosas y su gestión por parte del cerebro. Se le podría decir que el órgano de la vista es complejo, que requiere de sinergia para conseguir una mínima operatividad, que en la complejidad del ADN es dudoso que se den una serie de error que precisamente supongan mínimas mejoras y en el mismo sentido,… Cualquier argumento sería contestado con que existe tiempo suficiente para que esto se haya producido mediante el azar de los errores genéticos, porque esta es la respuesta se ha dado durante casi cien años.

    Cambiemos este ejemplo por el de la pigmentación de la piel, al caso de la adaptación de la población nórdica. Este ejemplo ya lo he utilizado en algún borrador. La ocupación de Europa por el homo sapien se produjo hace unos 50.000 años y la ocupación de la península noruega hace unos 15.000 o 20.000 años, esto nos da unas mil o dos mil generaciones para pasar de una pigmentación oscura a una clara.

    Ahora argumentemos como desde el darwinismo se argumenta para la adquisición del órgano de la vista: es sabido que una piel clara absorbe mejor los rayos del sol y que estos rayos de sol proporcionan vitaminas que mejoran nuestra salud. Desde una piel oscura a una piel clara existe toda una serie de gradaciones que mejorarían la absorción de estos rayos, cada paso de esa serie que llevaría a una piel clara es una mejora sobre el anterior.

    Dividamos esas mil o dos mil generaciones en los pasos, esto es, los errores que se habrían dado para que la población nórdica haya pasado de una piel oscura a una clara, calculemos la ventaja que ha logrado cada portador de ese error genético que le proporcionó un piel un poco más clara y el modo en que esa piel un poco más clara se ha ido imponiendo una y otra vez en el grupo hasta llegar a la actualidad. Ni tratándose de un carácter mendeliano, que no lo es, sería posible modelar un supuesto verosímil.

    Hay que partir de la base de que las explicaciones darwinistas en ningún caso recogen la autentica dimensión de las dificultades del darwinismo: la enorme complejidad de la vida en todos sus extremos, la complejidad del genoma, la complejidad de las interacciones de los individuos en el grupo, la complejidad que supone la adaptación al medio (que no se limita a la modificación de una característica tras otra de forma secuencial, sino que se producen infinidad de modificaciones, en algunos casos imperceptibles, de forma simultánea). En muchos casos son explicaciones, ejemplos y metáforas que se asimilan a la selección artificial, no al enunciado de la selección natural.

  • Metáfora de la orquesta
  • Desde el darwinismo se utiliza la siguiente metáfora para explicar cómo la selección natural puede superar que la información genética, el genotipo, no se traduzca fielmente en el desarrollo de organismo, el fenotipo. La herencia genética sería una orquesta, en muchos casos se simplifica aun más y es un grupo, una banda musical; este sería el genotipo, sobre el que la selección natural no podría actuar directamente dado que no se manifiesta plenamente en el desarrollo del organismo. Sería sobre las canciones que este grupo grabara (los organismos después de su desarrollo) sobre las que actuaría la seleción natural. Una orquesta en la que se sustituyera a un músico por otro mejor, ejecutaría mejor las canciones y estas se venderían más que las del grupo donde ese músico no se ha sustituido. En realidad esta metáfora no explica por qué ese plus de complejidad que supone genotipo y fenotipo, que alguna función debería cumplir, solo justifica que en esa complejidad pueda actuar la selección natural. En todo caso, en la siguiente exposición no se va a utilizar la metáfora para ese fin, sino para exponer que tal metáfora no es buena para representar la herencia de los organismos.

    mas...

    El darwinismo necesita que esa metáfora represente a la herencia de los seres vivos, necesita de bandas o orquestas idénticas, y que la sustitución de uno de sus miembros signifique que esa banda es mejor que las otras. En la naturaleza esto no se da, no existen dos organismos idénticos, ni siquiera los que compartan el mismo ADN, como serían los gemelos, terminado el desarrollo son idénticos. Y el ADN no sería una banda de cuatro o cinco músicos, en nuestro caso sería una orquesta de 30.000 músicos. Hay que creer que, imaginando varios millones de orquestas idénticas de treinta mil músicos, la sustitución de un músico por otro un poco mejor o un mucho mejor, significará que los discos de esa orquesta se van a vender más que los de las otras orquestas. Que con el tiempo todos estaríamos de acuerdo en que esa banda es mejor y serían sus discos los que se hubiesen impuesto a los del resto de orquestas. Esto ya es mucho suponer, pero para completar la metáfora habría que decir que el músico se ha elegido al azar entre la población y ha resultado ser mejor que el que sustituye.

    Aun aceptando todo esto, los organismos, en nuestro desarrollo, no nos asimilamos a una orquesta perfectamente disciplinada, en la que si un día un músico se encuentra indispuesto, en resultado se pudiera resentir. Nuestro desarrollo como organismos encuentra mejor metáfora en una banda de jazz, una banda de jazz en la que si un músico un día no está acertado en sus improvisaciones, es otro músico, o el resto del grupo el que le toma el relevo e intenta que su falta de acierto no se note. Y esto en una banda de 30.000 músicos (si se considera como unidad el gen, si se considerase como unidad los nucleótidos se trataría de una orquesta de tres millones de músicos [(genoma humano]). Los organismos estamos capacitados para suplir, hasta cierto punto, limitaciones en nuestra herencia genética, una mínima diferencia en la información genética no restaría ni aumentaría potencial reproductivo al organismo que desarrollará características y habilidades compensatorias. Por ejemplo, las posibilidades de supervivencia de una persona con la piel oscura en una zona de poca insolación la compensaría (si la diferencia fuese ostensible) con una tendencia a exponerse más a los rayos del Sol, o con la preferencia de una dieta ligeramente diferente a la del que tuviera la piel más clara; pero en todo caso, el organismo supliría esa mínima diferencia en las vitaminas que le proporciona la radiación solar, porque nuestro metabolismo también tiene la capacidad de adaptarse al medio, somos capaces de sobrevivir en los más variados hábitats. Nuestro organismo tiene la capacidad de modificarse para adaptarse a esos diferentes hábitats. Si no les asiste la selección sexual, que sí es un hecho, ninguno de los dos va a conseguir alguna ventaja reproductiva, quizá aprobar una oposición al cuerpo de notarios le ayude más a cualquiera de los dos.

    Es un hecho que los habitantes de la península nórdica, como los habitantes de cualquier otro lugar, han adaptado la pigmentación de su piel a las condiciones de insolación de su hábitat, pero esto solo demuestra que nos adaptamos al medio, que nos modificamos para adaptarnos al medio; no demuestra que esa adaptación la proporcione la selección natural. Precisamente, el que en todos los casos, sin excepción, nos hayamos adaptado a esas condiciones de insolación, debería hacernos pensar que no se trata de un proceso azaroso. Desde el darwinismo lo que se hace es que, sabiendo que esa adaptación se ha dado, justificarla mediante la selección natural, suponiendo que las mutaciones que se han producido para que se llegue a esa adaptación han sido resultado de errores genéticos. En casos, los darwinistas se sienten respaldados por el hecho de que las mutaciones existan, pueden utilizar mutación y error genético como sinónimos, tal es su seguridad de que las mutaciones son producto de los errores.

    El darwinismo no explica la evolución sino que, vistas las consecuencia de la evolución, adapta sus postulados para que coincidan con esas observaciones. El principal carácter del darwinismo es que la evolución es gradual, mediante pequeños e imperceptibles cambios. Y esto no porque la teoría lo prediga, sino porque observada la naturaleza, estudiada la realidad de la evolución, se desprende que se ha producido y se produce mediante pequeños e imperceptibles cambios. Pero, si las mutaciones son azarosas, ¿qué es lo que obliga a que esas mutaciones, millones y millones de mutaciones, producto de errores, producto del azar, siempre, o en su mayoría, sean mínimas?, ¿por qué esa uniformidad? ¿Existe una ley que diga que los errores en la replicación del genoma son de consecuencias mínimas, que una característica de un organismo tenga que recorrer un largo camino de pequeños errores para aumentar su utilidad? ¿No deberían darse con parecida frecuencia errores que propiciaran mínimos cambios, errores que propiciaran cambios más significativos y errores que propiciaran grandes cambios? Si se evolucionara mediante errores así deberían ser los errores, faltos de uniformidad; sin embargo, se formula que se evoluciona mediante pequeños cambios, no porque la teoría prediga que mediante errores en la replicación del genoma se darán pequeños cambios, sino porque es esa la percepción que tenemos de como se ha evolucionado.

    Retroceso de órganos

    Una vitrina en la que se compara un autobus de dos pisos londinense con un ballena. Se necesitarían tres o cuatro de estos autobuses para cubrir la longitud del cetáceo. Es parte de una exposición del Blackgang Chine, un parque de atraciones de la isla de Widht.

    Para terminar de exponer esta primera dificultad, un ejemplo clásico que Gould recoge de Weismann (principios del siglo XX): el retroceso de las extremidades posteriores en los cetáceos.

    Spencer cita una ballena de Groenlandia de 20.160 kilos, con un fémur de 100 gramos, y un rorcual de 25.200 kilos, con un fémur de 28 gramos, «de manera que estos vestigios de miembros posteriores sólo representaban 1/896.000 del peso total del animal». ¿Puede creerse que una sustancial reducción relativa, pero intrascendente en su valor absoluto (de un fémur de 56 gramos a otro de 28, por ejemplo), podría representar una ventaja hidrodinámica apreciable (y más si se piensa que la expresión externa del rasgo habría desaparecido mucho antes) o constituir un ahorro significativo de energía? Weismann aceptó la falta de plausibilidad de tal idea y reconoció que tales estados tardíos en la reducción de órganos degenerados requerían una explicación más allá de la selección organísmica: «Recurriendo a la llamativa ilustración de Herbert Spencer, ¿cómo podría la balanza de la vida y la muerte, en el caso de un coloso como la ballena de Groenlandia, inclinarse a uno u otro lado por una diferencia de unas pocas pulgadas en la longitud de los miembros posteriores? [...] La reducción ulterior a su estado moderno de degeneración avanzada y ocultación absoluta dentro de la carne del animal no puede referirse siquiera a selección negativa» (Weismann, 1903, vol. 2, pág. 114).

    Gould (2002)

    Estos datos son del siglo XIX, pero al estar recogidos por Gould en 2002, habría que aceptar que poco se alejarán de resultados de investigaciones actuales. El problema está ahí y era reconocido por los propios darwinistas: es imposible que un individuo de 20 o 25 toneladas adquiera una ventaja reproductiva por pasar en su constitución de un fémur atrofiado de 56 gramos a otro de 28 gramos.

    Decir que Gould, que recoge la dificultad, no ofrece una explicación, se limita a recoger la explicación que finalmente Weismann daría al problema a principios del siglo XX, y desconozco si en la actualidad desde el darwinismo se sigue aceptando esa explicación o se ofrece otra, Gould no la ofrece. Y Weismann, tras intentar otras explicaciones, termina explicándolo mediante lo que llamó selección germinal (un "epiciclo"):

    Weismann concibió un argumento ciertamente ingenioso: si la selección a nivel de organismo puede producir tendencias en la morfología de los fenotipos, entonces una selección germinal intracelular podría conferir direccionalidad a la variación que alimenta la selección organísmica convencional. Si es previsible que los determinantes de un órgano inútil sean vencidos en una lucha intracelular por la existencia, entonces la tendencia a la eliminación completa (un ejemplo aparente de evolución mediante la herencia lamarckiana y el principio del desuso) todavía podría atribuirse a la selección. Este nuevo mecanismo podía no ser equiparable a la selección darwiniana entre organismos competidores, pero la «selección germinal» representaba un proceso similar en el aspecto formal y lógico, sólo que aplicado a objetos subcelulares replicantes en vez de organismos enteros.

    Gould (2002)

    Weismann no puede explicar tal evolución desde la selección natural y ofrece una explicación alternativa que lo que viene es a complicar aún más la posibilidad de refutar la selección natural ya que propone que existe otra selección entre genes; esto es, dentro del ADN unos genes, que no son otra cosa que unidades de información, estarían compitiendo entre sí y lo harían del modo que es posible validar los casos en los que la selección natural entre organismos no es capaz de hacerlo. Hoy, esta teoría sirve para explicar aquellos aspectos de la evolución que los propios darwinistas admiten no encuentran explicación mediante la selección natural:

    La selección germinal se basa en la idea de que los determinantes dentro de una célula germinal son comparables a los organismos dentro de su hábitat. Así como los organismos luchan por los recursos limitados, y no todos pueden sobrevivir, los determinantes se disputan el flujo de nutrimento disponible para cada célula. Los ganadores crecen y proliferan, y los perdedores se marchitan o desaparecen del todo. La fuerza de los determinantes gobierna la expresión fenotípica del rasgo correspondiente. Así, si los determinantes de un rasgo panicular disminuyen por selección germinal intracelular, la expresión del rasgo se verá menoscabada por agotamiento de su base molecular. […]

    Lo ingenioso de este argumento reside en su capacidad de asumir los desafíos potenciales más serios a la Allmacht de la selección (un grupo de fenómenos que parecen residir fuera del control de la selección organísmica y, por lo tanto, dentro del dominio del lamarckismo o la ortogénesis) y reinterpretarlos como productos de la selección a un nivel inferior. Porque, así como la selección organísmica puede producir tendencias direccionales en los fenotipos a escala geológica, la selección germinal puede hacer lo mismo al fortalecer o debilitar determinantes (y sus expresiones fenotípicas) a la escala generacional. El declive gradual y unidireccional hasta el olvido de un órgano no sujeto a la selección personal ciertamente sugiere una pérdida lamarckiana por desuso; pero si bajamos un nivel y miramos dentro de las células germinales, vislumbraremos (aunque no podamos ver directamente) una competencia y selección constantes entre los determinantes, con los perdedores pagando el precio usual de la eliminación gradual e inexorable. Esto implica sacrificar la Allmacht del darwinismo estricto y despojar a la selección organísmica de su exclusividad; pero la selección misma conserva su preeminencia por expansión:

    Los determinantes más poderosos en la célula germinal absorberán nutrimento más deprisa que los débiles. En consecuencia, los últimos crecerán más lentamente y producirán descendientes más débiles que los primeros. [. . .1 Puesto que cada determinante lucha tenazmente con sus vecinos por el alimento (esto es, toma para sí tanto como puede en consonancia con su poder de asimilación y en proporción al suministro de nutrimento), un determinante disminuido se verá privado de su nutrimento por los vecinos no empobrecidos más deprisa que sus ancestros más robustos» (Weismann 1896, pág. 24).

    Gould (2002)

    Así: “un grupo de fenómenos que parecen residir fuera del control de la selección organísmica y, por lo tanto, dentro del dominio del lamarckismo o la ortogénesis” es lo que obliga a enunciar un tipo de selección en el genoma (entre genes, unidades de información, que es como decir que en los términos de una suma los doses están compitiendo con los treses para aparecer en el resultado). No se trata de la consecuencia de profundizar en la teoría y como resultado de ello se vea ampliada, o que se llegue a la selección entre genes mediante la experimentación o la deducción, se trata de buscar explicación a procesos que no explica la teoría. Porque esa selección entre genes, sin iniciarse siquiera su estudio, sin definir el proceso que nos serviría para conocer cómo actúa, en qué casos podría manifestarse y en cuales no, en definitiva, sin dar la posibilidad de refutación por su ambigüedad, se ajusta del modo que explique lo que la selección natural no pueda explicar. No se ha descubierto que una determinada característica se deba a esa selección, la selección germinal es un simple enunciado que solo sirve para responder al que cuestione que tal aspecto de la evolución es imposible explicarlo mediante la selección natural, como el caso de la recesión del fémur en los cetáceos. La selección entre genes, extendida en sectores del darwinismo, dicho con crudeza, es una invención para explicar procesos que la selección natural no puede explicar. El problema es que una vez enunciada la selección entre genes, indemostrable y de imposible refutación, sirve para convalidar a la selección natural en los aspectos que harían posible su refutación. Así, antes de intentar refutar la selección natural habría que refutar la selección entre genes, profundizar en el estudio del genoma, no ya llegar a conocerlo en sus principales características e interacciones, sino conocerlo hasta el extremo de poder demostrar que no existe esa suerte de selección; y si para su formulación no ha requerido rastro de indicio, para su refutación se precisaría de pruebas indiscutibles porque según el argumento de Weismann recogido en 2002 por Gould:

    No se puede obligar a aceptar la selección germinal a nadie que no esté dispuesto a hacerlo, como podría obligársele a aceptar las proposiciones pitagóricas. La selección germinal no está construida desde abajo sobre axiomas, sino que es un intento de explicación de un hecho establecido por la observación: la desaparición de las partes desusadas. Pero una vez la herencia de las modificaciones funcionales se ha demostrado una falacia, [...] aquel que rechace la selección germinal debe renunciar a todo intento de explicación. Ocurre lo mismo que con la selección personal. Nadie puede demostrar matemáticamente que cualquier variación posee valor selectivo, pero cualquiera que rechace la selección personal abandona la esperanza de explicar las adaptaciones, porque éstas no pueden referirse a fuerzas puramente internas del desarrollo» (Weismann 1903, vol. 2, pág. 121))

    Gould 2002

    Darwinismo y holismo

    Otra dificultad del darwinismo para explicar la evolución vendría dada por una limitación: para el darwinismo todos los procesos que intervienen es la Evolución son secuenciales, no puede explicar procesos sinérgicos. Al evolucionar mediante errores, no puede existir una serie de errores coordinados. Tradicionalmente, un nuevo órgano, una nueva funcionalidad se da por el error en la transcripción de un nucleótido en la replicación del ADN, ese error llevaría a la modificación del gen y ese gen, que sería el que controla la característica a modificar, llevaría a la nueva funcionalidad, incluso al nuevo órgano o esbozo de órgano. La dificultad estriba en que en un genoma de 3 millones de nucleótidos, si para la evolución de un órgano se requiriera la modificación de tres o cuatro nucleótidos en concreto (que ya es simplificar), la posibilidad de que esa combinación de errores se produzca sería de una entre 3 millones elevado a la tercera o a la cuarta potencia. Si como admite el darwinismo y la Evolución confirma, una funcionalidad va evolucionando poco a poco, y de forma sostenida en el tiempo (si las condiciones no cambian), sería como decir que nuestra herencia genética constantemente está acertando en una lotería de 3 000.0003 o 3 000.0004 números, según admitamos que intervienen tres o cuatro nucleótidos. Aun admitiendo, como admitía el darwinismo en la primera mitad de siglo XX, que el genoma es un conjunto de genes que cada uno responde a una característica y que modificando un nucleótido se está modificando la característica controlada por este gen (genética mendeliana, en la que se basó el neodarwinismo), también sería como estar acertando con una frecuencia uniforme9 en una lotería de 3 000.000 de números.

    En todo caso, bien entendamos que un carácter lo controla un gen, bien entendamos que lo controla una combinación de varios, esto también sería una simplificación. El darwinismo ineludiblemente nos lleva a la simplificación, a entender la evolución como procesos individualizados y simples. Elude en todo momento la complejidad: la complejidad de los ecosistemas, de la interacción entre especies y estos ecosistemas, entre las propias especies y entre individuos de la especie. Sus explicaciones son siempre simples sin tener en cuenta toda esa complejidad: un individuo capaz de ser mínimamente más rápido que otro se reproducirá más, sus descendientes serán igualmente un poco más rápidos que los demás, también se reproducirán más que los demás, Etc. Pasa por alto cualquier otra variable: el entorno es cambiante, no solo porque el hábitat de ese entorno sea cambiante, sino porque cada individuo colocado en ese mismo hábitat estará sometido a diferentes presiones, que los descendientes de ese individuo no estarán sometido a sus mismas presiones, que la interacción de los diferentes miembros del grupo impide que una mínima diferencia entre individuos sea significativa, que la interacción entre especies también hará que el medio sea cambiante, el propio hábitat será cambiante, todo es tan desmedidamente complejo que hace imposible que una mínima diferencia entre dos individuos sea determinante; pero más difícil todavía será que siga siendo determinante durante tantas generaciones como se necesiten para que la estirpe de ese individuo se imponga al resto.

    El darwinismo no puede considerar que los organismos estamos constantemente modificándonos, no en una característica que nos pueda ser más llamativa, sino en todas nuestras características. Lo más llamativo de nuestra especiación puede ser la bipedación, el aumento de nuestro cerebro, la evolución de nuestro aparato fonador, la perdida de pelo, la modificación de las manos dotándolas de mayor precisión, una mayor longevidad, un menor potencial reproductivo, una dentadura menos robusta,… Y paro aquí; pero entiendo que en realidad hemos ido paulatinamente modificándonos en todo nuestro conjunto y, entendido así, todas esas características que nos son más llamativas se habrían ido modificando en todo momento durante los varios millones de años que nos separan de los simios. No sería determinante el orden en el que se hayan ido modificando una u otra característica, de hecho pienso que se han ido modificando simultáneamente, de manera más sostenida unas, de modo más acelerado otras, en unas etapas con una mayor modificación de unas características y en otras etapas la mayor modificación de las otras; pero mi visión de nuestra especiación es el de la modificación de todas nuestras característica de forma armónica y sostenida en el tiempo.

    El darwinismo lleva instalado en nuestro conocimiento más de 150 años. Esto significa que tenemos interiorizados sus axiomas: la selección natural, la supervivencia del más apto. Cuando visualizamos la historia de la Evolución no pensamos que un grupo de individuos se adentren en un nuevo hábitat ocupado por otras especies, en casos por un imperativo de supervivencia, siendo verdaderos ineptos para sobrevivir en ese nuevo hábitat. Sabemos que sobreviven solo los más aptos y suponemos que cuando al invadir un nuevo hábitat han sobrevivido es porque estaban capacitados para sobrevivir en ese nuevo hábitat. Asumimos que cuando un grupo o una especie invade ese nuevo espacio es tan apta o más que el resto de especies que comparten ese hábitat, que adquirieron alguna habilidad que les posibilitó competir con el resto de especies que ya se encontraban en el nuevo hábitat (habilidad que advertimos a posteriori, desde nuestra actual visión, cuando pueden llevar millones de años adaptados a ese nuevo hábitat), de no ser así, no habrían sobrevivido y no habrían llegado hasta nuestros días. Y esto es probable que pase en muchas ocasiones, que muchos intentos fracasen, pero en las ocasiones en las que sobreviven, con toda probabilidad lo habrán hecho o lo harán contra todo pronóstico. Probablemente, instalados en el nuevo hábitat, serán los seres más indefensos de ese nuevo hábitat. Desde nuestros condicionantes culturales, porque el darwinismo está instalado en nosotros culturalmente, podremos pensar que si al final sobrevivieron queda demostrada su aptitud. Esto es considerar a la Naturaleza el juego de la carta más alta, en este caso la carta más baja: el nuevo hábitat sería la mesa de juego en la que si se levantan seis cartas, solo continuarán en el juego las cinco más altas, las más aptas (esa es la percepción que tenemos también de nuestra supervivencia como individuos dentro de la especie). Y, en mi opinión, la Naturaleza es mucho más compleja. La Naturaleza es caótica, esa mencionada interacción entre especies y medio, entre los individuos de la propia especie, permite pensar que los intentos de invadir un nuevo hábitat por un grupo (intentos que en sí demostraría una relativa afinidad del grupo con el hábitat a invadir) están sujetos a innumerables avatares que serían los determinantes para alcanzar el éxito. Tales intentos se iniciarían con unos individuos no adaptados al medio que invaden, pero contando con esos avatares favorables, terminarán convirtiéndose en una nueva especie adaptada a ese nuevo medio. Si abandonamos una visión reduccionista, que una especie haya sobrevivido por ser apta para ello o que no sea necesario esa aptitud para sobrevivir en esa nueva situación, sería un debate filosófico o de física teórica.

    Fotografía de un embrión, se distinge algo parecido a un renacuajo enrrollado sobre una larga cola, ocupa 5 milímetros. Tonos claros con reflejos azulados y se traslucen órganos en color rojo. Sobre fondo negro.

    La embriología podría ofrecernos una visión de cómo se conduce nuestra evolución. El embrión se inicia con caracteres ancestrales (sin asumir la teoría de la recapitulación, igual se podría decir que se parte de una forma poco definida) y sobre ese proyecto de individuo, se van produciendo modificaciones de modo armónico, hasta llegar al individuo resultante. El darwinismo requiere aislar y simplificar los procesos, no podría describir una evolución de los organismos modificándose en todas sus características de forma simultánea e imperceptible. El embrión se va modificando instante tras instante de forma casi imperceptible, no desarrolla secuencialmente los caracteres finales sino que todo él se va trasformando. En el desarrollo de los organismos se sigue el mismo proceso, armónicamente, con la prevalecía de unos caracteres en una determinada etapa y la de otros caracteres en otras, el organismo se va trasformando paulatinamente hasta alcanzar la madurez. Y si visualizamos la adaptación de un grupo o una especie a un nuevo medio nos será intuitivo admitir el mismo proceso: el grupo, los individuos que componen el grupo se van modificando en el conjunto de sus caracteres, paulatinamente, logrando con el tiempo adaptarse al medio, continuando la trasformación que los adapta a los cambios que se producen en ese medio. De no lograr esa adaptación o llegado un momento, si no lograran asumir los cambios del medio, se extinguirían. Son procesos en los que no es necesario hablar de aptitud, que los organismos se adaptan porque son aptos o se extinguen porque no lo son, son procesos complejos en los que solamente a posteriori se podría reconoce la supuesta aptitud o ineptitud.

    Ignorar esta complejidad es una necesidad del darwinismo. Solo si esa mínima diferencia que define al individuo como más apto se enmarca en un entorno uniforme, permitiría a la selección natural actuar. Requiere de sistemas simples donde esa mínima diferencia sea significativa. En sistemas complejos, holísticos, la multiplicidad de factores impide que una mínima diferencia en concreto sea la determinante, y que lo sea de modo sostenido en el tiempo. Incluso aislando el sistema que mejor debería explicar la selección natural, el sistema depredador-presa, podría cuestionarse su efectividad, porque también se trataría de sistemas complejos. Presas y depredadores atraviesan diferentes etapas que hace muy difícil que una mínima diferencia (que es lo que se esperaría de una diferencia genética, que sea mínima), destaque en esa complejidad. La narración darwinista es que los depredadores escogen a sus presas entre las más débiles; y puede ser así, pero esto en un conjunto que no es uniforme, en el que la debilidad o vulnerabilidad es circunstancial (las crías y los individuos de mayor edad serían los más vulnerable. Aunque las crías, en las especies sociales reciben la protección del grupo que, en cierto modo, compensaría esa vulnerabilidad y, probablemente, en casos, circunstacias relacionadas con este hecho serían las determinantes), en el que existirían otras circunstancias, quizá más determinantes. Por ejemplo, es probable que los individuos presa atraviesen momentos en los que se aparten inadvertidamente del grupo, que circunstancialmente no atiendan a los signos de peligro, Etc. Y esto puede o no coincidir con el momento en que el depredador está al acecho; una coincidencia de este tipo sería determinante. O simplemente, periodos de debilidad circunstanciales que estos individuos presa puede pasar, independientemente de que porten el carácter innovador o no. No olvidemos que ese carácter que la selección natural puede estar seleccionando podría ser un tamaño ligeramente mayor del plumero del rabo que, error genético tras error genético, como consecuencia de la mayor actitud del portador de esta característica, supuestamente iría imponiendo este carácter en el grupo por su mayores posibilidades de reproducirse; porque determinadas especies han desarrollado un plumero en el extremo del rabo cuya evolución, el darwinismo justifica al haber dotado a estos individuos de mayores posibilidades de supervivencia, suficientes para imponer sus genes en el grupo.

    Si retomamos la metáfora de las orquestas (Ir a:Metáfora de la orquesta), para que se pueda pensar que esa orquesta en la que se sustituye a un músico se impone al resto de orquestas, se requiere que todas las orquestas sean idénticas. Si en la metáfora existen miles de orquestas, cada una con su personalidad propia, mínimas diferencias, ya sea por la sustitución de algún músico o por otras circunstancias, nunca serían determinantes. El entorno de estas orquestas se sumaría a la propia complejidad del conjunto de orquestas, con estructuras complejas y unos destinatarios de su música también con personalidad propia. Sin elementos determinantes dentro de esta complejidad (acceso a medios de comunicación, crítica, promoción,… siendo entonces estos los que principalmente determinasen el proceso, no la sustitución de un músico), el éxito de las orquestas se distribuiría entre la variedad de preferencias existente en la sociedad (en realidad la variabilidad de las orquestas encontraría un paralelismo en la variedad de gustos existente en los destinatarios. Y esto no se habría logrado por selección sino por adaptación de las orquestas a los destinatarios y de los destinatarios a las orquestas, respondería a un proceso sinérgico). Igualmente, ya abandonando la metáfora, la variabilidad presente en las especies encuentra su paralelismo en la complejidad del medio en el que se desarrollan; y sería durante el desarrollo, las diferentes circunstancias en las que se desarrollan los individuos del grupo, lo que principalmente determinaría esa variabilidad. Y esto, abandonando la explicación darwinista, podría definir una ley: la variabilidad dentro del grupo o especie está determinada por la complejidad y diversidad del medio en el que se desarrolla el grupo o especie. A mayor diversidad del medio, mayor variabilidad, que podría representarse mediante una campana de Gauss achatada; y a menor diversidad del medio, menor variabilidad, o variabilidad menos diferenciada, representada por una campana de gauss elevada. La variabilidad no se presenta para que la selección actúe sino que es la respuesta de los organismos al medio, al grado de diversidad del medio.

    Mendel resolvió el enigma de la herencia con sus experimentos con guisantes. Demostró que la herencia incluye elementos discretos, ahora llamados genes, y formuló dos leyes de la herencia, segregación y combinación independiente. Ahora sabemos que la variabilidad heredable está causada por mutaciones del DNA, el material genético, y que se mantiene y transmite de acuerdo con las leyes descubiertas por Mendel.

    Robert Plomin, J. C. DeFries, G. E. McClearn (1980)

    Es cierto que depredador y presa evolucionan en conjunto, ambas especies interactúan y hay que aceptar que esa interacción marca en gran medida la evolución de una y otra especie. Las características que mejor definen el sistema evolucionaran paulatinamente: las presas serán cada vez más rápidas y desarrollarán mejores estrategias de huida, y los depredadores serán también más rápidos y potentes y también con mejores estrategias de caza. Y localizados determinados marcadores en el ADN que intervendrían en estas modificaciones, con el paso de generaciones, se observará que van extendiéndose en el conjunto de cada grupo. Esto debe ser así, si no lo fuese, demostraría que los organismos no evolucionamos. Pero si bien en caracteres deletéreos, la expresión del gen que provoca la disfuncionalidad va disminuyendo en el pool genético del grupo porque el portador de dicho carácter cuenta con menores posibilidades de supervivencia, y también se pueda decir lo mismo en determinados caracteres mendelianos con un paralelismo directo en el desarrollo del organismo (que incluso podrían estar sometidos a selección sexual), el conjunto de modificaciones en la información genética de los individuos, los cambios de frecuencia en el pool genético del grupo solo demostrarían que se evoluciona, que los organismos nos modificamos de forma sostenida e imperceptible, no demostraría en ningún modo los axiomas del darwinismo; si bien, las buenas adaptaciones y las malas adaptaciones se extenderán o no se extenderán en el grupo; esto, no solo será porque las buenas adaptaciones consigan mayores posibilidades de supervivencia, que también; aquí, la capacidad de imitación de los organismos es importante,10 como lo es su característica de aportar parecidas soluciones a un mismo problema, características de las que parece se vale la reproducción sexual.

    Todo proceso en el que intervengan elementos que se transforman adaptándose al proceso, parte de unos elementos iniciales y con el transcurso del proceso los elementos resultantes serán diferentes a esos iniciales. Esto es en todos los casos, y es consecuencia del proceso. El lenguaje podría ser uno de esos procesos, las palabras serían esos elementos. La evolución del lenguaje hace que unas palabras desaparezcan, otras se transformen y otras se incorporen al lenguaje. Eso es consecuencia de la evolución del lenguaje, no de que las palabras compitan entre sí como gusta decir a los darwinistas: que las más aptas se mantienen y las menos aptas desaparecen. La palabras son elementos pasivos, como los son las unidades de información contenida en el genoma, nada pueden hacer para alargar su permanencia en el lenguaje unas y en el genoma las otras, unas y otras dependen del proceso. Lo que no quita para que esa desaparición, modificación e incorporación sea a consecuencia del proceso. Que unas expresiones genéticas desparezcan o se incorporen al genoma, que los organismos con más posibilidades de supervivencia sobrevivan y se reproduzcan más (porque esto se dá, lo que no permite que se tome como causa de la Evolución. De hecho, Lamarck lo resume en una frase: "La Vida evoluciona por tanteos y sucesivamente"), que las especies surjan, se transformen y desaparezcan, es consecuencia del proceso de la vida. Utilizar estos hechos, que dan testimonio de la Evolución, que diría que son indiscutibles, para defender la selección natural es tomar el efecto por la causa. Y es asociar unos hechos indiscutibles a una explicación cuestionable. Y quizá sea por eso, porque el darwinismo tiene asociados estos hechos incuestionables a sus axiomas, que es tan difícil desmontarlo.

    Volviendo a esa limitación del darwinismo que le impide contemplar la evolución de la vida y sus diferentes aspectos como procesos sinérgicos, que le obliga a compartimentarla en procesos aislados y secuenciales, terminaré refiriéndome al tratamiento que el darwinismo ha dado a nuestra evolución, separando los principales caracteres que hemos modificado en el periodo de nuestra especiación e intentando buscar una utilidad inmediata a cada uno de ellos (en el caso de la bipedación el recibir menos insolación en las horas de mediodía o poder ver el horizonte sobre las hiervas altas se ha considerado como ventaja suficiente). Esto es necesario para el darwinismo: la primera y mínima modificación que condujo a la bipedación tuvo que encontrar una ventaja, suficiente para que la estirpe de su portador se impusiera en el grupo. Esta mínima modificación, que cada uno tenemos libertad para imaginarla, se habría producido mediante un error genético y su portador debió adquirir tal ventaja biológica (ventaja reproductiva) que la selección natural lo privilegió imponiendo su estirpe. Y debe acometer la evolución de los homínidos desde sus principales modificaciones de manera individualizada y encontrar una ventaja intrínseca al inicio de cada modificación. Como esto es inverosímil, como es imposible que tan mínima modificación, promesa de una futura adaptación, sea tan ventajosa como para que el individuo imponga sus genes en el grupo, es por eso que no se encontrará a dos darwinistas que, sin una influencia común, coincidan en la magnitud de ese inicio y la ventaja adquirida.

    Seleccionismo y sinergia

    El darwinismo también imprime al proceso un carácter individual: el error genético se dará de forma exclusiva en un único individuo. Su carácter aleatorio no permite pensar que varios individuos del grupo sufran el mismo error. Toda modificación la inicia un individuo y la completa una cadena de individuos, adquiriendo errores en la misma dirección que el primero. Por muchos “epiciclos” que se sumen a la teoría, no deberían oscurecerían este hecho: el error es individual y la modificación genética no se trasferiría horizontalmente; esto es, por la influencia de unos miembro en otros del grupo (que sería lamarckismo).

    Se sabe que gran parte del comportamiento de los organismos es heredado. Mi opinión es que todo comportamiento tiene su inicio en la solución que el organismo aporta a una determinada situación; que esa solución, si la situación se repite con suficiente frecuencia, el organismo la estandarizará en el trascurso de su existencia. 11 desarrollar 1 Si esa misma situación se diese en las siguientes generaciones del organismo, habría muchas posibilidades de que esos organismos, descendientes del primero, aportasen la misma o parecida solución a esa situación que se repite. El comportamiento se prolongaría en el tiempo durante muchas generaciones, con los sucesivos organismos manteniendo un comportamiento estandarizado como respuesta a esa situación. Esto, porque los organismos, los individuos de una especie, tienden a dar parecida solución al mismo problema. Y si la situación se repite, la vive el individuo con frecuencia, será porque es frecuente en el medio y otros individuos del mismo grupo la vivirán igualmente, y aportarán repetidamente parecida solución. Esto último podría suceder por la capacidad de los organismos para aportar parecida solución a los problemas planteados, porque los organismos compartimos el modo de razonar, o por otra capacidad de los organismos: la imitación. El mayor o menor peso de un modo de acceder a la solución de los problemas vendría dado por el grado de socialización del grupo.desarrollar 2

    Como se sabe que el comportamiento se hereda, habría que admitir que ese comportamiento estandarizado y repetido durante generaciones, que los individuos generación tras generación han ido repitiendo por esa cualidad de aportar parecida solución al mismo problema y su capacidad de imitación, de algún modo habría ido dejando constancia en su ADN y en el pool genético del grupo. Llegado un momento, el comportamiento se haría automático, habría llegado a que ese comportamiento formara parte de la información heredada. Esto sin entrar en el fondo del tema.

    Fotografía subacuatica ocupada por sardinas que podrían estar formando un cardumen. verde mar y azul claro reflejo de la superfice, y sardinas en gris medio con reflejos de plata.

    Desde esta hipótesis debería resultar fácil describir diferentes comportamientos de diferentes especies que se ha demostrado están codificados en la herencia. Por ejemplo, los bancos de peces’’(cardumen). Los individuos habrían ido aportando esa solución para enfrentarse a sus depredadores, para optimizar los desplazamientos, Etc. La solución se habría extendiendo y evolucionado en el conjunto del grupo; y pasadas numerosas generaciones, en un medio estable, enfrentándose a las mismas condiciones, manteniendo ese comportamiento, este se habría fijado en la herencia. De este modo el comportamiento puede seguir evolucionando, las estrategias dentro del cardumen seguirán evolucionando según los depredadores modifiquen su comportamiento al enfrentarse al cardumen u otras circusntancias, mediante el mismo proceso, porque hay que suponer a sus miembros cierta capacidad de aprendizaje. De hecho, los procesos no se detienen, siendo más o menos ostensibles, dependiendo de las alteraciones que se porduzcan en el medio. Las nuevas estrategias seguirían siendo imitadas por los miembros del grupo y terminarían consolidandose si son acertadas. Con el paso de las generaciones se encontrarían fijadas en la herencia.

    Esta hipótesis describe un proceso, permite describir la evolución de ese carácter. Desde el darwinismo solo se puede describir una situación: el banco de peces ha sobrevivido porque es una estrategia que optimiza la supervivencia de los individuos que lo integran. A lo más que puede llegar es a decir que ha evolucionado porque quienes la adoptaron han sobrevivido a los que no la adoptaron. Este no es un sistema evolutivo, es un sistema convulsivo en el que el individuo que adquiere una innovación, su descendencia, desplaza al resto. El sistema no evoluciona, constantemente se está reiniciando, da apariencia de evolución, pero no evoluciona.

    En el caso del cardumen, el cardumen no tiene ninguna posibilidad de evolución porque su principal característica, lo que lo dota de efectividad, es la sincronía de todos sus miembros, que incluso pueden ser de diferentes especies. El individuo que mediante un error genético mantuviera un comportamiento diferente al resto de miembros del cardumen nunca será más apto que el resto. El problema es que si los demás miembros no lo imitan, probablemente se vea excluido del cardumen; y si lo imitan, si generación tras generación se imita el comportamiento, si no existe posibilidad de que este comportamiento pase de ser un comportamiento aprendido a un comportamiento heredado, no existe medio de que ese error genético se extienda en la herencia, porque la selección natural no puede hacer que la estirpe de ese individuo se imponga al resto por ser más apta, porque todos comparten comportamiento. La característica del cardumen, ya he dicho, es su sincronía, el idéntico comportamiento de todos su miembros. El portador de la innovación, para fijarla en la herencia no tiene más remedio que apartarse del cardumen y crear un nuevo cardumen con sus descendientes.

    Todos los procesos que impliquen a dos o más organismos, o procesos que son complementarios, escapan de la explicación darwiniana; porque el error debe ser siempre único. Un determinado acontecimiento puntual puede explicarse mediante una fuente aleatoria o seudoaleatoria, pero no una cadena de acontecimientos, que es lo que postula en darwinismo; pero aun escapa más a lo razonable que esa cadena de acontecimientos, que es la Evolución, se deba a series de errores coordinados y complementarios; que si se requiere dos o más modificaciones para una adaptación, se invoque a varios errores para justificarla.

    Desde el azar no puede explicarse procesos en los que interactúen dos o más organismos, que un mismo error haya coincidido en dos o más individuos; y en unos individuos que su cercanía justifique que interactuaron entre sí. En la naturaleza existen muchos de estos procesos en los que es imprescindible la interacción entre individuos o procesos, que individuos o procesos se coordinen. En las migraciones intervienen todos los miembros del grupo; los cortejos requieren dos comportamientos complementarios; uno, respuesta del otro; Etc. En el “sistema cortejo”, el cortejo sería el comportamiento específico del macho, y el comportamiento de la hembra sería la atracción que le produce ese cortejo. Los comportamientos de la hembra y el macho son dos distintos y complementarios; ninguno de estos dos comportamientos tiene sentido si no es en el marco de una evolución coordinada. El darwinismo requiere de una serie ininterrumpida de errores coordinados en hembra y macho, porque el cortejo se modifica y los gustos sobre ese cortejo de la hembra también se modifican. Algo que es intuitivo y no nos supone ninguna dificultad entender, como cortejo y atracción se retroalimentan. Y puede parecer poco intuitivo que la selección no determine esta retroalimentación, ya que seleccionaría al cortejo que más se adaptase a los gusto de la hembra, y conforme la hembra cambie sus gustos, el cortejo irá adaptándose a esos gustos. Eso es así, pero el darwinismo no puede explicar su evolución; porque requeriría que constantemente se produjesen errores coordinados en hembra y macho, dado que cortejo y gusto están codificados en el ADN de uno y otra.

    Otro ejemplo sería la migración para desovar. Es un comportamiento que implica a dos individuos, la progenitora que va a desovar y la prole que debe retornar al lugar de origen. Si un error condiciona a la progenitora a migrar a un determinado lugar, en la prole, justo en esa misma generación, debe darse el error que impulse a alguna individua de esa prole a retornar al lugar de origen. No dudo que se pueda narrar cómo pudo darse tal innovación y otras de parecida entidad mediante errores en la replicación del ADN, pero, con seguridad, deberán ser narraciones muy rebuscadas. Puede ser, de hecho así será, que los modelos ofrecidos para describir estos porcesos no se ajuste a la realidad, solo son narraciones que deberían servir para evidenciar las dificultades que encuentra el darwinismo para explicar comportamientos que requieren determinada interación. Y estos comportamientos son mayoritarios en la Naturaleza. Incluso, desde la narrativa darwinista, la reproducción sexual debería haberse dado de forma coordinada en dos organismos, mediante dos errores (uno en cada organismo) diferentes y complementarios.

    Igual dificultad tendían aquellas adaptaciones que implicaran varias modificaciones o procesos; porque requeriría que se diesen tantos errores convertidos en aciertos, como procesos intervinieran en la adaptación. Considero que cualquier modificación orgánica requiere de un sinfín de pequeñas modificaciones. Pensemos, como no, en el cuello de la jirafa. El alargamiento del cuello implica innumerables modificaciones: la propia constitución del cuello que ya es compleja (todo en la vida es complejo), también debe experimentar modificaciones la propia constitución del individuo, su sistema bascular, su corazón,… El alargamiento del cuello es un proceso sinérgico que implicaría a la totalidad del organismo. Como pienso que ocurre con cualquier modificación y que en el caso de los pluricelulares requeriría de toda la reordenación de la comunidad de células que lo componen, y como resultado de esas reordenaciones, todo en el organismo modificado, levemente modificado, no abandonaría el equilibrio.desarrollar 3

    En realidad, esto, este proceso sinérgico lo vivimos todos los días. Nuestro organismo responde a los cambios que se producen en el medio (que nos dediquemos a correr una hora diaria sería un cambio), el organismo se adapta a la nueva situación, y lo hace de forma sinérgica, no solo se modifican los órganos, también se modifican las reacciones químicas; todo en nosotros se modifica, porque algo tan sutil como es el estado de ánimo, también puede verse modificado. No deberíamos pensar que las modificaciones que propician la evolución de los organismos para su adapatación al medio, que quedarían perfectamente visualizadas en el propio desarrollo y vida de los organismos, se produzcan de modo diferente a como se producen estos.desarrollar 4

    Desde esta consideración de la Evolución no sería correcto hablar de dos, tres, varios procesos o modificaciones, que esa sería la terminología aplicable desde el darwinismo. Una vez aceptada la sinergia de todos los procesos, hablando de la adaptación de un organismo, este sería un proceso continuo en el que no cabría hablar de si requiere un determinado número de modificaciones u otro, se trataría de un único proceso que implicaría al sistema en su totalidad; en el que podrían destacar modificaciones más significativas, pero que implicaría a todo el organismo. Y la sinergia alcanzaría a otros ámbitos, la adaptación del organismo al medio afectaría al sistema organismo, al sistema especie y al sistema eco.

    Se podría ser categórico y decir que la vida en sí es un proceso sinérgico y todos los procesos que la integran lo son igualmente. Es muy difícil encontrar un proceso evolutivo en el que no se vea afectado el sistema en el que se produce el proceso. Y se podría llegar al extremo de decir que el sistema es un todo único que coincidiría con la Tierra. Y en realidad pienso que es así (y lo entiendo así por mi consideración de los sistemas: considero que no existe ningún sistema cerrado, totalmente aislado, sino el “todo”, el Universo, lo que es una obviedad), y que cualquier cambio por mínimo que sea, y habría que incluir el mundo bacteriano, afecta al ecosistema global. Se podría visualizar con la metáfora de Europa y la Amazonía:

    La respuesta que con el tiempo se daría en la Amazonía como consecuencia de la combustión de miles y miles de automóviles funcionando en Europa, simultáneamente y de forma sostenida en el tiempo. Estos automóviles, por sí solos no modificarían sustancialmente las condiciones en la Amazonía, pero el efecto conjunto y sostenido sí se haría sentir en ella (Wikipedia: Lamarckismo: La herencia de los caracteres adquiridos. Esta metáfora no debe confundirse con la metáfora de “la mariposa”. En la metáfora de la mariposa un acontecimiento menor provoca un gran acontecimiento en otro ámbito. En esta metáfora, muchos acontecimientos de entidad en su ámbito, provocan una pequeña modificación en otro ámbito. Aplicando la metáfora: acontecimientos de entidad en el ámbito bacteriano, tendrían efecto en el ámbito del ecosistema global, y a excepción de acontecimientos catastróficos, de modo imperceptible).

    Que la adaptación de los organismos al medio es un proceso sinérgico que implica, principalmente, a todo el organismo, no es admitido por el darwinismo; y es difícil sacarle de su enroque. Puede parecer razonable que mediante un error, o aleatoriamente, una extremidad aumente o disminuya de tamaño, incluso que partiendo de una forma poco definida, por deformación en alguna de sus partes se desarrolle un nuevo miembro. Partiendo de un dibujo ovalado podemos ir agregando elementos y se podría llegar a una forma compleja, que no tendría que ser parecida a cualquier organismo que hoy conocemos, y esto, si queremos, guiados por una especie de azar. Esto es posible, y el darwinismo se vale de esa imagen que todos tenemos de lo que es y no es posible, y lo explota. Por eso considero más fácil debatir en el terreno de la conducta, para que se pierda esa noción de que pudiera ser posible; porque en el terreno de la conducta, excluido un acontecimiento puntual que nunca se podría negar que fuese por causas seudoaleatorias, un proceso continuado durante toda la evolución de la vida y que implica a todas las especies, conducido por errores, es imposible.

    Porque el azar necesita de una entidad mensurable. Un dado, donde se tiene una posibilidad entre seis de acertar; la ruleta francesa, una entre treinta y siete; la lotería, una entre miles; Etc. y el comportamiento no es un ente mensurable, se podría decir que un comportamiento determinado no existe hasta que se produce, y que se podría producir cualquier tipo de comportamiento que imaginemos o no. Podríamos considerar que los posibles diferentes compotamientos son infinitos, no tienen un marco que los limite, se pueden construir mentalmente, incluso podemos escenificar infinitos comportamientos. El comportamiento solo se entiende, y solo existe, como la respuesta de los organismos a las circunstancias. Y el azar no puede dar una serie de aciertos en un sistema infinito o cuasi infinito. No se puede codificar por error, como unidad de una serie de errores, que un animal entierre los excrementos para no hacer notar su presencia, porque ese comportamiento es una abstracción hasta que se da.

    Si el comportamiento, los diferentes comportamientos se debieran a errores, como los posibles comportamientos son prácticamente infinitos, como las posibilidades de que mediante un error adquiramos un comportamiento adaptativo serían mínimas, como un comportamiento es muy visible, asistiríamos al espectáculo de contemplar a numerosos individuos de cualquier especie con comportamientos estrambóticos, que según la selección natural desaparecerán, pero como surgirían de manera incesante para justificar que se dé algún acierto, asistiríamos a ese espectáculo.

    A modo de final de este apartado de objeciones al darwinismo, insisto en el hecho de que el seleccionismo lleva instalado en nosotros los últimos ciento cincuenta años. Que probablemente, sin una forma científica, intuitivamente lleve instalado en nosotros desde tiempos inmemoriales; que la selección artificial y la selección sexual son hechos que nos son muy evidentes. Todo hace que tengamos una imagen preconcevida del axioma darwinista de la supervivencia del más apto. En el contexto de la evolución de la vida no tiene sentido hablar de esa supervivencia del más apto, porque esa “aptitud”, en la mayoría de los casos, es sobrevenida. Especies o organismos perfectamente adaptados al medio en el que se desarrollan, pueden desaparecer como consecuencia del medio que siempre será complejo y cambiante; y especies e individuos que han podido ser candidatas a la extinción, habrán llegado hasta nuestros días. Solo nos permitimos hablar de que ha sobrevivido el más apto a posteriori, cuando las circunstancias, en muchos casos ajenas al organismo o a la especie, hicieron posible su supervivencia, asociando esa supervivencia a su supuesta aptitud.






    Selección por caracteres

    Los organismos, al parecer se han dotado de mecanismos inteligentes que les permite interaccionar con el medio optimizando su capacidad de reproducirse y proliferar. Pero en cualquier proceso es imposible prever su futuro desarrollo. En procesos muy regulares se podrán predecir acontecimientos con posibilidades de acierto, pero este no es el caso del proceso de la vida o de las especien en concreto. No se puede prever lo que es útil y lo que no lo es, nunca se tendrán argumentos que permita saber cuando el camino evolutivo emprendido llegará a agotarse o encontrará salidas que permitan a la especie seguir evolucionando. Si queremos llamar a eso selección natural, así se lo llamaba en los primeros borradores: la Naturaleza siempre tendrá la última palabra. Hoy entiendo que tal utilización fue un error, por la carga cultural que encierra el término; porque el actual significad es que tal selección se encuentra generalizada en la Naturaleza, que selecciona individuos y especies, cosa que no es así. Los casos en los que la selección es significativa son escasos; aunque existen, principalmente con caracteres mendelianos, en los que tratándose de caracteres deletéreos, esta selección sería determinante; y, en muchos casos, también existiría selección en caracteres discretos; pero en estos últimos casos, considero que, en su mayoría, serían poco significativos para la evolución de la especie, que se explican mejor por la sintonía entre diversidad del medio y variabilidad de la especie, describiéndose mejor tomando como causa los cambios de condiciones en el medio; estos cambios serían la causa primera del cambio de frecuencia en la expresión de los distintos caracteres.

    • Desarrollar + ejemplos

    Si se acepta que los procesos de selección no son determinantes para la evolución de la vida en su conjunto ni de la gran mayoría de especies en particular, que los casos de selección serían secundarios, incluso que en su mayoría no podrían considerarse causa primera, pienso que se debería sustituir la expresión “selección natural” por otra más adecuada; porque “natural” implica que es norma en la Naturaleza, cosa que entiendo no es. Y propongo como más apropiada: “Selección por caracteres”, que podría ampliarse con dos expresiones más específicas: “Selección por caracteres mendelianos”, “Selección por caracteres discretos”, lo que facilitaría su estudio, porque el proceso de selección por caracteres mendelianos diferiría en mucho al de selección por caracteres discretos.




    Notas y Referencias

    1. En nuestro arquetipo de Dios se admite que debemos creer en él puesto que es imposible conocer fehacientemente su existencia. ¿Estaremos sustituyendo la figura de Dios y manteniendo el arquetipo? “Es imposible saber fehacientemente que una teoría sea absolutamente cierta, debemos creer en ella aunque suscite dudas”. En el caso de la selección natural se puede estar llegando al extremo, adquiriendo las dudas la calidad de demoníacas.

    2. Filosofía zoológica, p. 56.

    3. Observar la naturaleza, estudiar sus productos, buscar las relaciones generales y particulares que han ido imprimiendo en sus caracteres y, finalmente, intentar comprender el orden que hace imperar por todas partes, así como su funcionamiento, sus leyes y los medios infinitamente variados que emplea para dar lugar a este orden, es, desde mi punto de vista, ponerse en camino de adquirir los únicos conocimientos positivos que se encuentran a nuestra disposición, los únicos, por otra parte, que pueden sernos verdaderamente útiles y al mismo tiempo nos pueden proporcionar las satisfacciones más dulces y limpias capaces de aliviarnos de las inevitables penas de la vida.

      La experiencia en la enseñanza me hizo sentir de qué modo una filosofía zoológica, es decir, un cuerpo de preceptos y de principios relativo al estudio de los animales y hasta aplicables á las otras partes de las ciencias naturales, nos sería útil en la actualidad, dados los progresos que se han realizado en estos últimos años en nuestros conocimientos de los hechos zoológicos.

      En efecto, ¿hay algo más interesante en el estudio de la Naturaleza que el estudio de los animales; que la consideración de las conexiones de su organización con la del hombre; que la del poder que tienen los hábitos, los modos de vivir, los climas y las zonas de habitación para modificar sus caracteres, sus facultades y sus órganos; que el examen de los diferentes sistemas de organización que entre ellos se observa y según los cuales se determinan las antologías más ó menos grandes que fijan el rasgo de cada uno de ellos en el método natural? ¿Hay algo más interesante, en suma, que la distribución general que formamos de estos seres, considerando la complicación más ó menos grande de su organización, distribución que puede llevarnos á conocer el orden mismo que ha seguido la Naturaleza al realizar cada una de sus especies?[…]

      El verdadero medio, en efecto, de llegar a conocer bien un objeto, hasta en sus más mínimos detalles, consiste en comenzar por considerarle en su totalidad, examinando, por de pronto, ya su masa, ya su extensión, ya el conjunto de las partes que lo componen; por indagar cuál es su naturaleza y su origen, cuáles son sus relaciones con los otros objetos conocidos; en una palabra, por considerarle desde todos los puntos de vista que puedan ilustrarnos sobre todas las generalidades que le conciernen. Después se divide el objeto de que se trata en partes principales, para estudiarlas y considerarlas separadamente bajo todas las analogías que pueden instruirnos respecto de él, y continuando así en dividir y subdividir tales partes, se llega a penetrar hasta las más pequeñas, cuyas particularidades se indaga, sin olvidar los menores detalles. Terminadas tales indagaciones, se procura deducir las consecuencias de ellas, y poco a poco la filosofía de la ciencia se establece, se rectifica y se perfecciona.

      Por esta única vía es por donde la inteligencia humana puede adquirir los más vastos conocimientos, los más sólidos y los mejor ligados entre sí, en cualquier ciencia de que se trate. Únicamente por este método de análisis es por el que progresan todas las ciencias, sin que en ellas se confundan los objetos, que llegan á ser conocidos perfectamente

      Por desgracia no hay costumbre de seguir este método al estudiar la historia natural. La reconocida necesidad de observar bien los objetos particulares ha desarrollado el hábito de limitarse a la consideración de ellos y sus partes más insignificantes, de manera que han llegado á ser para la mayor parte de los naturalistas el tema principal de estudio. Ello no constituiría, sin embargo, una causa real de retraso para las ciencias naturales, si no se obstinasen en no ver en los objetos observados más que su forma, su dimensión, sus partes externas, su color, etc., y si los que se entregan á semejante tarea no desdeñasen elevarse á consideraciones superiores, como indagar cuál es la naturaleza de los objetos de que se ocupan, cuáles son las causas de las modificaciones ó de las variaciones á las cuales estos objetos están sujetos, cuáles son las analogías entre si y con los otros que se conocen, etc., etc.

      Porque no se practica bastante el método que acabo de citar, es por lo que observamos tanta divergencia en lo que se enseña á este respecto, ya en las obras de historia natural, ya en otras ciencias, y porque aquellos que no se han consagrado más que al estudio de las especies no perciben sino muy confusamente las conexiones generales entre los objetos, ni perciben de ningún modo el verdadero plan de la Naturaleza ni ninguna de sus leyes.

      Filosofía zoológica: Introducción

    4. Sería Pasteur décadas después, cuando refutara la generación espontánea

    5. Aquí revisamos el concepto de generación espontánea no cuestionado por Lamarck. Para Lamarck, como para todos sus contemporáneos (insisto que asumiendo un conocimiento de la época que tiene que ver con el origen de la vida y no con su evolución) la vida seguía surgiendo en sus formas más simples, esbozos de animal y vegetal. Lamarck al formular la evolución de la vida, la formuló en términos en los que esa vida que surgía, evolucionaría mediante los mismos principios por los que habrían evolucionado las anteriores formas simples responsables de la diversidad conocida en su época. Hoy se acepta que la vida en la Tierra tuvo un origen único, y parece demostrado que descendemos de un ancestro o ancestros comunes.

    6. En este último punto, lo actualmente aceptado es que la adaptación de los organismos al medio viene dada por sucesivos errores genéticos.

    7. El pulgar del panda, 1980, p. 68.

    8. La RAE limita su significado a los sentidos que poseemos los humanos: «*3. Proceso fisiológico de recepción y reconocimiento de sensaciones y estímulos que se produce a través de la vista, el oído, el olfato, el gusto o el tacto, o la situación de su propio cuerpo»

    9. Entiéndase se acierta simepre de manera uniforme, pero esa uniformidad esta referida a grandes ciclos. Lo normal, en grandes ciclos, es que exista una frecuencia más o menos constante en los aciertos. Tirando un dado, acertaremos más o menos 1.000 veces en seis mil tiradas, si no podemos acceder a las 6.000 tiradas de forma individualizada, tendremos la percepción de un proceso uniforme en el que se da un acierto cada seis tiradas.

    10. Se dirá que hay organismos que dificilmente se pueden imitar unos a otros. Pero si advertimos la evolución de las bacterias, los seres menos complejos y de los que descendemos, ya existe en ellas la transferencia de material genético, que sería una forma de posibilitar la copia de estratégias y comportamientos; o si se prefiere, una forma de trasferir o compartir conocimientos.

    11. Esto podemos advertirlo en nosotros mismos y nuestra tendencia a realizar labores de forma casi automática cuando estas labores se repiten con insistencia. Las realizaremos de forma desatendida, inconscientemente, si las hemos repetido suficientes veces. Habrían pasado del consciente al inconsciente. Este podría ser el primer paso. Pasado un tiempo seguiríamos manteniendo esa habilidad desvinculada en diferente grado del consciente: no se olvida montar en bicicleta. Se podría aceptar que este proceso no queda limitado en el ámbito de la adaptación del organismo durante su existencia, que tal respuesta de los organismos no está aislada en el ámbito de su derarrollo. Evitando compartimentar los procesos, deduciendo que si en un ámbito el proceso se conduce de un determinado modo, en otros ámbitos, que están concatenados, se conducirá del mismo modo, debería sernos fácil proyectar ese proceso al ámbito de la evolución de los organismos.


    Bibliografía utilizada

    • Chambers, Robert, Vestiges of the Natural History of Creation, 1844, reimpreso por James Secord, ed., Chicago: University of Chicago Press, 1994

    • Dawkins, Richard (1986), El Relojero Ciego, Trad.: Manuel Arroyo Fernández, Editorial Labor S. A. 1989

    • Gould , Stephen Jay, 1980, THE PANDA’S THUMB, El pulgar del panda,Trad. ANTONIO RESINES, Revisión de JOANDOMENEC ROS, Hermann Blume, Madrid 1983.

    • Gould, Stephen Jay, La estructura de la teoría de la evolución, The Structure of Evolutionarv Theory, 2002 the president and fellows of Harvard College, Traducción: Ambrosio García Leal, 2004, 1ª edición: mayo 2004, Tusquets Editores, S.A. Barcelona.

    • Lamarck, Jean Baptiste (1809). Philosophie zoologique. Prólogo de Ernesto Hæckel[En castellano: Filosofía zoológica. F. Sempere y Compañía Editores (F. Sempere y V. Blasco Ibáñez). Col. Biblioteca filosófica y social. 262 págs. Valencia, ca.1910. (Edición facsimilar de Editorial Alta Fulla - Mundo científico. Barcelona, 1986 ISBN 84-86556-08-2)]

    • Lewin, Roger, Evolución Humana, Human Evolution, Blackwell Scientific Publications de Oxford, Traducción: Josep Cuello, 1994, Salvat Editores, SA., Barcelona

    • Plomin, Robert & DeFries, J. C. & McClearn, G. E., Genética de la conducta, Behavioral Genetics (1980) First published in the United States by W. H. Freeman and Company. San Francisco and London, Trad.: Luis Pezzi, Rev. técnica: Emilio Ambrosio Flores, Alianza Universidad Textos (1984).




    desarrollar

    1. nuestra tendencia a realizar labores de forma casi automática cuando estas labores se repiten con insistencia. Las realizaremos de forma desatendida, inconscientemente, si las hemos repetido suficientes veces. {...] debería sernos fácil proyectar ese proceso al ámbito de la evolución de los organismos.

      • Mi opinión es que todo comportamiento tiene su inicio en la solución que el organismo aporta a una determinada situación...

      • esto podemos advertirlo en nosotros mismos y nuestra tendencia a realizar labores de forma casi automática cuando estas labores se repiten con insistencia...

    2. cualquier modificación, que requeriría, en el caso de los pluricelulares, de la reordenación de toda la comunidad de células que lo componen, y como resultado de esas reordenaciones, todo en el organismo modificado, levemente modificado, recobraría el equilibrio.

    3. No deberíamos pensar que las modificaciones que propician la evolución de los organismos, que quedarían perfectamente visualizadas en el propio desarrollo y vida de los organismos, se produzcan de modo diferente a como se producen estas.


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    Índice del libro

    (desatendido hasta que avanzando en la edición se estabilice. Se mantendrás actualizado en la página de inico del libro)

    En esta primera página

  • 01.- Prólogo 2012 (en edición)
  • 02.- Introducción 2011
  • 03.- Términos y expresiones
  • 04.- Introducción 2005
  • 04.1.- SN ¿predictiva o descriptiva?
  • 04.2.- La SN como teoría científica
  • 04.3.- Doctrina, teoría y duda
  • 10.- Contexto
  • 11.- Evolución igual a Lamarck
  • Wikipedia: Jean-Baptiste Lamarck
  • Wikipedia: Lamarckismo
  • Los seis puntos propuestos por Lamarck
  • Leyes del Uso y desuso y la herencia de los caracteres
  • Metáfora de la vida en el espacio
  • 12.- Dificultades del darwinismo para explicar la Evolución
  • 12.01.-Aleatoriedad y ventaja del más apto
  • Metáfora de la orquesta
  • Retroceso de órganos
  • Sistema depredador-presa
  • 12.02.- Darwinismo y holismo
  • 12.03.- Seleccionismo y sinergia
  • 13.- Uso y desuso y herencia de los caracteres
  • 14.- Selección por caracteres
  • Notas y referencias
  • En la página segunda

  • 20.- Teoría de los procesos
  • 21.- Introducción a la Teoría de los procesos
  • 22.- Procesos
  • 23.- Enunciado
  • 24.- Conceptos
  • 30.- Hipótesis sobre la Vida
  • 31.- Hipótesis
  • 32.- El proceso de la vida

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